Tema sumamente resbaloso para el ser humano y ya el profeta Amos, en la primera lectura, hace una denuncia: “Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas y compraremos a los débiles por un par de sandalias” (Am 8,5).
En la parábola que Jesús cuenta, a primera vista, daría la impresión de que él “alaba al administrador deshonesto”. En verdad no es así, pues el patrón lo despide porque él fue acusado de “malgastar los bienes”. Sin embargo, es seguro que él perdió su empleo, porque fue deshonesto.
Lo que el administrador hace, después de perder su empleo, es retirar su propia comisión de las ventas de su patrón, con el objeto de agradar a los deudores y encontrar una nueva ocupación.
La honestidad es una de las virtudes que nos hacen mucha falta hoy día, y varias personas han perdido su trabajo por este motivo.
En materia económica, el respeto a los bienes de la otra persona exige constante templanza. En efecto, cuando el apetito de plata es desmesurado uno no respeta nada, ya que su propósito no es construir una buena familia, crear fuentes de trabajo o mejorar la convivencia social, pues es sencillamente llenarse los bolsillos.
Otro procedimiento deshonesto que padecemos es la suba arbitraria de precios de las cosas, especulando con la necesidad o la ignorancia de los otros, postura que condena duramente el profeta Amós.
Además de la honestidad en relación al dinero, también tenemos que buscar la honestidad en relación a nuestras palabras. Alejemos la mentira, que va creando un mundo ilusorio y, para mantener una mentira suele ser necesaria otra mentira, hasta que la cosa termina en vergüenza o desastre.
Los cuentos y el radio so’o causan un daño enorme en las relaciones humanas, pues herimos al otro, podemos perder un amigo y, a veces, ganar un enemigo.
La honestidad debe estar presente de modo claro en el manejo de la Justicia, pues con la corrupción impune nunca tendremos auténtico desarrollo.
Igualmente, Jesús hace una sabia advertencia: “Quien es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” y uno puede empezar a ser deshonesto en “pequeñas zoncerías” y no parar nunca más.
Cuesta mucho ser realmente honesto, pero esta virtud trae paz al corazón y pone las bases para que disfrutemos, como lo indica Jesús, de los verdaderos bienes, ahora y después.
Paz y bien.
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