Lo que estima es que eso permitirá tener más tiempo para el esparcimiento y el entretenimiento, lo cual acarreará un efecto económico positivo; ayudará a una mejor formación y capacitación de los beneficiados y les permitirá mejores condiciones de vida. Esto también facilitará que mayor cantidad de personas puedan tener una oportunidad laboral.
Lo que no dijo Slim es cuánto ganarán estas personas con la reducción de su carga horaria y lo más lógico es que no puedan mantener los salarios que perciben por los seis días que actualmente deben trabajar. Lo que tampoco escucharon o leyeron muchos es la segunda parte de la sugerencia de Slim: Que las personas deben mantener una actividad laboral hasta los 75 años.
Alguien debió ocuparse de explicarle a Slim que en nuestro país hace mucho se están aplicando medidas aún más osadas que benefician a un grupo de trabajadores cuyos pagos lo financian todos los ciudadanos de la República. En el caso de la mayoría de los funcionarios públicos del país los mismos solo trabajan cinco días a la semana en jornadas de seis horas, disfrutan de todos los sábados y domingos, así como de los feriados, pueden dejar de asistir a sus oficinas durante 10 días al año sin la necesidad de justificación, tienen bonificaciones jugosas, pagas por remuneraciones desde la “A” hasta la “Z”, pagos adicionales por salir de vacaciones, aguinaldos cada tres meses, combustibles o electricidad a precios preferenciales, solo por citar algunos. Además, un sector hasta puede jubilarse con menos de 50 años como el caso de los docentes.
La experiencia que tenemos en el país es la del sector público que representa solo el 7% de la Población Económicamente Activa (PEA). Todo el dinero que paga el pueblo de manera compulsiva en concepto de impuestos apenas alcanza para pagarle los beneficios a este “puchito” de privilegiados.
Si se evalúan los resultados, a juzgar por los servicios que presta y los bienes que comercializa, se trata de uno de los sectores más ineficientes, con los peores servicios. Al menos nuestro primer acercamiento a esta propuesta de Slim, al parecer no muestra que sea la salida más apropiada.
Donde sí el Estado debería tomar nota es en lo relacionado a la experiencia de los expresidentes de otros países que también visitaron el Paraguay la semana que pasó. No es suficiente tener recursos dentro del Estado, lo más importante es la gestión para que los fondos administrados cumplan con el objetivo que se pretende. Hasta ahora, pese a las promesas de la administración HC de un cambio de rumbo en cuanto a las inversiones en infraestructura, de eficiencia en la utilización de los fondos presupuestarios, no han sido los más alentadores, pese a que ya se cumple el primer año de mandato.
Un exministro comentaba en privado que el problema más grave del Estado es la gestión, porque no hay personal capacitado suficiente, porque existe mucha corrupción, porque se tiene una maraña de normas que lo traban todo y que impiden la eficiencia. Al menos un atisbo de esperanza se gesta en el MOPC, donde el ministro está impulsando la contratación de una consultora privada que le ayude a mejorar la eficiencia en la ejecución del presupuesto y en la concreción de las obras viales.
Más allá de la novedosa propuesta de Slim, nuestro país debe analizar seriamente cómo puede iniciar al menos un proceso de cambio radical. Es momento de discutir el proyecto de presupuesto para el año venidero. Allí se verá cuál es la verdadera intención del Gobierno en sus políticas para mejorar los servicios del Estado y contribuir en la infraestructura. Luego, la verdadera revolución que se necesita pasa por la gestión en el manejo del dinero público.
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