Hay decisiones que cambian la vida. Algunas nacen de la casualidad; otras, de un sueño que lentamente toma forma hasta volverse inevitable. Para Facu Argaña, el rugby siempre fue más que un deporte: fue una herencia familiar, un lugar de pertenencia y, con el paso del tiempo, una puerta abierta al mundo.
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Hoy, con apenas 24 años, el apertura paraguayo vive en Limerick, Irlanda, donde combina sus estudios de inglés con su actividad deportiva en el UL Bohemians, un club con tradición dentro del rugby irlandés. Su historia, sin embargo, comenzó muchos años antes, cuando era apenas un niño que acompañaba a su padre a la cancha.
—¿Cómo se dio tu inicio en el rugby?
—Fue gracias a mi padre, él siempre me llevaba a ver los partidos a la cancha o veíamos en la tele. Ahí le agarré cariño al deporte y decidí ir a los once años por primera vez al Curda. Arranqué jugando en la M12 de los buhitos.
Los compañeros, hoy en día amigos, me recibieron superbien desde el día uno. Desde entonces, el rugby se convirtió en un espacio donde se forjan amistades y valores que trascienden el resultado de un partido. Esa conexión profunda con el juego es la que mantiene viva la motivación de quienes lo practican.
—¿Qué es lo que más te apasiona del deporte?
—Me apasiona la adrenalina que sentís al jugar, cada partido es diferente al otro. Verle a tu compañero de equipo dejando todo en la cancha para conseguir el mismo objetivo es algo que no tiene comparación, creo que eso también es uno de los motivos de que seamos tan amigos dentro y fuera de la cancha. Como muchos chicos paraguayos, antes de dedicarme de lleno al rugby probé suerte con otros deportes. El fútbol, incluso, estuvo muy cerca de convertirse en el primer camino competitivo.
—¿Practicás o ves otro deporte? ¿Cuáles?
—Antes, de chico, practicaba fútbol en el colegio y me llegué a ir a la escuelita de Olimpia. (Era el 9 goleador, jaja). Llegué a practicar casi todos los deportes, me encantan todos, también hice mucho tiempo natación. Hoy en día ya no practico otro deporte que no sea el rugby, pero juego recreativamente. Y en la tele sí veo casi todos los partidos de fútbol y los de Olimpia. Mi crecimiento deportivo se dio principalmente en el Club Universitario de Rugby de Asunción (Curda), una de las instituciones más tradicionales del rugby paraguayo.
—¿Hasta cuándo y dónde jugaste rugby en Paraguay?
—En Paraguay jugaba en el Curda (Club Universitario de Rugby de Asunción). Jugué ahí hasta el final de la temporada del año pasado. Pero el deseo de crecer y vivir nuevas experiencias me llevó a tomar una decisión valiente: dejar mi zona de confort y apostar por el desafío de jugar en el exterior.
—¿Cómo se dio tu paso para ir a Irlanda?
—Mi paso para venir a Irlanda se dio más que nada por una iniciativa propia, quería tener la experiencia de jugar y vivir en el extranjero. Con la ayuda de mi padre nos empezamos a mover y mediante gente amiga del rugby europeo pudimos establecer contacto.
Ahí preparé mis videos y CV deportivo para mandar al club, por suerte me aceptaron y desde ahí inicié conversaciones directas con el director deportivo de UL Bohemians, que es mi club actual. La llegada a un país nuevo siempre implica adaptación: idioma, cultura, clima y una rutina completamente distinta. En Limerick el entorno sorprende por su hospitalidad.
—¿Cómo es tu día a día básicamente en Irlanda, en qué ciudad estás, dónde entrenas?
—Estoy viviendo en la ciudad de Limerick, Irlanda. Mi día arranca más a menos a las 7:30 de la mañana, me preparo para ir a las clases de inglés, que son de lunes a viernes de 9:00 a 12:30. De ahí, por ahora, voy directo a mi casa a prepararme el almuerzo. Y los lunes, martes y jueves tengo entrenamiento a las 19:00 en el campus de la universidad de Limerick, que tiene una infraestructura impresionante. Fue nombrada anteriormente mejor campus de Europa. Los fines de semana son los días de partidos, pueden ser sábados o domingos. La experiencia internacional también permite reencontrarse con otros latinoamericanos y, por supuesto, con compatriotas.
—¿Conocés a otros compatriotas o latinos?
—En la escuela en la que estoy estudiando inglés hay mucha gente latina, y entre ellos compatriotas paraguayos. También me recibieron superbién, hasta me invitaron tereré. Más allá de los resultados deportivos, creo que este viaje es también una experiencia de crecimiento personal.
