Dueño de San Agustín era uno de los más ricos del país, dice su hermano

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En la cuestionada compra hecha por el Indert de 5.500 hectáreas de la firma San Agustín aparece el nombre del propietario original, Carmelo Cabrera, quien falleció hace 8 años. Su hermano César cuenta que llegó a ser uno de los 10 hombres más ricos del Paraguay, pero que perdió su fortuna en la usura, las demandas y sus amantes. Negó que haya sido prestanombre de Montanaro.

Carmelo Cabrera era hijo de Francisco Cabrera y Elvira Alonso. Su padre era un próspero agricultor de la zona de Emboscada. Fue uno de los fundadores de la empresa de transporte San Agustín Cabrera Hnos., que llegó a tener 35 unidades que cubría diferentes localidades como Ciudad del Este, Pilar, Quyquyhó y Mbuyapey.

Su hermano César relata que Carmelo compró su primera estancia de unas 3.000 hectáreas en la zona de Emboscada a finales de los 60 y luego, en una negociación con la firma británica Liebig’s Extract of Meat Company Limited, adquirió la estancia Clementina (anteriormente denominada Angulo Cue) de unas 6.000 hectáreas, en fecha 18 de junio de 1971, según escritura pública, de las cuales fueron invadidas 500 hectáreas y quedó la superficie de 5.500 hectáreas, que es hoy la adquirida de manera cuestionada por parte del Indert.

Cuenta César que su hermano era un financista que además se dedicaba al negocio de la usura y era proveedor de capitales para grandes empresas como Martel, Ñaro y otras fábricas e industrias. “Llegó a ser uno de los 10 hombres más ricos del Paraguay. Tuvo hasta 64.000 hectáreas. Lamentablemente, su procedimiento, su actuar era muy cerrado, no confiaba en nadie y eso lo llevó a un aislamiento. Llegó incluso a ser accionista del Banco Mercantil”, indicó Cabrera.

Agrega que en una oportunidad retiró unos 300.000 dólares del Banco Mercantil, y para el efecto firmó un documento autorizando a un cliente a retirar ese dinero. “El pagaré por el retiro de ese dinero quedó en el banco y estando pendiente ese documento, el banco va a la quiebra”, relató.

Carmelo, dice su hermano, era extremadamente desordenado en sus cosas y poco transparente en lo que respecta a los pagos de sus impuestos. “Se le vino encima varios problemas. Primero la demanda por pago de impuestos y después por el pagaré de US$ 300.000 del Banco Mercantil. Ese documento que fue robado cuando se intervino el banco fue a parar a manos de los abogados de apellido Breuer, quienes posteriormente lo demandaron por ese monto”, explicó. Esta situación hizo tambalear económicamente a Carmelo Cabrera y se le vinieron varias demandas, por lo que fue perdiendo gran cantidad de dinero y se declaró en quiebra. “Tuvo varias intervenciones de allanamiento de oficinas y en uno de esos allanamientos es que se encuentra en su poder las acciones de la empresa San Agustín, de la cual era el único dueño. “ Cuando se dio esta situación, comenzó a repartir sus títulos con gente que creía de confianza, uno de ellos fue Lidio Oviedo (padre de Jorge Oviedo Matto). Él era su compadre, de su confianza. El hijo es el que hizo todo esto de la transferencia invocando a su padre, no creo que Lidio esté detrás”, manifestó Cabrera.

Cuenta, además, que detrás del negocio de la usura se ganó varios enemigos. “A parte de ser desordenado, le gustaba cortejar a las secretarias, le cortejaba a una secretaria que hoy es una de las accionistas, María Rosalía García, con quien llegó a tener dos hijos extramatrimoniales. De allí el rompimiento familiar. Una vez que fallece la esposa, la hija queda con las acciones. La otra secretaria, Fulvia Almada, y una abogada, Clara Orué, también se quedaron con el resto de las acciones. A mí me quiso entregar las acciones, pero no las acepté”, cuenta.

Finalmente, negó la versión de que su hermano haya sido prestanombre de Sabino Augusto Montanaro.