Llega la época de los exámenes. En algunos alumnos aparece la ansiedad; otros se ven desbordados por la responsabilidad de aprobar, pero
hay que sortear con éxito este crucial momento. La psicóloga Norma Benítez de Espínola nos orienta sobre cómo superar esa gran presión.
Lo primero: Sin estudio no se puede aprobar. Para la psicóloga Norma Espínola de Benítez, esta es la regla esencial. Luego, entender que siempre se tiene que conservar una actitud positiva y no dejarse llevar por los nervios o los pensamientos negativos. Es aquí donde Espínola aconseja ayudar a los estudiantes a tomar el control de su propio aprendizaje. "La responsabilidad y la capacidad de aprender se encuentran en el estudiante. Nadie puede aprender por nadie más", expresa tajante.
Claro que decir puede resultar fácil; hay que estar en el "pellejo", dirán muchos. Suele pasar también que aun habiendo participado de las clases, hecho todos los deberes, incluso dominando la materia..., llegado el gran día, la mente se queda en blanco, bloqueada, como si estuviera congelada; o los nervios afloran sin poder controlarlos volviendo a los alumnos incapaces de responder esas preguntas que se sabían "de memoria", precisamente por haberse sometido a interminables horas de estudio. "Eso se llama ansiedad de ejecución", explica nuestra entrevistada. Este tipo de ansiedad es el que experimenta una persona cuando le preocupa cómo va a rendir (hacer algo), sobre todo cuando se trata de algo muy importante. Por ejemplo, podés tener ansiedad de ejecución cuando te presentás a una prueba de selección para formar parte de la banda de música o el equipo de fútbol o básquet de tu colegio. O mientras estás haciendo un examen. Es probable que te pongas muy nervioso o te duela la panza o tengas dolor de cabeza tensional. Algunas personas pueden empezar a temblar o a sudar, o notar que el corazón les va más deprisa de lo normal, mientras esperan que se les reparta el examen. Un estudiante con una ansiedad muy fuerte ante los exámenes puede incluso tener la sensación de que tiene que ir de vientre o de que va a vomitar. Y consiste en una serie de reacciones emocionales negativas que algunos alumnos sienten a medida que se acerca la hora de la "prueba".
Para Espínola, este miedo no es irracional, ya que ello determina gran parte del futuro académico de la persona. "Pero, como ocurre la mayoría de las veces, con la ansiedad, puede interferir seriamente en la vida de la persona, y puede producirse a la hora de estudiar o al pensar en qué pasará en la prueba, o acontecer durante el propio examen".
¿Qué la activa? Según la profesional, una experiencia anterior de haber sido incapaz de recordar respuestas sabidas puede ser la causante. Si la preparación para el examen fue la correcta, la ansiedad puede deberse a pensamientos negativos o preocupaciones. Si es esta la situación, es decir, concentración en lo negativo, en el fracaso, se le está dando al cerebro la orden de que actúe de esa manera, y todos los sentidos se enfocan en ello, a actuar de manera desacertada. "Como nuestro cerebro es perfecto, y obediente, nos hace caso y hace lo que le pedimos: actúa con temor exagerado, sin enfocarse en lo asimilado, visualizando las consecuencias negativas y sintiendo los efectos de una frustración", afirma.
Asegura que es así de sencillo el funcionamiento para llegar a un resultado adverso. "Uno mismo pone la orden negativa, de cómo teme el final, ya sea en forma de imágenes (se visualiza fracasando), de sensaciones (le siente al fracaso) o de audiciones (escucha una nota baja resonando en su cabeza), ¡¡y todas las neuronas y los pensamientos se concentran en lograrlo!!
y sucede", exclama la psicóloga.
Añade que estamos muy acostumbrados también a expresar lo que no queremos, y no tomamos conciencia de que el cerebro no capta la palabra NO. Por ejemplo, si repetimos la frase: "No voy a olvidarme de esta lección", al sacar el "NO" queda: "Voy a olvidarme de esta lección" y nuestro cerebro, como es tan perfecto y obediente, vuelvo a repetir, ¡¡lo cumple!! y esa orden se la dimos nosotros mismos, boicoteando de esa manera nuestro rendimiento".
Aconseja a los estudiantes, a los hijos, a pensar de manera clara en lo que sí queremos, no en lo que tememos. "Suele ser útil, igualmente, concentrarnos en alguna experiencia que nos haya dejado serenos, y recordarlo con todos nuestros sentidos. Esto es, visualizar cuando estamos tranquilos, sentir la sensación que nos produce esa paz, ese sosiego; escuchar palabras que alguna vez nos dejaron tranquilos y seguros. Una vez en ese estado, visualizarlo o trasladarlo al momento de la prueba. Entonces, vamos a experimentar una ausencia de toda preocupación o nerviosismo y el momento de la prueba va a producir tranquilidad y seguridad. Todo el sentir negativo se modifica y tomamos el control de nuestras vidas".
Finalmente, Espínola repite que toda esta angustia puede deberse a una falta de preparación para el examen, ¡lo cual no deja de ser una buena razón para estar preocupado! Estos crasos errores en la distribución del tiempo, malos hábitos de estudio o un "atracón" de estudio de la noche anterior pueden incrementar considerablemente la ansiedad.
¿Quién se pone ansioso?
Espínola dice que cualquier persona puede tener ansiedad ante los exámenes, pero aquellas personas que quieren contestar bien a todas las preguntas son más propensas a sentirse de ese modo. Esto recibe el nombre de perfeccionismo. Los niños que se preocupan mucho también pueden ponerse ansiosos a última hora. A los niños perfeccionistas y que tienden a preocuparse más de la cuenta les cuesta mucho aceptar sus propios errores o no sacar una calificación perfecta, creando una gran presión sobre ellos.
Pedir ayuda. ¿No sabés rendir? ¿Te pasa todo esto que describe la nota? Explicale a tu mami, a tu papi, tu profesor o al psicólogo escolar de tu colegio. El solo hecho de hablar con alguien sobre tu ansiedad ante los exámenes puede ayudarte a sentirte mejor. Por ejemplo, aprender técnicas de estudio puede aumentar tu confianza en el día del examen.
Mientras estudiás
1- Asigná el tiempo necesario de estudio para hacer todas las cosas que necesites antes del examen (revisar material de estudio, hacer esquemas, repasar los temas...).
2- Aumentá la confianza en vos mismo revisando frecuentemente el material.
3-Establecé metas de estudio y afrontalas de una en una para no agobiarte.
4- Si te sentís nervioso, tratá de relajarte con alguna de las siguientes técnicas:
Respiración abdominal (a veces ante situaciones de estrés, nos olvidamos de oxigenarnos y nos tensamos de manera exagerada).
Tensá y relajá diferentes grupos musculares. Por ejemplo, tensá los hombros durante pocos segundos y, a continuación, dejalos caer. Sentí la sensación de relax que esto produce y aprendé a identificar estados de tensión de los músculos para relajarlos inmediatamente.
Y
ordená a la parte sabia, tranquila y segura de tu persona que sea ella la que actúe en los momentos de examen en especial.
¿No más exámenes? Si los profesores saben que los estudiantes se estresan con los exámenes, ¿por qué los siguen poniendo? Creas o no, tanto los profesores como los alumnos se benefician de los exámenes. Los exámenes evalúan en qué medida los alumnos están aprendiendo las habilidades y la información que les enseñan los profesores. Y los exámenes de toda clase forman parte de la vida: desde el examen que vas a hacer algún día para sacarte el carné de conducir hasta el examen que vas a tener que hacer, por ejemplo, si de mayor querés ser médico, abogado, informático, etc., etc.