CITAS & HECHOS

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Honoré de Balzac (1799-1850) Escritor francés.

“Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar, pero amar y ser feliz es algo prodigioso”.

William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.

“Si no recuerdas la más ligera locura en la que el amor te hizo caer, no has amado”.

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Fiodor Dostoievski (1821-1881) Novelista ruso.

“Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con la que se ama”.

Albert Camus (1913-1960) Escritor francés.

“No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar”.

“Porque el amor, cuando no muere, mata...”

Si hacemos un recorrido imaginario por la ruta de las historias de grandes amores, encontraremos que pocas terminan con un “y fueron felices para siempre”. En algún momento ocurre un quiebre que lleva a los amantes a tomar caminos diferentes o tienen un final trágico, como el de Romeo y Julieta.

Y la historia de estos dos amantes corrió con la misma suerte. Abelardo y Eloísa se amaron intensamente, pero las circunstancias de la época impidieron que pudieran vivir juntos. Abelardo fue un famoso teólogo francés del siglo XII, profesor de la catedral de Notre Dame, en París. Fulberto, el canon de la catedral, lo contrató para que diera clases privadas a su sobrina Eloísa, quien, en una época en la que las mujeres no iban a la escuela, a los 17 años sabía teología, filosofía, griego, hebreo y latín.

Pero Cupido hizo de las suyas y los jóvenes se enamoraron. Cuando Eloísa se embarazó, Abelardo la llevó a Bretaña, donde se casaron en secreto y nació su hijo. Pero Fulberto no pudo perdonar a Abelardo, a quien acusó de seducción. Para vengarse, contrató a un grupo de matones, quienes ingresaron una noche a la casa de Abelardo y lo castraron mientras dormía. Él se recluyó en el monasterio de Saint-Denis. Eloísa también ingresó en el convento de Argenteuil. A pesar de que nunca más se hablaron, mantuvieron correspondencia hasta que Abelardo falleció en la abadía de San Marcelo, en Chalons-sur-Saone, el 21 de abril de 1142. Eloísa reclamó su cuerpo. Ella murió en 1163, pero recién en 1817 ambos fueron depositados en una misma tumba, en el cementerio del Pere Lachaise, de París. Abelardo y Eloísa nunca dejaron de amarse. No pudieron vivir ni morir juntos, pero tuvieron la felicidad de haberse sabido amados. (*)

(*) Fuentes:

http://mitosyleyendas.idoneos.com/

http://proverbia.net

Recopilación: mpalacios@abc.com.py