Ana Paula Maynart comienza haciendo referencia a Hanna Arendt, filósofa y científica política alemana, quien hablaba sobre el problema de la indisciplina de los estudiantes en la mitad del siglo XX. En aquel tiempo, Arendt ya hacía hincapié sobre la importancia de entender algunos conceptos de la autoridad, que fueron desarrollados por los filósofos metafísicos y que sirvió de guía para el pensamiento tradicional.
"Pese a la ruptura que hubo a partir de la modernidad con el pensamiento metafísico, al entender la distinción entre los conceptos de violencia, poder, vigor y autoridad se evita el perjuicio que la confusión entre ellos genera", sostiene Maynart Cunha. Añade que la autoridad es una condición que es inherente a determinadas personas o cargos. "Cuando hay alguien que ejerce la autoridad, se supone que hay otra (u otras) que, de manera natural, tiene que obedecer. Como ejemplos tenemos los vínculos entre padres e hijos, profesores y alumnos, gobernantes y gobernados, médicos y pacientes".
Ana Paula Maynart Cunha asegura que la característica más destacable de un vínculo donde la autoridad está ocurriendo de manera correcta es cuando ella es naturalmente entendida y respetada. "Cuando se usa cualquier clase de imposición para que exista la autoridad, es porque ella, en su forma genuina, ya no existe o ya está por acabar. Cuando un padre grita a su hijo o un profesor chantajea a un alumno para que él lo obedezca, la autoridad, en esos vínculos, está amenazada y está siendo sustituida por el autoritarismo. Lo que alimenta la autoridad es el respeto".
Otro punto importante que Maynart señala es que no puede haber autoridad en relaciones donde los vínculos son simétricos. "Un profesor que desea ser amigo de sus alumnos no logra ejercer la autoridad. La amistad es un vínculo donde hay simetría, donde hay complicidad. Por lo tanto, ¿cómo puedo esperar la obediencia de alguien que, supuestamente, es mi cómplice? Eso se aplica, más que todo, a aquellos que educan niños y adolescentes".
-¿Qué factores se atribuyen a la falta de disciplina?
-Los adultos quieren entender qué es lo que está pasando con los chicos que justifique tanta indisciplina como la que vemos hoy, en todo el mundo. Para entender bien ese proceso, tendríamos que volver en el tiempo, mirar a la historia, a la ruptura del pensamiento moderno con el tradicional. Pero, para ser breve, una de las posibles respuestas para eso quizás sea que los adultos están abandonando sus papeles de educadores, exactamente por eso, muchos no logran ejercer la autoridad, que es esencial en el proceso de educación.
-Se percibe que la disciplina en los colegios está más relajada. ¿El sistema de educación puede confundir disciplina con autoritarismo?
-No solamente el sistema de educación. El pensamiento moderno confunde los conceptos de autoridad (donde debe haber la disciplina de manera natural) y del autoritarismo (donde se utiliza herramientas externas para que ocurra la obediencia).
Esta confusión fue una de las consecuencias de regímenes totalitarios y dictatoriales, que usaban la violencia para subyugar personas. Pero, repito, la autoridad no necesita de herramientas externas para que ella exista. En el caso de la educación, la obediencia de los menores es fundamental para que los mayores lo instruyan. Que los preparen para el mundo. Etimológicamente la palabra autoridad significa "ayudar a crecer".
-Según reflejan las encuestas, los padres valoran altamente la disciplina escolar al momento de elegir un colegio para sus hijos. La existencia de un clima positivo, un entorno ordenado y seguro para la convivencia y el desarrollo de las actividades docentes y de aprendizaje ¿debe ser prioridad en las instituciones educativas?
-Es imprescindible que haya ese entorno para que el proceso de transmisión de conocimiento funcione. ¿Cómo enseñar algo a un grupo que no respeta al profesor, a sus compañeros, a las consignas, a la dirección? Pero la existencia de la autoridad del educador no significa la falta de respeto por el alumno. Autoridad no significa chantajear a nadie, no significa inventar historias sobre el niño; porque quien tiene el poder, la credibilidad de la palabra es el profesor. Como dice Arendt, la manera más fácil de terminar con la autoridad es perdiendo el respeto por el que obedece, o tratándolo como un igual. La relación es asimétrica, pero el respeto de ambos lados es esencial para que exista el proceso de educación que valora la autoridad del educador. En este punto hay algo importante: los padres también tienen que respetar a la institución de enseñanza de los hijos y sus figuras de autoridad. Decir a los hijos que los profesores tienen que someterse a determinadas órdenes porque ellos, indirectamente, pagan sus sueldos y desear que esa misma escuela mantenga la disciplina de los alumnos es incongruente. Si el padre no está de acuerdo con la conducta del profesor o de la escuela, tiene que arreglar directamente con el maestro o con la dirección. El niño tiene que estar protegido; tiene que ser preservado.
