La sala Agustín Barrios del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA) lució una mágica ambientación. “Nunca pensamos ver nuestras obras así”, dice Vicenta Rodríguez, una de las artistas populares de la compañía Caaguazú, de Itá.
El kambuchi contiene el agua, elemento esencial de la vida. Es el utensilio de cerámica más antiguo del Paraguay. Se inició como urna funeraria, pero fue variando y progresando hasta llegar a ser utilizado en todas las casas para guardar el vital líquido. Existen reportes de Félix de Azara que mencionan al cántaro en 1739, aproximadamente, lo que da cuenta de la importancia de esta vasija en la historia.
Son dos las comunidades más destacadas en el país en cuanto a la cerámica: Itá y Tobatí. En ambas, hasta la actualidad, se pueden encontrar obras hechas de manera tradicional, sin tornos ni moldes. Al respecto, el mismo Félix de Azara menciona en los referidos textos que, principalmente, Itá se había convertido en una “enorme fábrica de cántaros” y que se había llegado a enviar a Buenos Aires y Corrientes (Argentina) e, incluso, Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).
La muestra se realizó con la curaduría del crítico de arte Osvaldo Real Torres, quien expresó que el objetivo es revalorizar la labor de estas hacendosas manos iteñas, que han sabido ser el sustento de sus hogares por varias generaciones. “Las mujeres, desde siempre, se han encargado de crear, en compañía de sus hijos, para ayudar al sustento familiar. Desde la antigüedad, mientras los esposos trabajaban en la chacra, ellas quedaban al cuidado del hogar y hacían sus obras. Es por ello que cada detalle de las obras encierra un significado muy grande. Por ejemplo, las ranas que se ven en la mayoría de los cántaros significan la fertilidad; las pequeñas serpientes son de agua, que es lo que contienen las piezas. La cerámica encierra la maravillosa sabiduría de nuestros antepasados y se hacen sin ningún molde, con las mismas técnicas utilizadas desde hace cientos de años”, expresó.
La muestra integró a las artistas populares Vicenta Rodríguez, Anicia Acosta, Narcisa Ramos, Miriam Cáceres, Antonia Irala y Alberta Giménez. La mayoría de ellas aprendió este oficio en su hogar, de su madre o abuela, y todas se han sabido ganar la vida vendiendo las piezas, a pesar del poco valor económico que el paraguayo está dispuesto a pagar.
“Nuestro trabajo se realiza en tres etapas; luego de una cuidadosa selección del barro, que debe ser de óptima calidad para asegurar un buen resultado, empezamos a hacer las bases, después vamos subiendo a la 'panza' del kambuchi y, finalmente, la boca. Es un largo proceso que debemos hacer con máximo cuidado, pero tristemente el paraguayo común no valora nuestro trabajo y no podemos elevar los precios”, dijo Ramos.
La idea de exhibir surgió el año pasado, cuando se presentó una solicitud de exposición de artesanía en el CCPA con la posibilidad de hacer demostraciones del proceso y venta de productos a los alumnos. “Me pidieron que haga una selección de lo que se iba a presentar, pero al ver las obras pude notar la calidad artística, y la diferencia entre lo convencional y la excelencia de las manos de estas seis mujeres. Me animé a más y trabajamos juntos para lograr esta muestra”, expresó Real.
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