Kiosko 653

Este artículo tiene 5 años de antigüedad
Kiosko 653
Kiosko 653

Cuando Pablo León Burián instaló un pequeño puesto de madera con revistas y golosinas en la calle 25 de Mayo entre Paraguarí y Antequera, en la vereda de la plaza Uruguaya, en 1971, no imaginó la respuesta de la gente. Pronto se convirtió en Kiosko 653 y, más adelante, en El Lector. Este miércoles 9, día del 49º aniversario, se realizarán varias actividades en modo covid.

El 9 de septiembre de 1971, un joven de 15 años instaló un tablero de madera donde vendía revistas. Lo armó con un poco de dinero que pudo ahorrar con todos los trabajos que hacía. Vendía revistas y cigarrillos. Lo llamó Kiosko 653. “Al principio era un kiosco más, pero pude marcar la diferencia con una clientela fiel. Vendía muchas revistas especializadas, y para todos los gustos y edad. Y pronto tomé la iniciativa de recibir directamente esas revistas de los proveedores de España, Alemania, EE.UU., por medio de Líneas Aéreas Paraguayas”.

Pronto fue incorporando los libros. Burián venía de una familia humilde, por lo que ya tenía bastante experiencia en ganarse la vida vendiendo naranjas en la cancha de River Plate y verduras casa por casa, y con sus ahorros decidió instalar el puesto de ventas. “Además, desde niño, no dejaba de asistir los sábados al catecismo y la lectura de la Biblia en San Luis y eso forjó mi fe”, recuerda.

El venir de abajo, Burián lo toma como parte de su formación, pues dio su carácter. Con el tiempo, el puesto se ubicó en la esquina de Antequera como Kiosko 653 y, más adelante se llamó Bibliokiosco 653.

Boom latinoamericano

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Comenzó a traer los libros de los escritores del llamado boom latinoamericano, una verdadera revolución para los lectores de la época. A medida que la clientela crecía, también el kiosco, con un buen surtido de libros y revistas. “Así nació El Lector. Puedo decir que le cambió la cara a un importante sector de la ciudad. Por primera vez había una librería que ponía los libros en la calle a disposición de los lectores y abría las 24 horas los 365 días del año.

En 1979, decidió arriesgarse y con el poco dinero que pudo ahorrar, viajó a España, para traer libros para montar una feria. Fue un éxito y la gente respondió. Eso lo obligó a viajar a la Argentina para contactar con las grandes editoriales de Buenos Aires: “Los empresarios me miraban asombrados, pues nunca antes una librería paraguaya había ido a comprar libros directamente. Lanzar los libros de García Márquez, Vargas Llosa, Benedetti al mismo tiempo con otras editoriales importantes de otros países, también marcó un hito significativo”, evoca.

Además de tener en primicia las revistas y libros, otro eje diferencial fueron actividades culturales, como ferias infantiles, jornadas nacionales de cultura, premio al mejor libro del año, la editorial El Lector con su fundación. “Todo eso dentro de un marco de mucho trabajo. Al punto de organizar la primera feria de libros nacionales y, en 1982, que fue un año histórico para mí, cuando participamos por primera vez en la gran Feria del Libro en Buenos Aires. Fuimos el primer sello paraguayo presente en ese espacio cultural tan importante. También, en 1984, la Feria Internacional del Libro en Paraguay con grandes presentaciones”.

En la década del 80, como resultado del crecimiento, debía buscar un lugar más grande y fue así que apareció el predio de la Avda. San Martín casi Austria. “Cuando compré el terreno, quedaba muy lejos del centro. Era una zona despoblada. Recuerdo que Alfredo Seiferheld me tildó de loco por haber ‘venido al fin del mundo’”, recuerda.

Lucha por sobrevivir

Pero tanto movimiento cultural no fue del agrado de todos. “Permanecer en la plaza fue una lucha. Muchos quisieron sacar el puesto de ventas, pero también muchos me defendieron, entre ellos don Augusto Roa Bastos, Mario Halley Mora, Alfredo Seiferheld y el doctor Alejandro Encina Marín.

Entremedio, en 1984, le allanaron la librería y confiscaron libros “peligrosos” y, por si fuera poco, en 1988, el local de El Lector en avenida San Martín casi fue a remate.

Haciendo un recuento de su recorrido hasta hoy, considera que en su vida se dieron muchos milagros, pero también esa fe fue acompañada del esfuerzo y el trabajo, que hicieron que los milagros se produjeran.

Mirando al medio siglo de El Lector, ahora Pablo Burián se prepara con ferias, lanzamientos de grandes colecciones de libros, jornadas culturales, premios a los mejores libros. Entre los proyectos fuertes resalta que, además de la Escuela de Escritores y la Escuelita Patriótica, con que ya cuentan, se inaugurarán la Escuela de Emprendedores y la de Liderazgo. “Queremos formar líderes en los diferentes ámbitos: político, económico. Personas que, luego de esta pandemia, verdaderamente piensen en los demás y representen al pueblo. Con la Escuela de Emprendedores queremos impulsar el emprendedurismo, para el crecimiento de nuestro país”.

mpalacios@abc.com.py

Fotos: ABC Color/Arcenio Acuña/Archivo.