Puerta estrecha, puerta ancha

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Lc 13,22-30. Jesús sigue su camino hacia Jerusalén, tema que es la espina dorsal del Evangelio de Lucas. Va del capítulo 9 al 19, y el texto de hoy afirma que él iba enseñando por las ciudades hasta llegar a la capital del país.

Un persona le hace una pregunta sobre la salvación final y Él le contesta: “Traten de entrar por la puerta estrecha” para estar verdaderamente con Dios, “porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán”.

Él llama nuestra atención para las falsas seguridades que pueden despistarnos, indicando gua’u que estamos muy cerca de Él. No basta sencillamente pertenecer a un pueblo que se dice “cristiano”, que, sin embargo, exhibe niveles deshumanos de marginación social y seguramente con la colaboración de este que se jacta de ser “cristiano”.

No es suficiente participar de algunos rituales religiosos, que podemos llamar rosario, procesión o misa, pero que no conducen a un empeño de buen samaritano, pues están en función de que “yo me sienta bien y esté en paz”: es el tremendo riesgo del egocentrismo espiritual.

En definitiva, el gran peligro es uno excluirse a sí mismo del Reino de Dios y, al suplicar que se le abra la puerta, escuchar: “No sé de dónde son ustedes. Apártense de mí todos lo que hacen el mal”.

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El camino ancho es la gula, la lujuria, el dinero mal habido, el rencor, el chisme que envenena la existencia de tantas personas y lleva a la perdición. El Señor no quiere esto para ninguno de sus queridos hijos.

Pero sí quiere que tengamos el valor de entrar por la puerta estrecha, que es apartarse de la soberbia, de derrochar millones en vanidades y de omitirse hacia el compromiso con el bien común.

Es, asimismo, ser un luchador infatigable por la honestidad en nuestro país, a pesar de todas las culebras y lagartos que hay que tragarse en este menester.

Entrar por la puerta angosta también es guardar el Domingo como día del Señor, día de la comunidad y día de alegrarse por la Resurrección de Cristo. No podemos sencillamente dividir la vida en tiempo de trabajo y tiempo de farra: lo mejor de nuestro Domingo debe ser la participación en la Santa Misa.

Como dijo el papa Francisco en Brasil, entrar por la puerta estrecha ocurre “sólo cuando se es capaz de compartir (que) llega la verdadera riqueza; todo lo que se comparte se multiplica”.

Compartamos dones y bienes personales para multiplicarlos, aproximarnos más a Dios y criar una sociedad mejor.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com