¿A quién se le ocurriría llevar un auto con el volante hacia la izquierda para manejarlo por las calles de Londres? En la capital británica todo funciona "al revés", para nosotros. Allí los volantes están a la derecha, el carril rápido es el de la derecha y los adelantos también se hacen sólo por la diestra, al igual que los giros de las rotondas. Encontrar un lugar de estacionamiento es todo un periplo y además cuesta unos 10 euros la hora. Al parecer éramos casi los únicos que teníamos coche con placa extranjera en Inglaterra.
Para llegar al Reino Unido por tierra, los trámites de migraciones se hacen en el territorio francés antes de ingresar a los vagones del Shuttle con el automóvil. Para mi amigo Alejandro López Rivera no había problemas y sólo debió mostrar la cédula española. Pero los extracomunitarios, como los paraguayos, debemos responder a las preguntas de rigor: ¿A qué vienen al Reino Unido, y en auto?, ¿cuánto tiempo se quedarán?, ¿tienen reserva de hotel?, ¿cómo es que se conocen?, ¿a qué se dedican?, ¿cuánto dinero traen?, ¿tienen tarjeta de crédito?
Obviamente, obedece a extremas medidas de seguridad para evitar el "tráfico de ilegales", etc.
Si rebotábamos, salíamos perdiendo, pues todas las preguntas tuvimos que responder luego de haber pagado los 300 euros que cuesta utilizar el servicio de tren del Eurotúnel para camiones y autos, ida y vuelta entre el Paso de Calais y Folkestone.
La experiencia es única. Genera un poco de ansiedad y temor a la vez por el hecho de tener que pasar por debajo del mar a lo largo de unos 50 kilómetros y a una profundidad media de 40 metros bajo el lecho marino.
"¿Qué pasa si viene un maremoto cuando estamos abajo?", se le ocurrió decir a Heriberto Romero, otro paraguayo del viaje, un poco temeroso de realizar el cruce submarino.
Luego de pedirle que no sea ave de mal agüero, nos explicaron que cada uno de los vagones están blindados por si haya algún problema en alguno de ellos. Además existen interconexiones entre los tres túneles paralelos cada tanto. Dentro de lo que exigen las normas europeas de seguridad, todo estaba previsto.
En el interior, aquello se parece a una nave espacial. No había movimientos raros y el cambio de presión al entrar en lo más profundo bajo el lecho marino se hacía sentir un poco en el oído. Es el mismo efecto del cambio de presión en el avión.
Por suerte, el viaje no duró más de 35 minutos, incluyendo las terminales del tren en territorio francés y en el suelo británico. No hay posibilidad de que el agua ingrese a los túneles, pues las bocas de entrada y salida están muy alejadas de la costa.
En la autopista
La autopista que lleva desde la boca del Eurotúnel a Londres se hace en una hora y media. Conducir a través de ella da la pauta de lo que va a ser manejar en la capital inglesa. Toda la señalización con las medidas anglosajonas nos parece muy rara. Cuando los carteles marcan 70, la velocidad en las autopistas en realidad equivale a unos 110 kilómetros por hora, controlados estrictamente por radares. Todo es muy extraño y requiere de un periodo de adaptación.
Pero vale la pena entrar a Inglaterra por sus barrios periféricos, donde se ven las famosas casas inglesas llenas de banderas blancas con la cruz roja de San Jorge, con lo que demuestran su nacionalismo dentro de la Comunidad Británica.
La primera misión fue conseguir un hotel barato. Un intento difícil pero no imposible. Después de varias consultas fallidas y un "no vacancy" como respuesta, hallamos un "Bed and Breakfast" que cuesta 25 libras esterlinas por noche con desayuno. Estaba muy cerca de Victoria Station, a diez o quince minutos de caminata de la Abadía de Westminster, el Parlamento y el famoso Big Ben. ¿What could be better? (¿Qué más se puede pedir?).
Estacionar el coche era un gran problema y aunque la calle es libre de noche, el auto había que recogerlo antes de las 8:00 de la mañana. Con el carnet de movilidad reducida de mi amigo Alejandro, obtuvimos lugares gratuitos. Pero antes hubo que conseguir un reloj marcador de alguna oficina municipal para señalar el horario, pues como tope máximo se puede dejar dos a tres horas en un mismo lugar. Para todos estos trámites, es fundamental manejar algo de inglés.
Caminar por Londres
Caminar por las calles de Londres también requiere algo de adaptación, no porque las veredas estén obstruidas, sino porque todo nos parece del revés. En cada paso peatonal está escrito con grandes letras "look right" (mire a la derecha), para evitar cualquier percance. Es que la circulación en las calles de Londres puede resultar peligrosa para el viandante extranjero.
