En nuestro país a la democracia participativa se la quiere presentar como sinónimo de socialismo siglo XXI, cuando que la misma puede permitir un mayor protagonismo de la gente, según afirmó el médico siquiatra y activista social Agustín Barúa Caffarena. Para incentivar la participación ciudadana, el mismo habla de la construcción de la "erótica social".
Barúa, con experiencia en organizaciones comunitarias en zonas del Bañado capitalino, considera que la participación de la gente es importante para ir superando desigualdades en una sociedad tan desigual como la nuestra.
Cuestiona que a la democracia participativa los sectores privilegiados según indica la quieran presentar como algo peligroso a las instituciones democráticas y como una expresión del socialismo siglo XXI. "Hay todo un reduccionismo de presentar a la democracia participativa como sinónimo del socialismo siglo XXI, cuando que es una experiencia digna de observar, de analizar, de pensar. Hay interesantes experiencias en los pueblos originarios, lo que están construyendo en Bolivia, Ecuador, además de las múltiples experiencias en Brasil", puntualiza.
El siquiatra, miembro del colectivo "El ombligo de Ingrid", considera que la causa de la demonización de la democracia participativa está en "el miedo a afectar los intereses de ciertos grupos de la sociedad, eso es lo que aterra. Entonces cualquier debate serio es descalificado", añade.
Democracia representativa, vaciamiento de la participación
A criterio del profesional, que también es catedrático de la Facultad de Medicina y trabaja en el Ministerio de Salud Pública, la democracia representativa tal como se practica en nuestro país "constituye una forma de vaciamiento de la participación de la gente y un mecanismo de la plutocracia para mantener la desigualdad estructural y sus privilegios". "En esa línea podemos citar como ejemplo cuánto cuesta una banca en el Parlamento, cuáles son los intereses que se benefician en ese poder", dice.
Barúa reconoce que en nuestro país estamos aún lejos de la democracia participativa y que solo se está presentando un debate sobre "cómo disminuir las diferencias y desigualdades".
Sostiene que el debate y la participación ciudadana "pueden oxigenar nuestra transición democrática". Y enfatiza que el protagonismo ciudadano no pasaba por modificaciones del aparato legal del Estado sino "por la revisión cultural". Menciona un ejemplo a superar y que es "pensamiento colonial que adjudica al paraguayo un estado de inferioridad".
El activista social dice que "lo más importante es no hablar de la democracia participativa como una sola cosa sino que es un debate de múltiples experiencias a nivel mundial sobre cómo la gente puede ser más protagonista de su historia y no solamente cierto grupo de élite".
La erótica social
Barúa explica que en nuestras formas de participación, además de falsas, hay elementos desmotivantes. "Uno pierde las ganas porque no decide, porque lo que resuelve es irrelevante, los espacios son aburridos y todo se reduce a algunos profesionales de las reuniones", describe. "La crítica es eminentemente cultural y política en el sentido de que existe toda una práctica de solemnidad, de aburrimiento y de prepotencia, que mezclados hace que uno no vaya a cualquier espacio público, como comisiones vecinales, asambleas barriales", explica. En estas instancias muchas veces la tendencia es controlar "desde esas tres cuestiones: solemnidad, aburrimiento y prepotencia, que es hacer callar ya directamente", advierte.
Ante estas dificultades o elementos desmotivadores de la participación, nuestro entrevistado señala que ellos en su experiencia participativa hablan de "la erótica social". Esta concepción busca los modos para hacer que "la gente pase bien en los espacios grupales y a partir de eso la posibilidad de pensar. Si yo me siento bien puedo pensar, si no me siento bien no puedo pensar. Esto tiene que ver con el sicoanálisis que habla del deseo, entonces, si yo no siento que mi deseo esté allí quedo fuera, me pongo al costado, no escucho, tiro mensajes por teléfono o me voy", agrega.
Barúa destaca que en cuanto a la "erótica social hay un debate antropológico" que plantea "comprender las culturas locales para desde esa comprensión proponer los espacios grupales de discusión, creando condiciones para que la gente pueda pensar y decidir colectivamente".
Para dar esas condiciones el activista social refiere que en las zonas del Bañado capitalino trabajan sobre cuatro ejes: la fiesta, el arte, el humor y el juego. "Cuesta trabajar muchas veces por la solemnidad que se espera de los profesionales que vienen de la universidad. Tiende muchas veces a resultar angustiante y amenazante tanto para las instituciones, como a los profesionales, pero también para la gente de la comunidad", indicó al concluir.