“Afuera por lo menos podemos trabajar, vestirnos, mandar a nuestros hijos a la escuela, y encima de todo, ayudar económicamente a nuestros padres y hermanos que se quedan en la chacra”, comentaba un joven que hace un par de años se fue a trabajar de albañil a Buenos Aires.
La diferencia en la cotización de la moneda argentina respecto al guaraní y la crisis de circulación monetaria que se da en el vecino país, sin embargo, están golpeando muy duro a muchos compatriotas.
Muchos de los cuales están en la disyuntiva de querer volver, pero ya no tienen dónde, porque antes de ir “quemaron las naves” vendiendo la chacrita que tenían.
La contracara de este vaciamiento de las zonas rurales es el crecimiento de las grandes zonas de monocultivos, la soja principalmente, que sin dudas es un buen negocio, pero engorda los bolsillos de unos pocos, mientras “vacía” la patria.
Acaso lo más trágico de este fenómeno no es la falta de información o carencia de investigaciones científicas que demuestran la relación del monocultivo extensivo y la expulsión de comunidades campesinas, destrucción de bosques y cursos de agua, para generar riqueza a un puñado de gente y pobreza para el montón, sino el total y absoluto desinterés de quienes dictan las reglas de juego económico para frenar esta nave que se llama país en curso de colisión.
Mientras, las escuelas se vacían y las zonas rurales se llenan de ancianos devenidos en “padres-abuelos” de pequeños cuyos progenitores fueron en busca de mejores horizontes.
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