Esta tradición de "circular en sentido contrario" (para nosotros) se remonta en Inglaterra a la época en que aparecieron los primeros vehículos motorizados. Es que siguieron la costumbre de los carruajes en los que los cocheros iban por el lado de la vereda para evitar que otros rodados los salpicaran en los tantos días de lluvia londinense. Además, se evitaban accidentes cuando el conductor del carruaje bajaba a sacudir o revisar los aperos de sus caballos, porque lo hacía siempre desde la acera.
Las calles de Londres están llenas de "obstáculos", es decir, carteles indicadores, semáforos y pelícanos; y son muy angostas. Todo está señalizado, y los autobuses, los famosos "routemasters" (buses rojos de dos pisos) se mueven por carriles exclusivos del transporte público que comparten con los taxis. Estos son llamados "black cab" y son amplios y confortables, muy famosos en todo el mundo, especialmente los negros, aunque hay de otros colores.
Los routemasters surgieron en 1954 y solo se produjeron hasta 1968. Para que no desaparezcan ahora se manufacturó un modelo más moderno, nuevo y ecológico para las Olimpiadas del 2012. Las paradas de ómnibus están invertidas, es decir, dan las espaldas a la calzada para evitar ser salpicado por los raudales.
Toda la ciudad está ya en obras. Uno de los lugares más famosos donde se proyecta una gran transformación es el Piccadilly Circus, el sitio preferido por jóvenes para los encuentros, al igual que en barrios como Covent Garden, Nothing Hill o China Town.
Hasta el famoso Big Ben está en restauración y el Parlamento es uno de los edificios más visitados por los turistas que pueden ingresar para escuchar las sesiones de la Cámara de los Comunes y la de los Lores.
Desde la noria "London Eye" se puede tener todas las vistas posibles de la ciudad con el río Támesis omnipresente. La mística Abadía de Westminster vale la pena visitar para observar el trono de coronación de los monarcas y las tumbas de los reyes y escritores, su museo y el claustro.
Luego el paseo se hace obligado hacia Buckingham Palace, donde impresionan los portones con el monumento a la Reina Victoria. En la parte superior flamea la bandera de la Union Jack, la del Reino Unido. Solo cuando se puede ver la bandera de la Casa Real significa que la Reina está en el palacio. La multitud llena todos los días la explanada para la ceremonia del cambio de guardia.
Harrods
Nadie que vaya a Londres deja de pasar por Harrods, la tienda más famosa del mundo, creada en 1835 y donde se encuentra "todo para todo el mundo en todas partes" (Omnia Omnibus Ubique), como es su lema. Hasta hace poco pertenecía al magnate egipcio Mohamed Al Fayed, padre de Dodi. Pero Al Fayed decidió venderlo a la familia real de Qatar, en mayo de este año.
En fin, hay tanto que ver y visitar en Londres, pero sin duda hay que hacerse de tiempo para disfrutar de sus parques. Es una delicia respirar el aire de Hyde Park, Green Park o Regents Park, verdaderos santuarios de la naturaleza, en medio de una ciudad tan fascinante y cosmopolita.
El Eurotúnel
Fue abierto el 6 de mayo de 1994; fue financiado por sociedades privadas sin aporte estatal a cambio de una concesión hasta el año 2052. Costó 16.000 millones de euros, y la demanda ha sido calculada para 30 millones de viajeros al año, pero últimamente no llega a 7 millones, por lo que casi fue a la quiebra.
Elephant Parade
La ciudad de Londres se vio invadida de 257 esculturas coloridas de elefantes. Están presentes en los parques y todos los sitios emblemáticos de la ciudad para una subasta. Forman parte de una campaña realizada por la ONG Elephant Family, que trabaja por estas especies en Asia. El objetivo es recaudar fondos para ayudar a mejorar la calidad de vida de los elefantes. Las esculturas fueron hechas en fibra de vidrio y pintadas por celebridades y conocidos artistas ingleses.
Memorial Lady Di
En planta inferior de la famosa tienda Harrods se encuentra este punto muy visitado. Dos fotografías entrelazadas muestran a la princesa Diana de Gales y Dodi Al Fayed. En frente se puede apreciar el anillo de compromiso que le regaló el novio a su prometida. La joya fue comprada en la Plaza Vendome de París en 16.000 euros el 30 de agosto de 1997, poco antes del accidente en el que ambos fallecieron.
Texto y fotos: Pedro Gómez Silgueira - pgomez@abc.com.py