Una vez más repito la frase de Mao que figura en su famoso “Librito Rojo”: “Hay que ser firme como el roble en los principios y flexible como el bambú en los detalles”. Como nosotros estamos en sus antípodas, vimos la frase invertida: somos flexibles como el bambú en los principios y firmes como el roble en los detalles.
En este momento el país vive pendiente de un vídeo de contenido sexual protagonizado por un senador y unas “paquitas” funcionarias del Congreso. ¿Será por esto que cobran cuatro aguinaldos al año? Sin embargo nadie se detuvo a considerar la gravedad de las declaraciones de este obispo que ya nos tiene acostumbrados a sorprendentes barbaridades. En declaraciones hechas a este diario, reconoció haber recibido entre junio de 2006 y el pasado mes de febrero, 1.671 millones de guaraníes que debían destinarse, de acuerdo a un compromiso con la Binacional Itaipú, a “asistencia moral y social a la población de Alto Paraná y Canindeyú” y, especialmente, a “niños enfermos de labios leporinos, niños de la calle, personas privadas de su libertad y familiares y mujeres que sufren violencia doméstica”. Ninguno de estos proyectos vio un solo guaraní.
Monseñor Livieres Plano explicó que “El dinero que yo pedí a Itaipú fue para el seminario, exclusivamente. En cambio ellos, para que no tuvieran dificultades, pusieron de un modo menos religioso y fueron ‘agentes de pastoral’, pero los agentes de pastoral que tiene la Iglesia son los sacerdotes”. Detengámonos aquí: ¿es cierto que Itaipú puede dar ingentes sumas de dinero para determinada actividad y declarar que es para otra, para “no tener dificultades” como ha dicho el polémico obispo? Si esto no fuera delito, tendría que serlo, pues quiere decir que la empresa más poderosa del país, la que más dinero maneja, está capacitada para subvencionar lo que le viene en gana sin dar explicaciones de ningún tipo a nadie. Poco más o menos, es aceptar la existencia de un Estado dentro de otro Estado. No sé si existe en Paraguay una ley como en otros países que regula la cantidad de dinero que pueden recibir los partidos políticos en carácter de donación; una ley con frecuencia violada aquí en España pero que al ser descubierta la falta, los tribunales actúan con todo rigor sin importar si el partido está en el gobierno o no. Lo que se pretende evitar con una ley así es justamente lo que ocurre en nuestro país en este momento con la “donación” hecha por Itaipú, siempre y cuando sea cierto lo que ha declarado el obispo Livieres Plano. No suena bien desconfiar de la palabra de un obispo de la Iglesia, pero este señor ha hecho ya los méritos necesarios para que ello ocurra.
Si en la actualidad, la Entidad Binacional Itaipú puede financiar de manera encubierta algunas actividades, “reductio ab absurdum” (llevando las cosas al absurdo) como diría algún leguleyo pretencioso (pero con total validez), no es descabellado imaginar que es posible subvencionar, sin que nadie lo supiera, las actividades “más sublimes y más perversas” en palabras de Les Luthiers, pero también las más beneficiosas y las más peligrosas.
La autoridad judicial que corresponda tiene que investigar de oficio la situación que se ha creado. Agrego que ningún peso debe tener el pretendido objetivo religioso del tema pues el propio obispo Livieres Plano ha dado muestras de interesarle poco o nada la misericordia cristiana, ya que al preguntársele sobre la ayuda a los niños que sufren de labio leporino respondió: “Qué va a funcionar los labios leporinos si no tiene un sacerdote que lo sostiene. Porque nadie se entera ni se interesa de esas cuestiones”. Pues está equivocado, monseñor, a mí me interesa. Ya hay uno. Quizá seamos más.
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