El mapa que pudo evitar la Guerra del Chaco

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Mapa de Bolivia que señala como límite el río Bermejo. El expresidente Evo Morales lo utilizaba en su despacho.
Mapa de Bolivia que señala como límite el río Bermejo. El expresidente Evo Morales lo utilizaba en su despacho.

El ingeniero Felipe Bertres recibió por decreto, en 1841, un comisionamiento de rutina, relevar el Mapa corográfico con la topografía de las fronteras limítrofes de Bolivia, a instancias del presidente generalísimo José Ballivián. Curiosamente, como en un cuento circular de Borges, el límite acordado en 1938, luego de la cruenta guerra, era casi igual al diseñado en 1843.

El ingeniero, agrimensor y cartógrafo protagonista del thriller documental nació en Pountox, en el cantón de Castalnau-Malnoac, Altos Pirineos, en 1786. Su familia, rural y acomodada progresó con la Revolución, su hermano Francisco fue capitán de la Guardia Imperial y Caballero de la Legión de Honor. En la batahola de la invasión napoleónica a España, Felipe emigró a la Argentina en 1807, a tiempo para combatir al lado de los porteños frente a las invasiones inglesas.

Le tomó el gusto a las batallas en el Ejército del Norte para expulsar a los españoles y ascendió hasta el grado de Teniente Coronel de Ingenieros en 1819. Ese fue el año en que contrajo matrimonio en Tucumán con María Cainzo, de la que enviudó, y con Josefa Petrona Moyano, posteriormente. Con esta dejó profusa descendencia.

Ya convertido en pacífico ingeniero civil, ejecutó en 1821 el valioso plano de la ciudad de Tucumán y se dedicó a la enseñanza. Ocupó el cargo de agrimensor general de la provincia. Por encargo de su comandante en Perú, general José de San Martín, talló la lápida de la tumba de la esposa, Remedios de Escalada, visible en el cementerio de la Recoleta de Buenos Aires.

Al colgar la espada y desplegar el lápiz de diseño inició la carrera que le diera más renombre, la confección de planos y mapas científicos. Su fama lo llevó a ser contratado como director de la Mesa Topográfica de la cenicienta de las repúblicas del sur, el Alto Perú, bautizada Bolivia, en homenaje al Libertador.

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El relevamiento del mapa boliviano fue un desafío agotador. Debía diseñar límites entre montañas y desiertos de escaso interés para los españoles que ni los poblaron ni los delimitaron. Bertres estudió los antecedentes y ello se reflejó en el mapa que le daría, simultáneamente, inmortalidad y oscuridad.

El generalísimo Ballivián, pasado el fervor revolucionario inicial, debía acometer la organización de su flamante país. Para ello, nada mejor que tener una idea clara de hasta dónde llegaba su mando y quiénes estaban obligados a obedecerlo. Eso se lograba con la ayuda de un ejército persuasivo y de un mapa que delimite unas fronteras inexistentes en la colonia.

Bertres, ávido lector de libros y tratados, para dotar a Bolivia de límites creíbles y sostenibles, recurrió también a documentos históricos. Por ello, fue fácil delimitar el sur de Bolivia sobre el río Paraguay. Nunca hubo cuestión de que la Capitanía General de la Provincia del Paraguay extendió su autoridad hasta Bahía Negra, río arriba del Fuerte Borbón, cambiado a Olimpo, para cesar de honrar a la dinastía franco-hispana ocurrido el “Basta dijo” del himno nacional.

Habemus limitem

Bertres delimitó al Paraguay de Bolivia usando de vértice la Bahía Negra paraguaya y sacó una línea recta casi perpendicular hasta el Pilcomayo. De ahí, otra línea recta hasta el Bermejo y sanseacabó. Habemus limitem. Ballivián recibió el mapa en 1843 y, orgulloso de su legado, envió una copia oficial autografiada a cada gobierno regional, incluyendo al adolescente emperador don Pedro II en Río de Janeiro.

Buscando atraer inmigrantes, inversores y banqueros usureros, el mapa también se publicó en Londres, en 1845, en el establecimiento litográfico de John Arrowsmith, bajo el número 1662. El mapa Bertres cruzó el Atlántico y se universalizó.

