El profesor doctor Zenón González Romero proyectó su vida y tiene la suerte de que dos de sus siete hijos siguieran sus pasos en la profesión, al igual que dos nietas. Su gran familia la formó con su esposa Dioni Bado, quien dio a luz mellizos en dos oportunidades; a todos los formaron con el ejemplo, el trabajo y el amor a Dios y a la ciencia médica.
“Mis padres fueron Julio González y Ninfa Romero. Mamá era la más fanática de que sea médico, y sin retraso hice toda la carrera, eso de por sí a uno le entusiasma. Tuve la gran suerte de ser recomendado por el famoso tío Víctor Romero, quien me presentó al profesor Julio Manuel Morales, y este último fue el que influyó para que me hiciera especialista de la colpocitología. De eso hace 63 años, me recibí, y fui uno de los especialistas pioneros. Me fue fácil en el ambiente porque me dieron buena orientación. El profesor Morales era un padre para mí, él se empecinó en que tenía que haber un citólogo –especialista en células– en ginecología”, recuerda el doctor Zenón, referente en nuestro país del estudio de papanicolaou. La colpocitología sirve para la detección precoz del cáncer del cuello uterino.
“Una vez un profesor me dijo: ‘Dedíquese a esto y deje todo’, fue cuando yo estaba haciendo ginecología integral. Desde el primer día que me recibí estuve con él y me enseñó el manejo del microscopio”, detalla.
Fue jefe de Patología cervical del Instituto de Previsión Social, también estuvo en el Hospital de Clínicas y en el Ministerio de Salud. Fue jefe del laboratorio, escalando poco a poco como especialista local, luego latinoamericano de citología, por cuyo motivo se hizo aquí el primer Congreso internacional de citología.
En su nutrida carrera también fue docente hasta que se jubiló a los 50 años en el Departamento de Patología cervical, especialista en el cuello de útero.
“Paraguay se hizo famoso por sus congresos, desde el punto de vista científico, en áreas adyacentes a esa especialidad”, destaca.
Seguir los pasos
Pronto la mayor de sus hijas le siguió los pasos –la doctora Marta González de Díaz Peña– y luego la doctora María Cristina González de Riquelme, aunque “ninguno deseaba tanto como yo”, dice el papá feliz.
“Nosotros nos especializamos porque papá nos enseña, desde que nacimos aprendimos”, dice la doctora Marta.
“La citología implica un curso de posgrado; yo tengo 37 años de carrera, era jefa del Departamento de Consultorios de Patología Cervical en IPS y ya me jubilé. Sigo con papá, es un orgullo y un placer, da gusto trabajar con él. También enseño en el Hospital de Clínicas”, acota.
Su hermana, la doctora María Cristina, trabaja en el IPS, en el ministerio se jubiló y sigue en el consultorio. Al referirse a su papá resalta con orgullo: “Él es nuestro maestro, nos enseñó todo, hay que llevar en alto su nombre, es lo máximo, es una gran figura de la medicina de nuestro país y un gran patriota porque llevó siempre en alto el nombre del Paraguay donde le tocó estar”.
Tercera generación de doctoras
Dos de sus nietas también son médicas; “la doctora María de la Paz Díaz Peña González, quien estudió en la Universidad Católica, hizo el posgrado en ginecología, trabaja en la función pública en Caacupé, y ahora tiene el título de especialista en patología cervical, hace colposcopía y trabaja con nosotros en la parte privada”, expresa su mamá, la doctora Marta González de Díaz Peña.
Otra de las nietas es hija de Julio, Verónica González Lucero, quien está haciendo la residencia en la Universidad Nacional. “Es mi norte y mi orgullo tenerle a él como mi abuelo, es una figura que siempre tengo presente y, además, nos enseña con su ejemplo”.
Fotos: ABC Color/Silvio Rojas/Gentileza.
