Peligroso salto atrás

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Durante años, el Tribunal Superior de Justicia Electoral se constituyó en un bastión de todo tipo de prácticas irregulares. Desde manipulación de padrones, pasando por la incorporación de miles de planilleros, punteros, operadores y cuanto patán pudiera colgarse del saco de algún legislador, es una de las instituciones públicas más criticadas y observadas en la transición democrática. Y un punto que durante mucho tiempo contribuyó muy especialmente a esto fue la imposibilidad de tener información exacta y cierta de la toma de decisiones de los ministros y demás autoridades –especialmente las administrativas– de la entidad.

Solo basta recordar a su “legendario” administrador Carlos Quiñónez y los cientos de historias relatadas alrededor de su gestión para entender que, tratándose del TSJE, las aguas siempre bajaron turbias.

Pero la majadería ciudadana y mediática para que las cosas se hagan como corresponde habían dado sus frutos, especialmente durante los útimos años, cuando al escrutinio local se unió el internacional. Y el tribunal entendió que es eso, precisamente: un juzgador, que debe ser creíble, eficaz y eficiente, con posibilidades reales de marcar pautas a nivel continental y de ser lo que su lema dice: custodio de la voluntad popular.

Hubo mejoras. Se permitió el acceso a las fuentes de información, se buscó un acercamiento con la prensa para utilizarla como canal efectivo para la información a la ciudadanía, se establecieron mecanismos de trabajo eficaces, gracias en gran parte a la constitución de una dirección de comunicaciones que cumplió su rol, entendiendo ese eterno juego de poderes entre periodistas de medios y comunicadores institucionales. Hasta el Dr. Juan Manuel Morales terminó entendiendo el “timming” en el que tenía que callar o en el que debía salir a hablar a la ciudadanía a través de los medios de comunicación. Quedará en la historia su reconocimiento público de la derrota del Partido Colorado en el 2008, cuando la Alianza encarnaba la esperanza de un futuro mejor.

Pero ahora las alarmas se han encendido y todo indica que hay un salto atrás en el TSJE. Las amplias puertas de su sede se están cerrando poco a poco para volver –quizás– al secretismo, el ocultamiento, la desinformación o peor, la manipulación informativa. Los cambios que se están operando son sutiles, pero apuntan inequívocamente a la instalación –otra vez– del antiguo sistema del funcionario que no actúa como un profesional de las comunicaciones, sino como el empleado del mandamás de turno, ocultando, manipulando, mintiendo para proteger a sus “padrinos” políticos.

Hay que estar muy atentos a lo que pasa en el TSJE, un ente por donde pasa la esencia de la democracia y que no debe olvidar nunca que su principal deber es para con la voluntad de todo el pueblo, no solo de los que ostentan una coyuntural mayoría.