El valor de disfrutar el camino

Hombre con traje oscuro y camisa clara, posando de pie junto a una ventana, con una ligera sonrisa y mano en el bolsillo.
El empresario Gustavo Lezcano hace una pausa para hablar de los temas que le motivan fuera del trabajo.Gentileza

Un buen asado, la familia, música, amigos y una conversación que no esté pendiente del reloj. Para Gustavo Lezcano, esos pequeños placeres tienen más valor que cualquier agenda perfectamente organizada.

“Mi día ideal es bastante más sencillo de lo que uno podría imaginar”, admite Lezcano, dejando entrever que, lejos de los escenarios empresariales, disfruta especialmente de la espontaneidad.

Viajar es otra de sus grandes aficiones, pero incluso lejos de nuestro país aparece inevitablemente su mirada de empresario entrando a un supermercado, para observar la forma en que se presentan los productos, cómo se organizan los espacios y qué novedades aparecen.

“Es una deformación profesional que ya forma parte de mí”, confiesa.

La curiosidad también atraviesa su relación con la actualidad. Economía, tecnología, consumo y retail están entre los temas que sigue con atención.

En especial, le sorprende la velocidad de la inteligencia artificial. Sin embargo, frente a ese vertiginoso cambio encuentra una certeza.

“Cuanto más avanza la tecnología, más importantes se vuelven algunas cosas profundamente humanas: el criterio, los valores, la confianza y las relaciones entre las personas”.

La música ocupa otro lugar especial para él, así como el deporte, la gastronomía y descubrir nuevos lugares. Son intereses que, con el paso del tiempo, valora más.

Hombre en traje azul oscuro sonriente, brazos cruzados sobre el pecho, con fondo gris y postura confiada.
Gustavo Lezcano disfruta de su familia, los viajes, la buena música, los amigos y un rico asado fuera de la oficina.

“Con los años aprendí que esos momentos no son tiempo perdido; al contrario, muchas veces son los que te permiten volver al trabajo con otra energía y hasta con mejores ideas”, sostiene.

Pero detrás del empresario, de las responsabilidades y de las decisiones que marcan su día a día, existe un hombre que reconoce en su familia una de las principales fuentes de sus valores.

“De mi familia aprendí fundamentalmente el valor del trabajo, de la palabra y de tratar a las personas con respeto”, afirma.

Esas enseñanzas modificaron su manera de entender el éxito. “También aprendí que ningún éxito profesional tiene demasiado sentido si uno no tiene con quién compartirlo”, expresa.

Por eso, para Lezcano, la familia representa ese espacio donde las posiciones y los títulos quedan afuera. “Con el tiempo uno entiende que la familia es el lugar donde volvés a ser simplemente vos”, confirma.

Quizás esa sea la reflexión que mejor resume su recorrido. Después de tantos años de decisiones, desafíos y objetivos, Lezcano prefiere medir la vida con una vara diferente.

“El éxito no puede ser solamente cuánto creció una empresa”, porque para él cuenta aquello que permanece cuando termina la jornada: “la familia que construiste, los amigos que conservaste, la gente a la que ayudaste y poder mirar hacia atrás sintiendo que hiciste las cosas de acuerdo con tus valores”.

Al final, su consejo parece tan sencillo como aquel día ideal que imagina: menos apuro por llegar y más capacidad para disfrutar mientras se avanza, sin perder de vista a quienes estuvieron desde el comienzo y a quienes hacen que cada logro tenga verdadero sentido.