—¿Cuáles son tus sueños como deportista?
—Un sueño que tengo pendiente es salir campeón con el Curda del NEA (torneo del noroeste argentino). A pesar de eso, trato de disfrutar la experiencia, el hecho de salir de mi zona de confort siento que me va a ayudar mucho a mejorar como persona y como profesional. Así el día de mañana poder aplicar todo lo que estoy aprendiendo en mi día a día, ya sea en el deporte, en el trabajo, en mi familia o en la vida en sí. Debemos reconocer que el rugby paraguayo todavía tiene desafíos por delante para lograr mayor competitividad y proyección internacional.
—¿Cómo podrías describir al rugby en Paraguay? ¿Qué le faltaría para que más paraguayos salgan al exterior?
—El rugby paraguayo creo que no está pasando por su mejor momento. La liga paraguaya no tiene mucha competencia, hay dos clubes que destacan por sobre el resto.
Por suerte esos clubes tienen la posibilidad de competir en Argentina en un nivel más alto. Pero, a la vez, eso hace que el resto de los clubes se queden uno o varios pasos atrás. Para mejorar creo que los demás clubes deberían de tener también la posibilidad de jugar esos torneos en la categoría que sea, para conseguir el roce con equipos superiores y, poco a poco, acortar esa brecha que existe con el Curda y el San José. Creo que eso también alentaría a que más personas se interesen por el rugby y el día de mañana tener una liga más competitiva.
—¿Cómo te recibieron los irlandeses?
—Los irlandeses sinceramente me sorprendieron, son muy amables conmigo. Me tienen bastante paciencia para que yo les entienda y también para que ellos me entiendan. Son gente muy amable y servicial. Algo que me sorprendió al venir de Asunción es que acá la gente se saluda en todos lados, no importa si te conocen o no, igual te saludan. Y es algo que hoy en día ya lo tengo incorporado, pero al comienzo me sorprendió.
—¿Quiénes en el deporte te inspiran, algún ídolo o referente local y otro internacional?
—Si tengo que hablar deportivamente, creo que un referente en mi club y en el rugby paraguayo es Martín Pineda. Y a nivel internacional me gusta mucho cómo juega Finn Russell (apertura de Escocia).
—¿Fuera del deporte cuáles son tus pasatiempos?
— Fuera de la cancha, la vida sigue con pequeñas rutinas y gustos simples. Me gusta mucho ir descubriendo cafés y probando sus cosas dulces (soy muy dulcero, jaja). Y también, más que nada, compartir tiempo con mi novia, mi familia o mis amigos.
—¿Cómo se compone tu familia?
—Mi familia está compuesta por mi papá (Manuel Argaña), mi mamá (Florencia Chiappetta), mis dos hermanas mayores (Sol y Paulina Argaña) y Haas, nuestra perrita.
—¿Te dedicás a algún estudio por allí?
—Estoy terminando mis estudios en la Universidad Americana (Administración de Empresas). Actualmente no estoy trabajando acá en Irlanda, pero en un futuro cercano seguro ya empiezo a buscar para sumar también esa experiencia a mi currículum para el día de mañana.
—¿Qué significa para vos representar a Paraguay en
otro país?
—Es un orgullo ser el primer jugador de rugby paraguayo en Limerick, Irlanda. Además, siento como una responsabilidad, pero lo disfruto día a día.
—¿Algún mensaje o consejo que quieras dar a aquellos que quieren seguir tus pasos?
—Más que nada que se guíen por lo que sienten, que les va a hacer bien y felices. No todo es color de rosa al salir del país, es un proceso difícil, el estar lejos de tu familia, amigos, el idioma, el clima, etc., pero creo que es una experiencia que todos debemos proponernos realizar, pues te hace crecer como persona y como profesional.
En las tardes frías de Limerick, cuando el entrenamiento termina y el silencio vuelve a la cancha, Facundo probablemente piense en Asunción, en aquellas primeras corridas con la camiseta del Curda y en el niño que un día decidió seguir a su padre a la cancha. Hoy ese mismo niño está a miles de kilómetros de casa, pero con el mismo espíritu intacto.
Porque en el rugby –como en la vida– el verdadero viaje no siempre se mide en kilómetros, sino en el coraje de animarse a avanzar hacia la próxima jugada. Y Facundo Argaña, con el balón ovalado entre las manos y el corazón puesto en Paraguay, todavía tiene muchas páginas por escribir en esta historia