Democracia es Memoria (I)   La Guerra Civil de España

Belchite, un pueblo en ruinas durante la Guerra Civil Española.
Belchite, un pueblo en ruinas durante la Guerra Civil Española.

La Guerra Civil de España, de Georges-Roux.    Madrid, Ediciones Cid, 1964. Se cumplió medio siglo de la muerte del generalísimo Francisco Franco, considerado por él mismo como “caudillo de todas las Españas”. En su momento, fue el general más joven de Europa y, aprovechando el desbarajuste de la Guerra Civil y la fallida república española, se hizo del poder vitalicio por casi cuatro décadas. Reseñamos un libro sobre esa guerra civil con todos los antecedentes.  

Originalmente publicado en francés por la librería Artheme de París, la traducción se la debemos a Felipe Ximénez de Sandoval, quien en el prólogo describe al autor como un amigo de España, un amigo con los ojos abiertos, no un enamorado ciego.

El libro se divide en seis partes organizadas cronológicamente desde los orígenes (1931-1936) hasta la decisión (1938-1939), dejando la sexta y última para analizar las consecuencias.

La guerra civil española fue multifacética. Para algunos, fue un adelanto de la Segunda Guerra Mundial con sus sangrientos enfrentamientos ideológicos que pusieron en escena los principales totalitarismos, la derecha del general Francisco Franco y la izquierda marxista, considerada como sinónimo del republicanismo.

El conflicto desafió a todo Occidente y cada país no se limitó a un rol de observador, sino que indirectamente participaba de batallas, acuerdos, desacuerdos y conflicto letal.

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Hitler y Mussolini contribuyeron con su naciente poderío bélico en la forma de soldados, buque de guerra, apoyo de espionaje y hasta combatientes sin uniforme.

Francisco Franco, en un sello postal español.
Francisco Franco, en un sello postal español.

La Unión Soviética, por su parte, vio una rendija que le permitiría expandir su sistema de gobierno y la esperanza de una revolución inevitable en el oeste de Europa. Contribuyó con fondo, armas, soldados, espías voluntarios y adoctrinamiento marxista reclutando bohemios, artistas y sazonados guerreros.

Hasta los EE.UU. envió una brigada de jóvenes idealistas conocida como la Brigada Lincoln, cuyo más destacado exponente fue Ernest Hemingway, que contribuía a la propaganda con excelentes artículos periodísticos.

En su análisis, Roux comienza por describir al monarca: “En la primavera de 1931 reina en España Alfonso XIII. Es un hombre de 46 años, alto, delgado, moreno, deportista. Su inteligencia es media, y su carácter más bien débil, fácilmente influible. Tiene buen corazón y espíritu recto. Como todas las personas de su época, es naturalmente liberal”.

Este Borbón, descendiente de una antigua raza, es un aristócrata, escéptico en el fondo; su sonrisa un poco melancólica, siempre tiene algo de desilusión.

Intentó aplicar a su país el juego de un parlamentarismo copiado del que se practicaba en Occidente, en el que tampoco creía demasiado, considerándolo una costumbre seguida como una moda.

Alfonso XIII.
Alfonso XIII.

Alfonso XIII disuelve en 1923 las Cámaras decididamente impotentes. Llama a un militar político, antiguo senador, el general don Miguel Primo de Rivera, y le encomienda la presidencia del Gobierno, con poderes que desbordan del marco constitucional.

Es una semidictadura, más ruidosa que violenta. Al cabo de algún tiempo se advierte que las cosas no han mejorado. El 30 de enero de 1930, el rey despide a su general. (Pág. 19)

La economía está atrasada, la condición social generalmente es mala. La aristocracia dominante se ha mostrado muchas veces políticamente deficiente. La burguesía participa poco en los asuntos públicos. El proletariado, desdeñado, se ha ido agriando. España se hunde en la rutina.

El país, a falta de grandes riquezas naturales, posee magníficos recursos humanos. Por ello, su decadencia parece injustificada a los intelectuales, la mayor parte de las cuales se encuentran en la oposición.

Pocos se han declarado todavía abiertamente republicanos, aunque muchos ya se han unido al escritor Ortega y Gasset, espíritu ilustrado, quien condena cierta concepción de la corona. La concepción estática.

El 12 de diciembre de 1930, en la ciudad de Jaca, estalla una insurrección militar acaudillada por el capitán Galán, oficial perteneciente a los medios de extrema izquierda. Muy localizada, es dominada rápidamente.

Otra vista de Belchite la ciudad fantasma en ruinas tras la Guerra Civil Española.
Otra vista de Belchite la ciudad fantasma en ruinas tras la Guerra Civil Española.

Alfonso XIII se da cuenta de la necesidad de introducir reformas. El 17 de febrero de 1931, encarga la formación de un nuevo gobierno al almirante Juan Bautista Aznar, a quien considera partidario de una política de conciliación.

Se procederá a unas elecciones municipales. Será el primer paso. Y se convocan las elecciones para el domingo 12 de abril de 1931 (pág. 20).

En un principio las cifras parecen dar satisfacción al poder establecido. Pero se advierte que los votos leales proceden de los pequeños municipios en donde los caciques locales han podido presionar a los electores; en cambio, casi todas las grandes ciudades han emitido en masa sus votos hostiles.

