Que sean felices los niños

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Cómo son grandes los ojos de la fantasía, me digo yo. ¿Quién no recuerda algún juego de la infancia, y se queda aferrado a aquel recuerdo, que lo transmite a un paisaje que era, ante la desmesurada imaginación infantil, infinitamente más grande, más hermoso, que aquella curva de la rama donde fabricaba su nido el hornero? Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, tenía razón cuando decía que en la niñez se gesta el carácter del adulto.