Libertad Barrull, de 17 años, con sus largos cabellos recogidos en un sofisticado moño, un minivestido y zapatos de taco alto negros, sonríe al fotógrafo.
“Me iban a coger de modelo, pero no fui. Me gusta mucho. Me gustaría ser modelo” , dice. Su madre, Rosario, afirma que “es un empujoncito para que lleguen a ser algo en la vida, ya que nosotras no lo hemos sido. Que trabajen de ello, que sean algo importante” .
Decenas de adolescentes dan sus nombres a las organizadoras, así como informaciones sobre sus estudios, pasiones y aspiraciones.
