Blas Servín no se detiene ni en los momentos más delicados de su salud para hablar del tema que le apasiona, es lo que ha hecho a lo largo de más de 30 años, que lo ha llevado a recorrer el país y el mundo, transmitiendo sus vastos conocimientos cosechando una infinidad de distinciones y condecoraciones.
La última fue de la Cámara de Diputados que le concedió hace poco la Orden Nacional al Mérito Comuneros por su labor como docente, astrónomo aficionado, investigador y miembro de la Sociedad Científica del Paraguay.
“A los jóvenes, cuando hacen lo que les gusta, que hagan bien, que trabajen bien y no dejen de estudiar. Es así que uno recibe recompensas como estas atenciones que recibo yo y lo pone a uno orgulloso”, expresa el maestro de la Astronomía, figura de la ciencia de nuestro país.
En un acto reciente, en La Serena, Chile, los profesionales científicos reunidos en la Sociedad Interamericana de Astronomía para la Cultura (SIAC) lo calificaron como una eminencia. El ecuatoriano Cristóbal Cobos lo declaró “santidad” para remarcar con énfasis su sabiduría.
Sus colegas mencionaron su mérito por haber recibido el premio del Congreso de Perú y del Instituto Peruano de Astronomía en el 2017 y reconocieron su obra, entre ellas, el haber trabajado con comunidades indígenas y la visión que cada etnia tiene de las señales del firmamento.
A iniciativa suya se construyó el monolito sobre el Trópico de Capricornio en Concepción, el Centro Astronómico de San Cosme y San Damián, y el Centro Astronómico Bicentenario en Asunción. Ostenta, entre otros, el grado de Comendador de la Orden de San Gregorio Magno por el papa Juan Pablo II y el grado de Caballero de la Orden de Malta.
Con su figura carismática que irradia calor humano, Servín difunde no solo los misterios y la belleza del cielo, sino, también, la dimensión humana de la investigación científica, algo que de buenas a primeras parece difícil, pero que con su explicación sencilla el mensaje es captado por el público más lego en la materia.
“De chico me gustaba el cielo”
“De chico me gustaba el cielo a medida que mi padre me hablaba de los satélites. Papá era ingeniero de comunicación de satélites. Una vez me regaló un pequeño telescopio. Ya de grande, en 1986, me inscribí en un curso de Astronomía en el colegio Dante Alighieri, bajo la conducción del profesor Alexis Troche Boggino. Ahí comenzó todo”, recuerda con voz pausada.
–¿No había astrónomos en el país?
–No. Todos los interesados éramos aficionados. En el Paraguay no existe la Facultad de Astronomía. En esa época había mucha expectativa por la venida del Cometa Halley, 76 años después de su última aparición (1910). Algunos exagerados hablaban que la cola podía tocar la tierra. En fin, asistimos al curso y, más adelante, yo mismo organizaba talleres para aficionados que los había bastante, interesados en el estudio de la astronomía. Abrimos clubes de ciencias en colegios y teníamos nuestros cursos de verano y de invierno.
–Entró a un terreno desconocido...
–Sin proponerme entré hasta en la investigación. Quise saber quién era nuestro primer astrónomo y descubrí que era el padre Buenaventura Suárez.
–¿Quién era?
–Un sacerdote jesuita de Santa Fe que fue a estudiar a Córdoba y de ahí enviado (en 1706) a San Cosme y Damián, misión fundada en 1632, donde desarrolló sus habilidades. Él era descendiente de los Garay, de Juan de Garay, el que fue a refundar Buenos Aires. Los Garay fueron los que fundaron la ciudad de Santa Fe, donde nació Buenaventura.
Él se fabricó un telescopio. Observó Júpiter y sus satélites. Observó el cielo. Escribió un libro que fue muy famoso: Lunario de un siglo, en el que calculaba las fases de la luna para 100 años. Predijo los eclipses de sol y de luna. Es el tratado de astronomía más antiguo de Sudamérica. Imagínese, sus cálculos los hizo a mano, sin computadora ni nada. Sus investigaciones fueron utilizadas por el sueco Celsius, el creador de los grados centígrados. Nosotros lo reeditamos después de 15 años de trabajo. En su homenaje, me dieron la oportunidad de construir un centro astronómico en San Cosme y Damián que recibe unas 22.000 visitas al año. No hay algo parecido en el país.
–¿Qué hay en San Cosme y Damián? ¿Desde ahí se ven mejor las estrellas, así como dicen que es en La Serena (Chile)?
