Aporte constructivo

Life after se titula la colección del artista plástico Sebastián Boesmi, que se encuentra exhibida en la galería Fábrica de nuestra capital. En ella, el pintor plasma las tensiones entre la humanidad y animalidad, entre la cultura y naturaleza, algunas veces integradas y, otras, hostiles entre sí, de una forma profunda.

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Sebastián Boesmi es un artista dedicado a lo que le apasiona y disfruta del proceso. Para él, el arte es un medio de expresión de lo que piensa y siente. Sus ideas siempre son de aporte constructivo.

La colección Life after no es la excepción. En ella, el artista reflexiona sobre las tensiones entre animalidad y humanidad, entre cultura y naturaleza, “algunas veces integradas y, otras, hostiles”, a decir del curador Damián Cabrera.

Los cuadros muestran figuras humanas inmersas en entornos naturales, en los que la vegetación parece avanzar sobre los fragmentos de la civilización, frente a ciudades distantes. “Es como un llamado de advertencia”, dice Boesmi en su taller de Asunción, en el que trabaja esporádicamente, ya que su vida transcurre entre Miami y Barcelona. Nació en Salta, Argentina, pero llegó a nuestro país a la edad de cuatro años. En el 2000 ingresó a la Facultad de Arquitectura, de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, carrera que en el 2003 cambió por la de Artes Visuales en el Instituto Superior de Arte (ISA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

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Al indagar en nuevas formas de expresión, se apuntó a un curso de pintura y diseño en el Art Students League of New York, EE. UU., e inició una prolífica carrera. “Mi trabajo proviene de sentimientos altos, con mucho color y matices; tiene alfabeto visual y mucha estética”, afirma.

A criterio de Boesmi, estamos en el peor de los siglos a nivel de humanidad, eventos en la historia, y eso no deja de afectar a las artes visuales. “Mi inspiración deja ver dos equilibrios: uno que siempre planteo como pequeñas figuras. Generando un ritmo natural, voy casi a lo micro, a los detalles casi imperceptibles. Otro, más figurativo. En mi trabajo rige la imaginación con un poco de realidad y hace bien a esa imaginación, tratando que exprese con más cautela mi arte y manteniendo la vulnerabilidad con un componente natural que resume en poesía. La pintura es un proceso visceral que aflora desde lo más profundo”, explica.

De ese sentimiento emanan los trazos que ya le llevaron a ganar el premio Henri Matisse y abrirle las puertas del mundo. En el 2010 viajó –auspiciado por la Embajada de Francia– a París, donde realizó una residencia en la Cité Internationale des Arts.

A partir de esa experiencia decidió residir en Europa, donde continúa su formación artística, aunque no en el ámbito académico, sino viajando por diferentes capitales europeas, produciendo, sistemáticamente, durante seis años en Barcelona, y realizando exposiciones y colaboraciones con otros artistas.

En el 2012 obtuvo la beca Marma de Alemania, entre otros reconocimientos, y participó de una docena de exposiciones individuales en galerías y museos del Paraguay y Europa, como el Instituto de Arte Moderno de Valencia (IVAM), Herbert de París, Fábrica de Asunción, Casa Mayor de Asunción y la Espai b de Barcelona, entre otros. 

Aterrizar en un país y otro le hace bien. “Necesito moverme; es maravilloso acumular diversidad de vivencias. En esta vida no llevamos lo puesto, sino las experiencias desde mi punto de vista, y mi arte cambia cuando mi espíritu varía y mi espíritu se transforma con las destrezas adquiridas. Creo que somos un universo en movimiento, vibrando constantemente; eso hace que mi alma evolucione y se refleje en mi pintura”, confiesa.

De ahí que no se apega a los espacios para crear. “Soy un poco promiscuo en este sentido (risas). Pinto en trenes, aviones y parques porque me gusta la naturaleza acompañada del silencio. Normalmente, elijo la noche, ya que encuentro paz en ese horario; por la mañana prefiero música”, admite.

Sebastián Boesmi es un artista a quien le gusta generar conexión con el mundo. “Hay una distorsión en muchas palabras importantes que sostienen al mundo. El amor está distorsionado, el arte y la paz también lo están, y en las personas surgen sentimientos de soledad y angustia que no elevan, tal vez, impulsados por el miedo y no por el amor. Quiero producir con el espectador esta conexión”.

La muestra se encuentra durante todo el mes en la galería Fábrica.

ndure@abc.com.py

Fotos: ABC Color/Arcenio Acuña.

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