El monasterio de San Millán de Yuso comenzó a ser construido en el año 1053 por orden del rey García Sánchez III de Navarra. Se halla en San Millán de la Cogolla, población de la comunidad autónoma de La Rioja, España, cerca del otro monasterio del conjunto, llamado Suso, en medio de un paisaje de imponente belleza.
El rey navarro era devoto del santo Millán (472-573) o san Emiliano de la Cogolla. Su nombre original en latín fue Aemilianus, que derivó luego en el español medieval Millán. El monasterio de Yuso (que en latín significa “el de abajo”) es gemelo del monasterio de San Millán de Suso (que quiere decir “el de arriba”). Ambos están a poca distancia uno del otro.
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En ambos monasterios se desarrolló una vasta labor bibliográfica y lexicográfica en el medioevo, todavía en latín. Eran los tiempos previos a la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg. Los libros —denominados códices— eran escritos a mano con la primorosa caligrafía de los monjes.
Allí se notó la “presencia de los primeros testimonios escritos patentes de las formas y frases romances que nutren tan satisfactoriamente el capítulo del español primario y que inauguran así la rica historia de la lengua española”. Así reza la introducción del libro El monasterio de San Millán de la Cogolla, de Javier García Turza, profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de La Rioja.
En San Millán de la Cogolla aparecieron las llamadas Glosas Emilianenses, que son breves apuntes al margen en el Códice Emilianense 60. Lo de emilianense proviene del nombre original latino del santo, Emiliano, que se transformó luego en Millán, tal como se lo conoce hoy. El códice está escrito en latín, y los apuntes están en esa misma lengua, en una parte; en otra, en lo que se llamaría iberorromance (precedente del español) y en otras líneas, en una variedad local del euskera.
El Códice Emilianense 60 data de finales del siglo IX y comienzos del siglo X, y las Glosas Emilianenses; es decir, los apuntes en su margen, serían de finales del siglo X. Este documento liga definitivamente a la comunidad autónoma de La Rioja con el idioma español en su forma primitiva. Esta lengua se iría desarrollando luego en las regiones cercanas, como el reino de Castilla.
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Ya en la era medieval más avanzada, otro riojano contribuyó de manera notable con la conformación del español culto, Gonzalo de Berceo (1196-1264). Berceo es una pequeña villa cerca de San Millón, donde también había nacido este santo. Gonzalo fue, asimismo, monje del monasterio de San Millán de la Cogolla.
Las Glosas Emilianenses fueron descubiertas en 1911, en el monasterio de Yuso, y las autoridades españolas ordenaron que fueran remitidas a la sede de la Real Academia de la Historia, en Madrid, donde permanecen hasta hoy. En San Millán de la Cogolla quedó una copia fiel. Los riojanos —sobre todo a través de la Fundación San Millán de la Cogolla— no cejan en sus intentos por recuperar ese tesoro lingüístico que ellos afirman les pertenece.
La biblioteca del monasterio
El monasterio de San Millán de la Cogolla, Yuso, es arquitectónicamente una maravilla del arte gótico que combina con otros estilos agregados armónicamente hasta el siglo XVII. Pero quizá su tesoro mayor es su biblioteca, que guarda tesoros bibliográficos en distintas disciplinas, desde medicina hasta cartografía, pasando por filosofía, diccionarios y otros. Algunos de esos tesoros —incunables— datan del siglo IX y están en perfecto estado de conservación, totalmente legibles. Las hojas están hechas de piel de cordero nonato. Este material ha vencido al paso del tiempo.
El prior José Ramón, superior del convento, nos exhibió varios volúmenes de la biblioteca. Entre ellos, algo sumamente llamativo del tiempo de la Inquisición, el temido tribunal religioso cuya fundación data de inicios del siglo XII.
Por ejemplo, un texto de Erasmo de Rotterdam censurado por un inquisidor que dejó constancia de los pasajes censurados y firmó su informe. El prior José Ramón adujo que la Inquisición no acostumbraba a quemar libros, sino a censurarlos, tachar pasajes y dejar expresa constancia de por qué los censuraba.
Otro tesoro admirable de la biblioteca de San Millán de la Cogolla es su índice cartográfico, con mapas de diversas partes del mundo elaborados entre los siglos XVI y XVII y que tienen una asombrosa precisión.
La Rioja, la tierra del gran vino y de las letras, con su acogedora capital, Logroño, contiene maravillas que nutren el espíritu y el intelecto. Ahí comenzó a escribirse, con las Glosas Emilianenses, nuestro idioma español, rico, creativo y expresivo. La segunda lengua madre más hablada en el mundo, luego del chino mandarín. El idioma en que nos expresamos, con asertividad y jerarquía estética, más de 600 millones de personas en todo el planeta.
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