–En San Cosme hizo su ministerio el padre Buenaventura Suárez. Se instaló allí y, con los años, empleó cristales de cuarzo extraídos de las orillas rocosas del Paraná para confeccionar los lentes de su telescopio. Se fabricaban telescopios de seis metros de largo, de caña de bambú y los vidrios tallados de cristal de roca. Los indios le daban forma. Construía sus instrumentos con materiales que abundaban en la región, como tacuara. Los indígenas pulían la roca de cuarzo hasta obtener los cristales. Los elementos de hierro que se requerían se fundían en la reducción. Los metales los hacía traer de Córdoba. De esa manera, ellos podían observar hasta las lunas de Júpiter. Si no se hubieran expulsado a los jesuitas del Paraguay, los cohetes hacia la luna hubieran salido de las Misiones. En todas las misiones jesuitas había relojes de sol. Como patrimonio tangible de su obra queda el reloj de sol de San Cosme. Por su belleza y precisión, los visitantes y, especialmente, los científicos que peregrinan hasta el lugar admiran su estado de perfecta conservación.
Motor de la sociedad interamericana
Los que homenajearon a Servín en setiembre pasado en Chile le adjudicaron ser motor de la revitalización de la sociedad de astrónomos del continente. La comunidad científica se revigorizó en el 2012 en coincidencia con la inauguración del Centro Astronómico Bicentenario en nuestro país que contó con la presencia de los que habían fundado la sociedad en el 2003.
“La Sociedad no hubiese sido posible sin el apoyo que nos dio Blas en todo momento. Nuestras reuniones tienen más contenido cuando él está presente”, expresó el astrónomo argentino Sixto Jiménez.
“Es el mejor divulgador científico que conocí”, agregó, a su vez, el ecuatoriano Cobos. “Es un ejemplo para la gente que tiene pasión por la astronomía”, secundó el mexicano Rafael Simbrón.
Para Blas Servín, la investigación sobre la materia en el Paraguay está en sus inicios, aunque él avanzó bastante al escudriñar en las creencias aborígenes, como el apasionante cielo de los guaraníes, su respeto al sol. Decían que en el cielo vive un yaguareté; la Cruz del Sur era más conocida como Ñandú Pysa (la pisada del Ñandú).
Polvo de estrellas
Para Servín hay todo un universo por descubrir partiendo de la creencia de nuestros ancestros.
–Usted dice: “Somos polvo de estrellas”. ¿Qué significa?
–Somos polvo de estrellas, sí. Lo bueno es siempre saber esto. La vida debe existir en el universo, no solo en la Tierra, porque las estrellas se inician quemando hidrógeno que convierten en helio y, luego, van apareciendo en su interior, hierro, carbón y, por último, oxígeno. Cuando la estrella llega al final de su vida. Se hincha, crece. Se convierte en una gigante roja.
–¿Por qué roja?
–Porque baja la temperatura de la estrella. Entonces toma un color rojo. En ese momento termina la vida de la estrella con una gran explosión. La explosión lanza al espacio hierro, carbón y oxígeno que encontramos en el cuerpo humano. El hierro de nuestra sangre, el carbón de nuestros huesos y el oxígeno que respiramos tuvieron su origen en una estrella. Por eso se nos llama polvo de estrellas. Los seres humanos somos polvo de estrellas.
–“Qué sería del hombre si no existiera la luna”, usted decía, cuando se recordaron los 50 años de la llegada del hombre a la luna.
–Claro, porque no existirían los poetas. ¿De qué tema de conversación podrían hablar las parejas enamoradas si no saliera la luna? (bromea).
Blas Servín
Blas Antonio Servín Bernal es un astrónomo paraguayo aficionado, miembro de la Sociedad Científica del Paraguay, de la Sociedad Planetaria Internacional y de la Asociación de Aficionados a la Astronomía, la cual creó en 1994 y, hoy en día cuenta, con casi 100 miembros.
Servín marca un hito en el campo de la astronomía de nuestro país y sus conocimientos por esta ciencia le han valido importantes reconocimientos en el ámbito internacional.
En el 2008 junto con la Municipalidad de Asunción creó el Centro Astronómico Bicentenario y, en el 2010, junto con la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) creó el Centro de Interpretación Astronómica Buenaventura Suárez, en el área de la Misión Jesuítica de la ciudad de San Cosme y San Damián, convirtiéndose en un complejo turístico científico de gran relevancia para el turismo nacional.
En el 2011 fue declarado Hijo Dilecto de la ciudad de Asunción, por su trabajo en la promoción de la astronomía en el Paraguay y, en el 2013, fue elegido miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Interamericana de la Astronomía en la Cultura.
En el 2015 recibió una distinción otorgada por la NASA por sus trabajos de divulgación de la ciencia, realizando varios estudios y presentaciones.
Siendo así, la Senatur quiere reconocer a Blas Servín por todo su apoyo y contribución en la promoción del turismo científico nacional, por su gran dedicación al mundo de la astronomía, por todos los trabajos realizados y el aporte científico que hizo al país dejando siempre en alto el nombre de la nación paraguaya.
holazar@abc.com.py • Fotos ABC Color/Archivo.