De las cincuenta capitales de provincias, cuarenta y cinco se pronunciaron en contra del régimen, por mayorías abrumadoras. En Barcelona –escribe el corresponsal del News Chronicle– la gente se abraza en las calles, cantando La Marsellesa, y sacan banderas republicanas.

En todos estos actos multitudinarios, la policía brilló por su ausencia.

Lo que parecía una medida paliativa, en cuanto a las elecciones municipales, se convirtió en un detonante de un movimiento mucho más amplio que buscaba derrocar a la propia monarquía, y esta no pudo resistir las movilizaciones populares.

El autor, Roux, no deja de mencionar un episodio aparentemente insignificante pero que el otorga personería. Cita al periódico Le Temps, con estas líneas: “Parece que lo que acaba de pasar en Madrid estaba previsto por los Jesuitas, quienes, recientemente, habían trasladado a Roma sus archivos”.

A todos sorprendió Alfonso XIII con una inconmovible serenidad, que para el autor parece indiferencia; estaba claro, a dos días de las elecciones, que el Rey abdicaría del poder sin demostrar mayormente disgusto.

Una escena durante la Guerra Civil Española.
Una escena durante la Guerra Civil Española.

La población esperaba que el rey defendiera su trono. Y en Madrid hubo manifestaciones multitudinarias a favor de su permanencia. Y también demostraciones críticas que, al volverse violentas, exigieron disparos de la Policía para imponer el orden. Sin embargo, en Barcelona, solo era visible el abierto flamear de los colores republicanos. Lo mismo ocurrió en Zaragoza, Córdoba y Almería.

El rey no desea –en sus palabras– “una lucha fratricida” ni “hacer correr sangre española”, prefiere “partir”.

El rey Alfonso XIII finalmente dimite y sale del Palacio de los Borbones por la puerta que da al Campo de Marte.

Deja a la esposa y a los hijos en Madrid y el aborda el buque Príncipe Alfonso, que leva ancla y se dirige a las costas de la Provence francesa. Antes de partir, en respuesta a la multitud que coreaba “¡Viva el rey!”, Alfonso XIII respondió: “¡Viva España!”.

El 14 de abril, España se acostó monarquía y el 15 se levantó república. Un comité revolucionario se convirtió en gobierno provisional de la república española.

Los republicanos se jactan de haber logrado una hazaña que les había sido denegada a Inglaterra, a Francia, a los Estados Unidos y a Rusia: “Una revolución pacífica”.

Con completa euforia se procedió a la elección de un presidente provisional.

El filósofo Ortega y Gasset afirmó que solo le preocupaba una cosa: “que la república sea alegre”. El día 15, el Gobierno provisional eligió presidente a Niceto Alcalá Zamora, un andaluz de 69 años, reputado abogado y culto burgués, conocido por su elocuencia y generosidad.

Era católico y había sido ministro liberal de la monarquía.

Otro miembro católico en el gabinete es Miguel Maura, líder conservador de derecha que asumió la crítica cartera de Gobernación.

En Guerra fue Manuel Azaña, reconocido intelectual de izquierda, ferozmente anticlerical y muy inteligente, pero extremadamente sectario. En Hacienda asumió Indalecio Prieto, socialista, rico nada doctrinario y sin prejuicios. En Marina fue Casares Quiroga, muy amigo de Azaña. En el Ministerio del Trabajo, Francisco Largo Caballero, un socialista de espíritu abierto que en algún tiempo colaboró con la dictadura de Primo de Rivera.

Mapa de España localizando la capital, Madrid.
Mapa de España localizando la capital, Madrid.

En asuntos Exteriores estuvo Alejandro Leroux García, pintoresco jefe del partido radical, de pasado turbulento con episodios como sacristán, crupier, proxeneta y agitador revolucionario.

Lo peculiar de este gobierno es que no tenía en sus filas un solo general.

Se trataba de un gabinete de intelectuales puros, pero de escasa experiencia administrativa y absoluta ignorancia de las complejidades de la dirección de asuntos públicos.

Llegan al poder con ideas que piensan llevar a la práctica.

Pretende sustituir la concepción unitaria por la federalista. La necesidad es clara, pero el esfuerzo podía ser prematuro.

Cataluña estaba más interesada en una república individual y exige reconocimiento de su independencia. No la consigue, pero obtiene una autonomía, muy peculiar.

Lo que este gobierno de amateurs políticos no encara con la seriedad debida sería la relación entre el régimen y la Iglesia.

Desde la reconquista de la cristiandad sobre el Islam, ocho siglos atrás, y luego el liderazgo de la contrarreforma hizo de España un reino “empapado de catolicismo”.

Al principio no surgieron muchas dificultades, la mayoría de los obispos no opuso resistencia a la república.

Los prelados habían tendido la mano a los republicanos, pero estos, muchos de ellos anticlericales convencidos, no la tomaron inmediatamente.

Para el 24 de abril, el órgano gubernamental El Liberal afirma que sería ingenuo aceptar sin reservas la aparente adhesión del clero pues solo pretenderían fingir someterse con el objetivo verdadero de combatir con más comodidad al régimen.

beagbosio@gmail.com