Desde niña, Guadalupe sobresalió en todas las áreas deportivas de su escuela. Siempre fue muy competitiva en el ámbito de la actividad física. Se destacaba como capitana de hándbol, vóley y fútbol, pero su madre veía otra disciplina para ella: la danza. “Como mi hermana era la mejor bailarina de la academia a la que asistía, quería que fuese igual, pero no hubo caso. Creo que mi amor al deporte lo heredé de mi padre, quien fue atleta profesional de carrera en 100 y 200 m con vallas. Obtuvo el récord nacional, todavía vigente (1979, Chile); gracias al deporte recorrió Sudamérica. Tenía unos siete años cuando me colgaba al cuello todas sus condecoraciones y emulaba ser la ganadora; amaba cada medalla de mi padre... Me conmueve recordar esos momentos”, expresa invadida por la emoción.
A los 15 años pisó por primera un gimnasio y ese día supo que quería ser atleta. “Cuando terminé el colegio, le dije a mi mamá que deseaba prepararme para competir y su respuesta fue: ‘No vas a vivir de eso’... Sentía que estaba en el lugar equivocado, ya que por cable veía programas de entrenamiento que se daban en otros países. Igual seguí mi convicción”, dice.
Pasaron los años y en el 2009 tuvo su primera competencia. Conquistó el primer puesto y al año siguiente ya estaba participando en un Sudamericano. “Pero tuve un inconveniente: mi físico aumenta con las pesas y se desarrolla mucho más debido a mi genética. Entonces, me veía grande para la categoría body fitness. La genética es determinante desde el principio. No todos los cuerpos son iguales, ni hay una misma distribución muscular ni celular. En definitiva, la genética es la que marca hasta dónde uno puede llegar”, explica.
No obstante, tuvo su proceso de volver a formar su físico como indican los parámetros. “En ese tiempo me convertí en madre de Fiorella y, cuando cumplió un año, decidí volver al ruedo y entrené para Mister Paraguay 2014, en el que logré el primer puesto en mi categoría y, a partir de ahí, comencé a prepararme en forma profesional”.
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Convencida del sacrificio que conllevaba su decisión, pero también de su tenaz carácter para llegar a las metas fijadas, emprendió su carrera en el mundo del culturismo. “Bajo la supervisión del señor Pedro Cantero comencé mi preparación y el año pasado participé del torneo internacional Arnold Classic Brasil, el campeonato más importante a nivel mundial que brinda la posibilidad de acceder al pro card o carnet profesional. Fuimos con la idea de que me conozcan como atleta amateur, pero grande fue nuestra sorpresa al obtener el primer puesto en mi categoría y el overall (campeona absoluta)”, cuenta con entusiasmo.
En otro desafío, el Mister Olympia Amateur, realizado en Colombia, logró alzarse con el título de campeona body figura y campeona overall. “Es la primera vez que una atleta paraguaya consigue estas importantes hazañas. Para mí, es un logro y una satisfacción enorme representar al Paraguay”, exclama feliz.
El culturismo es su pasión y representa sus sueños. “No me veo haciendo otra cosa que no sea entrenar y competir. Esta carrera se convirtió en mi estilo de vida”, admite.
Lo que más le gusta del culturismo es la disciplina. “Me motiva el desafío constante de esculpir un cuerpo. Mis metas, claramente, son ser profesional en este deporte y ganadora de torneos Pro, llegar a un Mister Olympia Pro y, soñando aún más, ganar un Olympia Pro, pero por sobre todo disfrutar cada paso que doy en este proyecto que amo y sueño siempre”.
¿Cómo entrena y logra ese cuerpo esculpido? Los programas se planifican de acuerdo a la condición en la que se encuentra el atleta. Se trabaja sobre los puntos o grupos musculares. Las cargas se van adaptando también a la dieta de cada etapa. “Buscamos un cuerpo simétrico y equilibrado. Para eso, proyectamos tanto los ejercicios como las series y repeticiones”.
Todos los días, Guadalupe piensa en cómo mejorarse a sí misma. No busca imitar a nadie. “El culturismo es mi pasión y modo de vida. La entrega por aprender y entrenar ya forma parte de mí. Tengo mucho por delante. Esto recién comienza”, puntualiza.
¿En qué consiste?
La competición de culturismo consiste en demostrar lo que se consiguió con el entrenamiento en el gimnasio y la alimentación. Es llevar el cuerpo a un extremo de masa muscular dentro de una proporción y con un mínimo nivel de grasa. Son siete poses obligatorias en las que se exhiben los músculos y se demuestra quién tiene el mayor grado de definición muscular, con menos grasa y menos agua. “Todo va de la mano con los objetivos”, dice Guadalupe.
Tanto el entrenamiento como la dieta están estructurados con base en lo que buscan y la etapa en la que se encuentran. “El objetivo es conseguir llegar al día del show con una proporción de grasa acorde a mi categoría, al igual que la masa muscular”, afirma Guadalupe.
Fotos ABC Color/Celso Ríos/Gentileza.
