Realidad y ficción en el Paraguay

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No todas las noticias que se difundieron en el sitio web “ABColor.me”, referidas a personajes de la fauna política local, parecían descabelladas o increíbles. Tal vez porque la distancia entre lo real y lo fantástico, en Paraguay, es muy breve. Vivimos en un país en el que suceden muy a menudo cuestiones inverosímiles o absurdas, a las que, lastimosamente, nos acostumbramos.

Si hacemos un ligero recuento de hechos sucedidos en el Paraguay en los últimos años, nos vamos a encontrar con noticias delirantes que, en cualquier país serio, no ocurrirían o, si ocurren, motivarían escándalos, renuncias, cárcel o, al menos, sanciones ejemplares de condena social.

“Político que confesó fraude en elecciones de su partido, reclama institucionalidad”; “Militar golpista se declara padre de la democracia”; “Presidente de un partido anuncia que harán trampa para ganar elecciones”; “Presidente de la República ofrece a ministra de Acción Social para que la apatuquen”; “Diputado plantea liberación de autos importados y su propia madre lo critica”; “Obispo-presidente tiene hijos”; “Miembro de la Corte confiesa que mintió para acceder al cargo”; “Jerarquía católica presiona al presidente para que renuncie”; “Lo tildaron de narco y alcohólico, pero ahora lo van a respaldar”; “Presidente del Senado inaugura ampliación de sede legislativa y coloca enorme placa con su nombre”.

Estos titulares que causan asombro y espanto no son producto de la profusa imaginación de algún “hacker”: son hechos que suceden en Paraguay. Y, lo que es peor, seguirán pasando cosas iguales o peores, sin que se nos mueva un pelo.

La impunidad de la que gozan ciertos “delincuentes con corbata” es la gran culpable de que esto sea así y se sostiene en la corrupción o inutilidad del Poder Judicial que tenemos, con magistrados que son puestos por los políticos de turno como parte de un vergonzoso cuoteo partidario. Pero también se facilita por la falta de memoria y de conciencia de la mayoría de los ciudadanos.

Olvidamos las grandes promesas y anuncios que hacen algunos políticos. Escuchamos barbaridades y delirios, gratuitamente. Un dirigente que está sospechado de corrupto nos anuncia que terminará con... la corrupción. Un “periodista” con ínfulas de político promete que se cortará los genitales si pierde una elección. Pierde, pero, en vez de cortarse nada, le dan un cargo con sueldo millonario en una binacional...

Permitimos también que algunos notorios sinvergüenzas pretendan darnos cátedra de decencia en el Congreso. O aguantamos que roben a las arcas públicas “por el bien del Paraguay”. Reaccionamos esporádicamente por algún hecho notorio, como cuando el Parlamento iba a aprobar una multimillonaria ampliación presupuestaria para financiar operadores políticos. El plan se detuvo, pero, pasado un tiempo, persisten en el intento.

La distancia entre lo que está bien y lo que está mal se relativiza y algunos políticos desean llevarnos por ese camino para que todo nos dé igual. Para que aceptemos que nos mientan, que roben algunos ahora, porque luego robarán otros, que toleremos pasivamente la ley del más fuerte, la arbitrariedad y el capricho del que tiene poder en algún momento.

Si nos dejamos arrastrar a ese escenario, llegará el momento en que ningún titular de diario “serio” nos llamará la atención y ya no se podrán crear sitios falsos con informaciones insólitas porque, como de hecho pasa alguna veces en nuestro país, la realidad habrá superado ampliamente a cualquier ficción.

mcaceres@abc.com.py