El Chaco nunca atrajo mucho interés de los López, excepto la franja que le permitía reclamar como interior el río Paraguay. Por eso, ni los becarios del gobierno ni el propio Francisco Solano, en su escala londinense, mostraron curiosidad por la cartografía de Arrowsmith.

Tanto era reconocida la Bahía Negra como el límite extremo paraguayo que el propio Tratado Secreto (por 360 días) de la Triple Alianza, de 1865, la fijó dentro del territorio paraguayo que iría a transferirse a la Argentina victoriosa como botín de guerra. Sería muy pintoresco extraer concesiones territoriales de un tercero neutral.

La guerra del Pacífico

Perdido el litoral marítimo del Pacífico, el lejano Atlántico debía ser la alternativa comercial para Bolivia y debía declararse ribereña del río Paraguay. Reclamó el Chaco hasta el mismo río Bermejo en algunos mapas. Curiosamente, varios gobiernos paraguayos negociaron límites con Bolivia bien al sur de Bahía Negra. Los tratados Decoud-Quijarro (1879), Aceval-Tamayo (1887) y Benítes-Ichazo (1894) permitieron líneas rectas muy por debajo de la Bahía Negra. Ni la opinión pública o el Congreso ratificaron esos acuerdos gestionados bajo presidentes colorados muy nacionalistas como Cándido Bareiro, Patricio Escobar y Marcos Morínigo.

Los gobiernos de la Reconstrucción Nacional de Bernardino Caballero y Patricio Escobar vendieron desde Asunción extensos terrenos en el Alto Paraguay a especuladores extranjeros, como los anotó el primer civil en explorar bajo autoridad paraguaya, el misionero anglicano Wilfred Barbrooke Grubb, nombrado en 1892 como comisario general y pacificador de los indios. En sus Memorias, Grubb anotó que ninguno de los países hizo mucho por colonizar la zona, pero que el Paraguay había transferido títulos de propiedad a extranjeros.

En las últimas dos décadas del siglo XIX, a mayores logros en la mesa de negociación, el Mapa Bertres viró en un inconveniente vergonzoso para Bolivia. Ella se propuso darle un silencioso responso por medio de un mapicidio. Fue discreta política oficial identificar, adquirir y destruir cada copia disponible del Mapa Bertres. Cuanto antes se lo relegara al olvido, tanto mejor. Para alivio boliviano, el Mapa Bertres seguiría siendo desconocido en el Paraguay por un tiempo más.

A pedido de Asunción, en 1901, el ministro plenipotenciario Pedro P. Peña obtuvo en préstamo la única copia sobreviviente del Mapa Bertres de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro. Fue autorizado a contratar un copista cartógrafo profesional a un costo superior a dos contos dos reis (dos millones de reales). Y orgulloso de su hazaña, envió la copia a Asunción. En la disputa por el Chaco, el Paraguay había tomado posesión de un claro as.

Entre golpes, revoluciones y cambios de gobierno, Peña concluyó su misión en Río de Janeiro sin devolver el original a la Biblioteca. Una década más tarde, el Brasil seguía exigiendo la reposición, sin mucha suerte, por intermedio del irascible Juansilvano Godoi, que aprovechó para acusar a Peña también de malversación.

Enfrentado a un documento oficial tan elocuente, Bolivia ensayó explicaciones como que la recta a partir de Bahía Negra no era realmente internacional sino interna, sin mucha persuasividad.

Al callar los mapas, roncaron los cañones. Desangrados ambos países en tres años de guerra y otros tres de puntillosas negociaciones, la línea divisoria final no fue muy dispar a la de Bertres, no lo suficiente para justificar 100.000 muertos, economías en ruinas y la reconstrucción retardada al quedar la política secuestrada por los cuarteles.

La copia en blanco y negro del mapa repudiado por Bolivia permaneció atesorado en los Archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay; más del original en colores hasta hoy no se tiene noticias.

Textos y fotos: Ricardo Caballero Aquino rcaballeroa@gmail.com