“La perla del Caañabé” o la “Capital del poyvi”, como llaman a Carapeguá, busca reinventarse en este momento de la pandemia luego de sufrir los rigores de los siete meses de cuarentena.
Fundada en 1725 por el gobernador español Martín de Barúa, la ciudad mantiene sus aires de antaño con el avance de la “modernidad”, a veces malentendida, a la vera de la ruta PY01 en el departamento de Paraguarí y busca afanosamente mantener sus tradiciones que vienen de la época colonial.
Margarita Miró Ibars asegura que la artesanía tradicional paraguaya “es la fusión de la artesanía guaraní con la española (…), la que es utilizada por el pueblo mestizo y que sobrevive hasta principios del siglo XXI”. Carapeguá conserva casi intacta esta tradición con sus técnicas y materia prima.
La historiadora Ana Barreto Valinotti comentó en su Twitter que el pasado fin de semana llegó hasta este poblado: “Fui a Carapeguá buscando tapetes, y la vendedora también me ofreció el mantel abuela de ¡lienzo tejido a mano! Y encaje ju. El mantel de 2 metros y 6 servilletas me costaron G. 170.000. ¿Por qué de la abuela? Pregunté. Porque lo hacen 2 abuelas, me respondieron”.
El llamado mantel abuela es una de las confecciones ancestrales de este distrito así como las colchas de tejido liso modelo rombo, que lastimosamente van desapareciendo, no solo por la presencia de la pandemia del covid-19, sino también por el costo que representa su confección y porque casi no tiene mercado, comenta la artesana Saturnina Silva.
Pero esta gente laboriosa sabe que hay que plantarse ante la crisis con la palabra que se ha puesto de moda: “reinventarse”.
Anteriormente, los carapegüeños solo se dedicaban a la confección básica de sus tejidos tradicionales con los que preparan sus colchas, ponchos, manteles, pero este año debieron ingeniarse para sobrevivir preparando novedosos productos que le den valor agregado a su artesanía local y puedan generar ingresos.
“Quiero agregar que en el breve paseo no soló encontré el mantel, sino tapetes, hamaca y colchas. La colcha (G. 35.000) compré de un negocio en el que me llamó la atención la reja de su puerta, 1900, y el verdeagua de su interior. Queda en paralelo a la ruta PY01. El tapete carapegüeño es ideal para las entradas; cuestan entre 12.000 y 20.000 guaraníes. Las hamacas varían de acuerdo a la cantidad de hilo que llevan y a lo ajustado de la trama. Si pueden, vayan a Carapeguá”, siguió comentando la historiadora en su red social, despertando curiosidad.
La artesana Limpia Parra explica que los carapegüeños aprendieron de sus antepasados. Por eso, ella y su hermana Miguela Parra Silva consideran que el mantel abuela es una herencia de conocimiento de incalculable valor que recibieron de su madre, que a su vez lo aprendieron a confeccionar de su mamá. La abuela de ambas artesanas, a su vez de su madre (bisabuela) aprendió la habilidad de tejer y bordar, y se va transmitiendo así de generación a generación hasta llegar a la actualidad.
En Carapeguá se considera que hace más de 150 años el mantel abuela era confeccionado solo por la familia Parra. Siguiendo la tradición de sus antepasados, las hermanas Limpia y Miguela Parra Silva ahora lo siguen elaborando, aunque también suman otros artículos del mismo tejido como toallitas y camineros.
El mantel abuela lleva tres tipos de hilos Nº 1, 2 y 3. Se prepara la tela en el rústico telar y luego se realiza el tejido del encaje ju, puntilla o fleco que se les agregan.
Taller doméstico
Los artesanos que trabajan desde sus casas han buscado la forma de reinventar la artesanía innovando sus productos y de esa forma ofrecer diferentes alternativas en el mercado. En muchos de los vetustos y rústicos telares en los que se urdían solo los tejidos para ponchos, hamacas, colchas de hilo, de punto y poyvi, ahora también ven el nacimiento de otros géneros artesanales.
Conscientes de que reinventarse es la única forma de sobrevivir, las mujeres comenzaron a idear objetos que vuelvan más atractiva la producción carapegüeña artesanal, en muchos casos la única salida laboral de miles de familias.
