Un selfitismo galopante expone el narcisismo digital que consiste en tomarse, a diario, un gran número de selfis para compartir en las redes sociales; muchas veces son fotos de momentos de increíble intimidad a la pesca de muchos me gusta. La nueva religión es el culto a la propia imagen.
El término narcisista se inspiró en el bello y vanidoso Narciso, personaje de la mitología griega incapaz de amar a otras personas, que murió ahogado por enamorarse de su propia imagen, al verse reflejado en las aguas de un río. El concepto fue reinterpretado por Freud, quien describió el narcisismo como una patología. Luego, el sociólogo Christopher Lasch se refirió al narcisismo como la enfermedad en norma cultural. Concluyó que la neurosis y la histeria de principios del siglo XX cedieron el paso al culto al individuo, a la búsqueda fanática del éxito personal, la fama y el dinero.
El desorden narcisista de la personalidad sigue un patrón general de grandiosidad, necesidad de admiración y carencia de empatía. Resaltan la autopromoción, la búsqueda de fama a cualquier precio, la veneración del cuerpo y el uso de la cirugía para frenar el envejecimiento. No todos los que se toman una foto y la publican son narcisistas. Sin embargo, hay estudios que indican que las redes sociales pueden modificar la personalidad.
El narcisismo proyecta una sombra siniestra sobre la democracia. El narcisista no siente empatía y tiene problemas para interactuar con los demás. Y justamente en eso se fundamenta una democracia. Los filósofos griegos insistieron en que una deliberación sana sobre el bien común requiere que los ciudadanos trasciendan su interés privado para convertirse en lo que Aristóteles llamó animales políticos. Pero hoy surge una dinastía de políticos narcisistas como Bolsonaro en Brasil o Trump en Estados Unidos; megalómanos, arrogantes, que con discursos exaltados convencen a mucha gente pese a su egolatría ridícula. En otras ocasiones el comportamiento puede ser más sutil y a veces más dañino. Es ese ser narcisista cercano que exige una atención extrema a sus comentarios y problemas; si no lo consigue se autodefine especial, diferente a los demás y se queja porque no recibe el respeto y la aprobación que se merece. Desconoce sentimientos positivos como amor, valentía, respeto, lealtad, empatía, amistad, solidaridad. Y tiene muy pronunciados los sentimientos negativos: la ira, el rencor, la envidia, el resentimiento, el enojo, etc. Alerta que todos podemos estar desplegando muchas de esas conductas de la personalidad narcisista, y es posible que ni siquiera estemos dándonos cuenta.