La canasta mecánica

TRAMPAS Y VENTAJISMOS --En democracia existe la tolerancia positiva entre las personas, que motiva el respeto a la diferencia de ideas, de opinión, de creencias, etc. Lo que pasa es que también se admite una tolerancia negativa, que acepta como si fuera normal que haya gente corrupta que actúa en contra de la ley. Esto afecta los cimientos de la convivencia democrática.

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La canasta mecánicaArchivo, ABC Color

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El tramposismo hace de lo incorrecto su forma de vida, lo promueve y se burla de quienes actúan correctamente. En cambio, una persona correcta que alguna vez no respeta las normas, se sentirá mal, se arrepentirá y procurará no volver a hacerlo en el futuro.

La persona ventajista atenta contra la cultura ciudadana y se aprovecha de los demás. Lo hace cuando viola la ley cada vez que tiene oportunidad y también cuando se cuela en la fila o se queda con un vuelto que no le corresponde.

El ventajismo político tiene su lista que se presenta en todas las elecciones y siempre gana. Todo contexto electoral se desenvuelve en una determinada cultura política y se conforma por intermedio de prácticas consolidadas o recurrentes sostenidas a través del tiempo. Es lamentable observar cómo, desde las instituciones estatales, surgieron prácticas que lesionaron y lesionan los derechos políticos de una ciudadanía real o potencial.

La compra de votos, la compra de cédulas, la violencia, el fraude, el voto cantado, el hurrerismo clientelista, sumado a un conjunto infinito de trampas conforman el contexto en el que se desarrolla nuestra contienda electoral. Hace tiempo que venimos atravesando una crisis económica que también es política, y sobre todo moral.

El ventajismo se apodera del proceso electoral e ignora la normativa de los comicios; por eso todo acto de gestión se transforma en un acto político para promocionar a los candidatos y se comienza la campaña mucho antes de lo permitido.

Con el correr del tiempo comprobamos que una cosa es la regularidad técnica de los comicios y otra muy distinta es la cultura política en la que estos operan. Hace falta combatir la tolerancia negativa porque deteriora los valores y principios que permiten una convivencia armónica y respetuosa. Si esto no se frena se corrompe la convivencia democrática y la hipocresía social se instala, al asumir que se están respetando normas sociales sabiendo que hay personas que las violan.

Son muchos los actores políticos que ignoran la norma y no la cumplen. Se necesita un cambio mental en favor de la honestidad que acompañe al marco legal. Es aquí cuando los partidos políticos deberían conformar un espacio de diálogo que trascienda lo electoral, para conseguir un verdadero cambio en las prácticas de la cultura política.

Se precisa de sujetos democráticos que operen con prácticas políticas legales en un marco electoral transparente y equitativo. Las instituciones estatales cumplen una función central en esta tarea. Sin embargo, también se necesita una ciudadanía activa, organizada y honesta, para que tanto las instituciones del Estado como los actores políticos instalen en sus agendas estos desafíos urgentes.

carlafabri@abc.com.py

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