El mayor porcentaje de los funcionarios, junto al gobernador de turno, se instala en una oficina en la capital del país, distante a unos 800 km de la capital departamental, lejos de los acuciantes problemas de la población. Esto hizo que la mayoría de los funcionarios sean planilleros, nombrados como cupos políticos.
Las personas que estuvieron al frente de las pocas secretarías de la Gobernación, en los 20 años de su creación, no pudieron manejar un presupuesto propio. Los recursos económicos fueron despilfarrados por los gobernadores y concejales departamentales afines de turno.
El fardo más pesado que recibirá la gobernadora se refiere a la cuestión política. Deberá lidiar con concejales acostumbrados al chantaje.
Precisamente esta situación hizo que por varios tiempos los diferentes gobernadores tuvieran que soportar inestabilidades durante sus administraciones, en un enfrentamiento por el poder y el dinero público con los concejales.
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El Estado paraguayo, durante los cuatro periodos pasados de la Gobernación, desde 1993 hasta el 2013, destinó más de G. 300.000 millones a Alto Paraguay. Sin embargo, el mayor porcentaje de este dinero solo sirvió para enriquecer a unos cuantos políticos de la zona.
En manos de Ocampos Benítez, la primera mujer electa para dirigir el destino de los pobladores del Alto Chaco, está la enorme responsabilidad de tratar de revertir esta mala imagen heredada de sus antecesores. Como primera medida, lo correcto sería tratar de hacer funcionar la sede departamental que existe en esta localidad.
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