La pobreza de nuestro país es un hecho confirmado hasta por los organismos internacionales y lo más difícil es combatir la pobreza siendo pobres. Entiendo que aquel que se encuentra en buenas condiciones económicas es el que tiene la posibilidad de enfrentarse a la pobreza, pero por qué razones tendría que combatirle a la pobreza si se encuentra en buenas condiciones de riqueza. Y eso es lo que nos pasa, un país rico peleándose contra la pobreza.
Se escucha siempre que este país es rico. Nicanor decía que durante su gobierno se tenía la mejor salud de todos los tiempos; al día siguiente llevó a su mamá a Buenos Aires por un cuadro de hipertensión. Los presidentes paraguayos que salen al exterior piden ayuda diciendo que este país rebosa de electricidad, buen clima, agua, gente, suelo fértil y una agricultura, producción forestal y ganadería florecientes. Lugo dijo en Corea que somos un poco más de 6 millones y producimos 30 millones de toneladas de alimento por año y más de un coreano le dijo: ¡pero para qué entonces venís a pedir ayuda acá…!
Hay un enorme contrasentido al producirse gran cantidad de alimentos y la gran hambruna y pobreza que existe en el campo. ¿Y entonces? Al existir una gran pobreza en el Paraguay es inexplicable e inmoral tanta carencia y miseria que nos asiste. Entonces se requiere alfabetizar a la burocracia relacionada con el desarrollo productivo rural sostenible y competitivo para que también sea socialmente inclusivo.
La pobreza se combate generando riquezas. Esta propuesta está validada y tan replicada en el campo, sustentada en las atractivas y variadas oportunidades de los mercados locales e internacionales con buenos rendimientos y precios de una producción diversificada e insertada en cadenas productivas.
En el campo existen 3 tipos de pobres: el mboriahu apî, el chapî y el kalapî. Y vamos a seguir con estas categorías mientras el Estado continúe entregando más de 100.000 millones de guaraníes a los partidos políticos, por el Presupuesto aprobado en Diputados para sueldos y no para inversiones y desarrollo; mientras no haya un solo contrabandista detenido; mientras construyamos pésimas y costosas rutas; mientras haya más huelgas que días de clases; mientras no tengamos una fructífera APP y mientras se sobreviva exclusivamente de dos hidroeléctricas que no son enteramente paraguayas.
Tampoco se puede progresar al entregar grandes sumas de dinero a Universidades “garaje” como a los sinvergüenzas de la Unves o entregando millones al Ministerio de Defensa y menos a la Policía y a Agricultura y Ganadería. Tampoco progresaremos entregando sumas millonarias al Indert y al Indi que sus respectivos corruptos dilapidarán; ni a los sindicalistas y haraganes de las instituciones públicas ni los millones presupuestados y concedidos a yernos, ahijados, hijos, tíos, hermanos, nueras, hijas, sobrinos, chongos, primos, yiyis, concubinas, cuñados y niñeras.
El 27% de la población paraguaya está en estado de pobreza extrema, que sin Haití y Guatemala, hubiésemos encabezado en toda América. Horacio ya dijo que el Paraguay es un exitoso productor de pobres y pobreza. Por eso hay que remangarse y luchar con buenos programas y proyectos y el buen uso del dinero que ingresa al Paraguay.
Si la caridad empieza por casa queda muy bien que los familiares de muchos parlamentarios combatan la pobreza desde la misma casa. Para eso no tienen el veto ni el voto de pobreza pero les sobra el voto de confianza. Si Pedro Canoero, el de Teresa Parodi, hubiera estado entre nosotros, hace rato le entregaban un jugoso subsidio y no una provechosa lancha pescadora…