–¿Cuál sería su análisis sobre la situación actual generada por el covid-19 en el país?
–El coronavirus dejó al descubierto las principales debilidades del país, es decir, no es el coronavirus el que está provocando la calamitosa situación actual, sino que la actual situación es el resultado del modelo de desarrollo vigente en el país. El precario sistema de salud, el mal pago al personal de salud, la falta de políticas sociales, la precarización laboral, el injusto sistema tributario, los altísimos salarios a funcionarios públicos, la violencia patriarcal en los hogares, la dependencia alimentaria –por citar solo algunos de los elementos más visibles y preocupantes– no se deben al covid-19. Se deben a décadas de políticas neoliberales, gobiernos que siguieron sumisos las recetas de organismos internacionales y protegieron los intereses de las grandes corporaciones internacionales del agronegocio. Quizás los quinientos mil guaraníes con los que el Gobierno cree que una familia puede sobrevivir, sea el mejor ejemplo de la valoración que tienen hacia la mayoría de la población y su desconexión con la realidad.
–¿Qué deja más al descubierto la llegada del virus como forma de administración de la vida y de la muerte?
–Deja al descubierto las profundas diferencias sociales y económicas existentes en el país. Una cosa es estar haciendo la cuarentena en una casa con acceso a Internet y todas las comodidades y otra radicalmente distinta estar encerrados en una piecita entre cinco personas, donde además viene la Policía a decirte que no podés salir a la vereda. Haber cobrado el salario en estos días y tener que hacer magia con las monedas que no se consiguieron ese día vendiendo algo en algunas de las calles de Asunción. La violencia hacia las mujeres recrudecida durante la cuarentena en los hogares, es otro de los elementos que requiere una pronta y efectiva respuesta de las diferentes instancias del Estado.
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El carácter clasista de las políticas gubernamentales se puede evidenciar con mil ejemplos. El agronegocio aporta al Estado solo el 0,16% de todo lo recaudado y, sin embargo, es propietario del 94% de todas las tierras cultivables del país. El Gobierno prefiere endeudarnos a todos, en lugar de impulsar el impuesto a la exportación de granos, al tabaco o a la riqueza. Ciertamente es un momento de cuidar el empleo, es necesario apoyar a las empresas que generan puestos de trabajo, pero los agronegocios solo generan un puesto de trabajo cada 500 ha, además de ser el principal responsable de la deforestación y las contribuciones paraguayas al cambio climático. Me parece que algo evidente que nos deja esta pandemia, es reconocer que en la medida que no se garanticen los derechos para toda la población, todas y todos estamos en riesgo. No importa si se tiene el mejor seguro privado o si no tenes posibilidades económicas de llegar siquiera al puesto de salud, igual podes contagiarte. Si tuviéramos un sistema de seguridad social para todas y todos los trabajadores –sean formales o informales– no tendríamos que estar endeudándonos. Creo que esta es una de las principales lecciones que nos deja la pandemia, la urgencia de universalizar los derechos (a la salud, a la vivienda, a la alimentación, al trabajo, por citar solo los más urgentes) para toda la población. Así como la necesidad de apelar a la información y la concientización de la población en lugar de medidas represivas, seria terrible que esta crisis sea la excusa para implementar medidas de mayor control y represión.
–¿Se requieren de políticas por parte del Estado y de la acción colectiva solidaria?
–Los momentos de crisis como los que estamos viviendo y como los que vendrán, ya sean por otros virus o por la crisis climática, requieren tanto de acciones del Estado como de la acción solidaria. Pero eso no implica que la solidaridad deba suplir las ineficiencias del Estado como esta ocurriendo hoy, donde las ollas populares con víveres donados solidariamente son las que alimentan a las personas de los barrios populares. En última instancia, esas ollas deberían estar preparándose con los víveres prometidos. Es aleccionador ver cómo campesinas y campesinos están garantizando la alimentación en muchas comunidades, justamente los sectores más atacados por el Gobierno. Están evidenciando lo importante de su trabajo –producir alimentos– que ha sido tan desvalorizado.
Este es un elemento clave, de todo el territorio cultivable del país solo el 6% esta destinado a la producción campesina de alimentos, a lo que toda la población necesita cotidianamente, por ello somos un país tan dependiente de la producción de hortalizas de los países vecinos, un gravísimo problema nacional. El Gobierno debería abandonar su carácter clasista y generar políticas para toda la población como manda la Constitución Nacional, apoyar y financiar la agricultura campesina, implementar una reforma agraria para la producción de alimentos sanos para abastecer a quienes vivimos en las ciudades, impulsar la construcción de viviendas dignas, garantizar la seguridad social y el empleo.
–Cómo debería plantearse una reforma real del Estado.
–Últimamente se viene repitiendo que toda crisis es una oportunidad, así que podríamos decir que esta crisis es la oportunidad de poner las cosas en su lugar, de reordenar las prioridades, en base a los derechos de las mayorías. Mas que nunca quedo en evidencia que lo más importante (además de agua) es la alimentación, pero no se van a poder satisfacer la demanda local de alimentos sanos en solo el 6% de las tierras cultivables. Se debe tener una mirada estratégica y reconocer que esta es una prioridad. No podemos seguir autoabasteciéndonos solo en mandioca y banana. Hay que transformar el modelo productivo. Las fértiles tierras del país tienen que estar en función de las necesidades de la población, es decir, de alimentos sanos. Para ello es imprescindible la reforma agraria para la producción de alimentos, una política de conservación y recuperación de semillas nativas, fomentar y fortalecer los mercados locales, protección absoluta de los pocos bosques que quedan, además de universalizar los derechos a toda la población. Es el momento de una reconversión productiva que tenga como centro las necesidades y los derechos de la población y el respeto a la naturaleza. No se puede permitir que los que están en el poder aprovechen el shock actual para impulsar una reforma del Estado que solo los beneficie. Falta una profunda reforma del Estado que ponga en el centro a la vida que habita en nuestro territorio.
