Vanitas, término latino que traducido como vanidad en castellano, se refiere al vicio maestro o al comienzo de todos los pecados, como rezan los clásicos.
Vanidad, envanecimiento, jactancia, vanagloria, soberbia, engreimiento, altivez, altanería, presunción, orgullo, petulancia, pedantería, fatuidad.
La vanidad es una forma de vanagloria que alude a lo efímero del momento y a la vanidad del género humano. Es, en definitiva, el orgullo de la banalidad.
Escribimos y publicamos porque nos interesa la existencia. Como dice Pessoa: “Escribo porque el mundo no basta”. Eso puede provocar cierta satisfacción, pero en exceso genera un orgullo fuera de lugar.
La escritura, este ejercicio más bien lento, cuestiona el lado vano de las cosas e intenta atrapar el valor de la palabra y la creación. Procura negar la vacuidad y sentir que cada palabra puede albergar una nueva dosis de utilidad y resplandor, a pesar de que en apariencia repose sobre lo ya visto. No le podemos pedir a un texto más que hacernos pensar, conmovernos, tal vez reaccionar.
La escritura puede nutrirse del desconcierto y lo inesperado, con los secretos que afloran en la vida y los misterios de lo insondable.
Los relojes, las frutas o las flores marchitas simbolizando la senescencia, son elementos comunes que reflejan el imparable paso del tiempo y lo perecederas que son la belleza y la lozanía.
A Rousseau le inquietaba que todo el mundo se la pasara fijándose en los demás, a la vez que pendiente de la mirada de los otros.
Hasta se llega a valorar más la opinión que la gente tiene de nosotros, que la habilidad o la virtud en nosotros mismos.
Puede que todo sea fugaz y pasajero; todo vano (que de vano viene vanidad), todo inútil; todo estéril. “Acaso no haya vanidad mayor que la de escribir vanamente”. - Montaigne.
“La vanidad y el orgullo son cosas muy diversas, aunque a menudo se tomen como sinónimas ambas palabras. Una persona puede ser orgullosa sin ser vana. El orgullo se refiere más a nuestra opinión sobre nosotros mismos; la vanidad, a lo que los demás piensen de nosotros”. - Jane Austen.
Perseguimos sueños imposibles, intentamos congelar la imagen del espejo y detener el tiempo. La vida no puede ser solo brillos efímeros y vanidades con caducidad. En definitiva y como dice Eurípides: A los muertos no les importa cómo son sus funerales. Las exequias suntuosas sirven para satisfacer la vanidad de los vivos.