Durante la pandemia, unas 30 personas que se dedicaban a confeccionar exclusivamente las colchas, ponchos y hamacas, además de bordar y colocarles flecos, habían quedado sin actividad, lo que se va multiplicando en gente afectada indirectamente.
“Los artesanos tejen y quienes se dedican a la venta de los productos son los que tratan de ingeniarse y ver qué pueden producir para seguir sosteniendo nuestra artesanía”, explica Catalina Marín, una de las confeccionistas de prendas y artículos utilitarios.
Una buena forma que hallaron para revalorizar la artesanía, como en el caso de las colchas de hilo, es el preparado de camineros con portaplatos, tapetes, mochilas y también cortinas con el mismo tejido.
Del encaje ju, además comenzaron a confeccionar almohadones decorativos. De los tejidos para faja ahora se preparan monederos, porta notebooks y los calzadistas también ya incorporaron el tejido en sus sandalias o calzados deportivos, artesanía que incluso revaloriza esta labor.
En vías de extinción
Innovarse es la única salida que tiene el creador carapegüeño si quiere sostener la producción artesanal. La gran mayoría de los pobladores de las compañías se dedican a la confección de los productos artesanales utilizando el telar rústico.
Sin embargo, el problema de la extinción de algunos rubros se da porque su preparación representa demasiado costo y tiempo. A ello se suma que poca gente quiere pagar lo que realmente vale el producto. Y este precisamente es el caso del mantel abuela, una de las icónicas artesanías de esta zona, para cuya fabricación la artesana debe, primero, obtener la tela confeccionada en el telar rústico, luego tiene que trabajar en el hilvanado y completar con la puntilla especial. Con el agregado de encaje ju se completa el proceso.
En similar situación del mantel se encuentra la colcha con moldes de rombo que dejó de confeccionarse porque lleva muchísimos hilos de diferentes colores. Como se trata de otro de los productos ancestrales cuyo preparado se ha transmitido de generación a generación, ahora están queriendo recuperarlo para producir bolsones, individuales y tapetes, explica la responsable del Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), Carmen Zárate.
“Se está viendo la posibilidad de recuperar esos productos ancestrales, que forman parte de la identidad cultural de nuestro pueblo. Estamos buscando la forma de rescatar esta herencia de nuestros abuelos para que no se pierdan y se puedan transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones” continúa.
En este momento de la pandemia, los artesanos proporcionan la materia prima como son las colchas de poyvi, de hilo, de punto, encaje ju, lienzo y cada quien le da nueva vida y forma plasmando sus propias ideas y se ingenian para venderlas.
Los precios son accesibles y los productos se pueden conseguir desde unos G. 15.000, que es lo que cuesta una servilleta, hasta hamacas, colchas, y más de 40 productos de varios precios que ya se vienen manufacturando en el distrito.
Los artesanos ahora necesitan más apoyo de las instituciones responsables, pues ellos están dispuestos a sacar a flote esta industria artesanal que identifica a toda una comunidad. Para ello están dispuestos también a incorporar nuevos sistemas de ventas, especialmente el envío de productos a través de encomiendas.
[el dato]
Se calcula que unas 11.000 familias de Carapeguá dependen directa e indirectamente de la actividad artesanal.
Macateros y encomiendas
Los famosos macateros de Carapeguá salvaron las ventas durante este tiempo de encierro. Es una profesión muy asociada a la artesanía carapegüeña.
Doña Marcelina Silva vda. de Parra es una de las primeras mujeres que llevaban sobre su cabeza en una bolsa las colchas y hamacas y a pie llegaba a Paraguarí. En la estación abordaba un tren con destino a Asunción para vender sus productos artesanales.
Otros artesanos lo hacían a caballo y luego ya aparecieron los motociclistas. Estos vendedores ambulantes ofrecen los productos a crédito, incluso, y al contado a nivel país.
Durante la pandemia surgió una nueva modalidad de ventas que es el envío de encomiendas, explica Limpia Parra.
/más info/
Se puede contactar con los artesanos a los teléfonos: (0976) 138-445, (0983) 792-933, (0971) 709-887,
(0982) 653-190 y (0981) 800-267.
Texto y fotos: Emilce Ramírez emramirez@abc.com.py
Fotos: ABC Color/Silvio Rojas.
