Remiendos de una administración colonial

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El próximo martes se cumplen dos centurias del estallido de una nueva época y de una nueva situación política en la región rioplatense, con la revolución gestada y concretada en Buenos Aires en 1810. Nuevos vientos soplaban en el mundo y arremetieron contra estructuras fosilizadas que no llegaron a comprender la necesidad de "aggiornarse" para seguir vigente. Consecuencia de estas situaciones fue la independencia paraguaya, concretada un año después.

Cuando la Corona española lideró en el siglo XVI la época de los descubrimientos, era, indudablemente, el Estado más moderno de entonces. Pero esa modernidad no evolucionó. Los descubrimientos de territorios, con pueblos sojuzgados cuyas economías fueron exprimidas y cuyos recursos fueron expoliados desvergonzadamente.   


Para la administración de las vastas colonias –en un extenso territorio donde llegó, en un momento dado, no se ponía el sol–, España había creado un eficiente sistema de organización institucional. Ante la vastedad de sus posesiones y la dificultad comunicacional, no solo con la metrópoli, sino entre las diversas poblaciones, la Corona trató en lo posible de evitar que los funcionarios actuaran por propia voluntad, sino que fueran parte de un complejo engranaje administrativo. Ningún funcionario era depositario de atribuciones exclusivas, sino se complementaban mutuamente, y entre ellas existían grados de dependencia, control y equilibrio.   


Las posesiones territoriales ultramarinas eran parte integrante de los dominios hereditarios del monarca, no de la nación española. Por ello, las autoridades de la América hispana eran, en este orden: las metropolitanas y residentes. Por lo tanto, había un cierto descentralismo.   


Las autoridades metropolitanas eran el rey, el Consejo de Indias y la Casa de Contratación.Las residentes eran en un momento inicial los adelantados, los gobernadores y capitanes generales; luego, en este orden: los virreyes, los gobernadores, las audiencias, consulados y cabildos.   


En 1700, accede al poder español la casa de los Borbones, iniciando una zaga constituida por cinco reyes: Felipe V, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Estos reyes inauguraron un sistema tendiente al centralismo político y administrativo, con una mayor injerencia real en los asuntos más variados. Estas innovaciones se extendieron, además, a los asuntos económicos y jurídicos.   


Reformas administrativas   


El descentralismo practicado hasta entonces había robustecido el poder y autonomía de las autoridades residentes en América. Esto fue modificándose por los diversos monarcas, asumiendo una cada vez más intransigente intromisión en la administración de las posesiones coloniales.  


Para dar a los territorios ultramarinos una nueva organización administrativa y legal, disminuyendo las atribuciones de funcionarios e instituciones, se crearon nuevos virreinatos y capitanías generales, que fueron, a su vez, subdivididos en intendencias.  


Uno de estos virreinatos creados, atendiendo a la gran extensión del territorio y el crecimiento de su población, fue el del Río de la Plata, el 1 de agosto de 1776. Este virreinato comprendía las gobernaciones del Río de la Plata, el Paraguay, Tucumán, Cuyo y parte del Alto Perú. Estos centros económicos y políticos, si bien debieron unificar su funcionamiento administrativo, continuaron con las características y fisonomías propias.   


Las reformas se hicieron sentir rápidamente en el orden económico, pero tardaron en variar la administración territorial, pues los virreinatos, gobernaciones y capitanías generales existentes mantuvieron su tradicional funcionamiento, alterado solo por los nuevos límites y jurisdicciones.   


Para acentuar la centralización política, promover el desarrollo económico y el mejoramiento de las recaudaciones, se creó a fines del siglo XVIII (1782) el régimen de las intendencias. El Río de la Plata fue dividido en ocho intendencias y cuatro provincias subordinadas. Esas intendencias eran Buenos Aires, Córdoba del Tucumán, Salta del Tucumán, Paraguay, La Paz, Cochabamba, Charcas, Potosí. Las provincias subordinadas eran Moxos, Chiquitos, Montevideo y Misiones.   


Reformas económicas   


Habíamos dicho que, cuando la época del descubrimiento, España era la nación europea más moderna. Pero se quedó allí. Se anquilosó. Se fosilizó. Se estancó. Mientras otras potencias iban emergiendo, especialmente Inglaterra, a través de un cada vez más dinámico desarrollo tecnológico. Para tratar de revertir esta situación, los reyes Borbones de España, además de las reformas políticas administrativas, llevaron adelante una reforma administrativa, pero optando por un cada vez más absoluto centralismo, contrario a las políticas liberalizantes de las potencias emergentes. O sea que, a contramano. Lo que explica el rumbo que, pese a las medidas implementadas, fue tomando el trascurrir de los acontecimientos.  


Aun así, las medidas trataron de agilizar el rígido sistema monopolista, dando legalidad a situaciones practicadas de hecho. Se abrieron nuevos puertos para el comercio (13 en España y 24 en América, entre ellos Buenos Aires), se concedieron permisos a compañías de comercio y se reglamentó el libre comercio, aunque solo entre la metrópoli y los españoles. Si un extranjero quería participar de este comercio, debía recurrir a intermediarios. No eliminó el monopolio, pero benefició la economía de los territorios americanos. Se crearon aduanas, tribunales de cuentas, consulados, etc.   


Reformas militares   


También se llevó adelante una organización militar orgánica. Hasta entonces, la organización militar estaba sujeta a antiguas disposiciones redactadas en el siglo XVI. Los Borbones realizaron importantes reformas en este sentido, creando secretarias de Guerra y Marina y otros cargos jerárquicos.


Todas estas reformas y remiendos no lograron evitar el colapso del sistema colonial español.El 25 de mayo de 1810, el Virreinato del Río de la Plata dejó de ser una colonia. A partir de aquellos días iniciales del siglo XIX, todo un continente estalló y de sus escombros surgieron las repúblicas americanas, entre ellas, el Paraguay.


(Continúa mañana)