Reflexiones de fin de año (I)

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

El 2012, como todo los años, en verdad, deja suficientes temas para el análisis. No será recordado como el año de la selección paraguaya, como fueron los tres anteriores (2009, clasificación a Sudamérica; 2010, cuartos de final en el Mundial y 2011, finalistas en la Copa América).

Las causas pueden ser muchas y todas tendrán algún sustento. Se apuntó mucho a una supuesta mala y tardía elección de Francisco Arce como entrenador albirrojo, al acabarse tras la Copa América Argentina 2011 la era de Gerardo Martino. A la luz de los resultados, uno podría verse tentado a afirmar que fue así, que Martino debía haberse ido antes, es decir ya inmediatamente después del Mundial de Sudáfrica y que ese tiempo a favor le hubiera ayudado al “Chiqui” a superar su también muy apuntada falta de experiencia en la conducción de quipos de alta competencia.

Sin embargo, pocos han sido los enfoques que apuntaron a que el alejamiento de Martino y la mala racha de resultados de Arce en el primer tramo de las eliminatorias para Brasil 2014 están determinados por un mismo factor, que es la abrupta pérdida de nivel competitivo de nuestro seleccionado nacional, a raíz de cuestiones cronológicas, de momentos futbolísticos y de una tragedia como la que afectó a Salvador Cabañas, que a casi tres años de haberse producido, continúa impactando de modo muy severo en nuestra realidad albirroja.

Por eso, resulta muy duro, o tal vez más sencillo, señalar a un solo culpable de los escasos cuatro puntos acumulados por Arce en los cinco primeros juegos de la selección.

Hay una realidad que en este momento que está por encima de los encargados de turno en la conducción de la Albirroja. Paraguay no ha producido en los últimos cinco años jugadores de calidad superior y es esa la razón por la cual también las transferencias desde nuestro mercado a Europa han sido tan escasas o casi nulas en dicho lapso, hecho que además explica de paso el muy elevado endeudamiento de los clubes principales, que continúan gastando casi lo mismo, pero no ingresan lo suficiente para balancear sus finanzas.

El momento del recambio llegó tras nuestro mejor Mundial en resultados, como fue el de Sudáfrica, aunque por esas particularidades que tiene el deporte rey, no estuvo acompañado de las actuaciones de nuestra selección que la historia vaya a encargarse de ubicarlas en la antología de las más estéticas demostraciones de juego del equipo nacional.

La transición no se produjo, pero no absolutamente porque Martino fue egoísta y llevó el mismo equipo mundialista a la Copa América Argentina, que él sabía que era su despedida y no se lo comunicó a los dirigentes a tiempo, sino porque no había mucho para elegir, sin descartar que el actual DT de Newells Old Boys no haya tenido el suficiente valor como emprender un paso que era inevitable.

Arce lo intentó, pero con criterios muy domésticos y la transición se tornó dolorosa, hasta que la papa quemante cayó en manos de Pelusso, que puede sentirse satisfecho hoy de haber logrado un buen triunfo ante Perú con un equipo con promedio de edad muy inferior al clásico de nuestra selección.

Pero para que llegase esa alegría postrera en el 2012, hubo que soportar previamente tres derrotas en serie ya bajo el comando del entrenador uruguayo, que sedimentaron nuestra posición en la clasificación y desde el sótano habrá que salir a encarar el 2013, para no quedar anticipadamente al margen del Mundial más cercano que se nos presenta en las últimas cuatro décadas, desde Argentina 1978, a donde no acudimos y repetir la experiencia sería realmente decepcionante.

El calendario parece haberse ensañado con la pobre realidad Albirroja, porque en marzo, si bien tendremos dos partidos, como la mayoría, ambos serán de visitantes y ante dos favoritos a los cupos directos, como son Uruguay y Ecuador, en Montevideo y Quito. Pero analizando el costado positivo de la cuestión, será al mismo tiempo una oportunidad magnífica de medir en serie a un candidato en su peor momento en el selectivo, con dolorosas derrotas, que debilitaron su orgullo, como es Uruguay, para luego medir al doble rival que significa Ecuador en la altura de Quito. Tras esta gira nuestra suerte estará echada. O resucitados a raíz de dos estupendos zarpazos, o fuera de carrera si son dos reveses, o tal vez aún ilusionados si embocamos un acierto.

gabriel@abc.com.py