-¿Dónde termina la responsabilidad de los padres y dónde comienza la del colegio?
-Los niños van al colegio para recibir educación formal, académica. La educación doméstica hace parte del ámbito privado, por lo tanto, es responsabilidad de los padres. Yo no debo esperar que la profesora de mi hijo haga un papel que es mío: enseñarle sobre respeto, amor, higiene, límites, reglas, etc. Lógicamente que algunos de los valores que son pasados de padres para hijos también son trabajados en la escuela, pero la base de ellos viene de la familia. El ámbito privado (familia) prepara al niño para el ámbito público y no al revés.
-Un colegio donde las autoridades se ven sobrepasadas por los alumnos, donde las normas de convivencia fallan y prevalece una atmósfera impredecible ¿genera condiciones óptimas para enseñar y aprender?
-En ese ambiente no hay un adulto ejerciendo la autoridad. Pero no nos ilusionemos; la autoridad existe: está entre los grupos de niños. Los niños pasan a obedecer a su grupo. Y los niños no tienen condiciones de educar. Quizás aprendan muchas cosas entre ellos, pero no recibirán la transmisión de conocimiento ideal para su desarrollo.
-La escuela ¿debe disponer de un conjunto de reglas y procedimientos aceptados por todos los miembros de la comunidad escolar como parte de su proyecto educativo para hacer frente a las conductas contrarias a la convivencia?
-En todas las esferas de la sociedad hay reglas de convivencia. Donde ellas no existen, en general, impera el caos. En la escuela no puede ser diferente.
-¿Puede existir una estructura funcional sin autoridad o disciplina?
-En el ámbito educativo, yo no creo. No soy pedagoga, no defiendo ningún método pedagógico, pero creo (y defiendo) que cualquier método de enseñanza tiene que tener un profesor con permiso para ejercer su autoridad (dentro del concepto de autoridad descrito arriba).
-¿La autoridad de un docente emana de su calidad profesional y de su trabajo en aula?
-El profesor que no se preocupa con la calidad de sus clases es alguien que no se respeta a sí mismo ni a sus educandos. ¿Cómo alguien que no respeta a los alumnos puede solicitar la obediencia de ellos? Un profesor que está preparado para trabajar bien, para transmitir, compartir conocimientos es alguien que se permite, a él mismo, el lugar del que tiene la autoridad en el curso.
-El uso legítimo de la autoridad está inhibido en muchos colegios, y esto porque sistemáticamente se fueron dando señales de que la autoridad escolar debe consensuar con los alumnos algunas normas básicas, lo que de por sí no está mal, pero cuando estos últimos solo buscan hacer valer sus derechos, olvidando sus deberes y la autoridad no se atreve a hacer uso de sus atribuciones, por ser políticamente incorrecto, ¿no estamos en un lío del que cuesta salir.
-Como ya comenté antes, en ese caso, en el que los alumnos solo buscan hacer valer sus derechos, quienes están con la autoridad son ellos. Dudo que, en condiciones como esa, sea posible que los profesores logren hacer uso de sus atribuciones. Hanna Arendt habla de que la esencia de la educación es la natalidad. Educamos por amor a nuestro mundo y a nuestros hijos y alumnos. Educamos para proteger el mundo al que llega como un extranjero y lo hacemos transmitiéndole conocimientos, experiencias. Educamos también para protegerlos de las dificultades del mundo. Educar es un acto de amor. Es una elección para no abandonarlos, para no dejarlos únicamente con sus propios recursos; para permitirles que surjan con ideas nuevas, preparados para construir un mundo cada vez mejor. Optar por una educación sin reglas, sin límites (sea de los educadores, sea de los alumnos) es no hacer posible el acto de educar. Es meter el mundo en un gran lío que, quizás, nadie pueda salir.
"Optar por una educación sin reglas, sin límites (sea de los educadores, sea de los alumnos) es no hacer posible el acto de educar. "
"Cuando se usa cualquier clase de imposición para que exista la autoridad, es porque ella, en su forma genuina, ya no existe."
12 de marzo de 2010 - 06:03
Educar con amor y firmeza
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