Águila real sobrevuela Paraguay

Un águila real, también conocida como águila dorada, una de las rapaces más grandes del mundo, y quizás una de las más influyentes en la historia de la humanidad, está en el Paraguay. Su finalidad: resguardar la seguridad aérea del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi.

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Con el fin de evitar que palomas y otras aves puedan causar un desastre inesperado al impactarse en el fuselaje o las turbinas de un avión, el Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi utiliza águilas entrenadas para limpiar el área de operaciones de vuelo de algunas especies aparentemente inofensivas. Una nueva especie se incorpora al “plan de trabajo”: el águila real, también conocida como águila dorada (Aquila chrysaetos), una de las rapaces más grandes del mundo y, quizás, una de las más influyentes en la historia de la humanidad. Fuente de inspiración para diversas leyendas, mitos y simbología de los imperialismos, como el del Imperio romano.

Raúl Palacios es el responsable de la presencia de esta ave en nuestro país. “Estoy feliz porque gracias a Dios y luego de varios milagros pudimos importar estas aves (real y azor). Es un orgullo decir que el águila real es la primera y única en Centro y Sudamérica, que será utilizada para combatir riesgos en la aviación”, expresa Palacios.

Bautizada por su dueño con el nombre de “Tyga”, llegó al país desde Eslovaquia para unirse a otros ejemplares rapaces que se dedican a resguardar la seguridad aérea. “Cada especie es diferente en sus comportamientos. Puede que en unos tres o cinco meses ya esté lista para sobrevolar la zona del aeropuerto”, anuncia el instructor.

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El adiestramiento es largo en las águilas, varía de acuerdo a la especie. “Primero se le amansa, se le hace perder el miedo a la persona y luego se establece un vínculo de amistad, no de sumisión como es en el caso de los perros. Este proceso es para que acepte a la persona y deje de verla como una amenaza y así se logre una confianza mutua. Instruir a un ave rapaz no es tarea sencilla, ya que requiere de mucho tiempo”, explica Palacios.

Posteriormente, se le lleva al campo para iniciar los vuelos y, una vez que responden, se les introduce a la caza, que es lo que naturalmente hacen. “Es así como nació la cetrería hace 5000 años, una simbiosis de mutuo beneficio; las rapaces aprendieron que con ayuda del hombre aumentaban sus posibilidades de éxito y el hombre obtenía comida para él también”, comenta el experto.

El águila “Tyga”, actualmente, tiene cinco meses y se espera que llegue a más de dos metros de envergadura al desplegar sus alas. “Son aves muy longevas, pueden vivir hasta 50 o 60 años”, afirma.

Las águilas son aves muy resistentes y duras, habitan en lugares donde hace menos de 40ºC, así como puede pasar temporadas en sitios donde alcanza 40 ºC. “Pero igual voy a tener que aclimatarle, porque ella viene de una zona fría. Le alimento en cautiverio, con conejos, codornices y ratas blancas. En estado silvestre están en la cima de la cadena alimentaria y cazan aves grandes; como urogallos, gansos; y mamíferos, como cabras monteses, liebres, ciervos y zorros”.

La función de “Tyga” en Paraguay será ahuyentar las aves de mayor porte, como los caranchos y otras que se encuentran cerca de la pista con vuelos de marcaje. “Ella viene de un criadero muy reconocido de Eslovaquia, de un linaje cazador. Fue enviada a Barcelona, donde un amigo le estuvo cuidando por un tiempo, ya que los trámites duraron siete meses, luego embarcó a Madrid y de ahí aterrizó en Paraguay”.

Raúl Palacios es propietario de la empresa Raptor, la primera en dedicarse a esta actividad. “Siempre me gustaron los animales desde que tengo conciencia. Recuerdo que cuando tenía 11 años leí en una enciclopedia de animales sobre el halcón peregrino y en un corto párrafo lo que era la cetrería. Me emocioné tanto, fue una sensación tan intensa que me dije: tengo que aprender esto, sea como sea. Pasaron los años y mi objetivo continuó firme. Decidido viajé a Inglaterra y a Emiratos Árabes para introducirme en el mundo de la cetrería. Pasa que en nuestro país era una actividad desconocida y solo saliendo al exterior iba a poder lograr mi meta”.

A los 16 años tuvo su primer halcón. “Nunca dejé de estudiar, de investigar el arte de criar y adiestrar rapaces para cazar con ellas. Y en el 2011, me dediqué en forma profesional”.

Ahora es todo un experto. Dice que es una extraordinaria labor. “Es un estilo de vida, me conecta con la naturaleza, es muy difícil describir con palabras la sensación..., la cetrería es un arte”.

ndure@abc.com.py

Fotos ABC Color/Virgilio Vera/Carlos Schatebehk.

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