Educar con proyección al futuro

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En materia de educación, no hay fórmulas mágicas, pero sí, desde el mismo instante en que nace el bebé, ayudan a desarrollar su labor a los padres, bastantes herramientas. De ellas nos habla la sicóloga Rosalba Ronnebeck.

 

"Hay que tener como premisa básica que un hijo se educa desde el mismo instante en que nace", es lo primero que nos dice la sicóloga Rosalba Ronnebeck. Para ella, las primeras edades son el tiempo óptimo para cimentar las bases que se pondrán en juego durante el resto de la vida. "Podemos incluso decir, desde que tomamos la decisión de ser padres, al saber que hay un bebé en camino. ¿Por qué digo esto? Porque se debe preparar el ambiente desde uno mismo como futuro padre aceptando la responsabilidad de educar al hijo".

Ronnebeck asegura que ser padre no es tener un niño a quien cuidar y proteger solamente. "La responsabilidad fundamental del padre es la educación y esta tarea no se delega a nadie; por eso insisto en que cuando hablamos de cimentar las bases, entiendo que son las bases de la educación y esto se hace cuando se asume el compromiso de paternidad o maternidad. Se sabe que los primeros años de edad son tiempos en que la asimilación de todo lo que el entorno provee es extraordinaria, todo cuanto acontece a su alrededor, sea esto bueno o malo. Si el niño encuentra buenos modelos de demostración de afecto, de respeto hacia los demás y hacia la naturaleza, de convivencia pacífica, de tolerancia hacia las diferencias, él tendrá mejores posibilidades de introyectar en su esquema de vida estos aspectos".

—¿Es regla que si desde chicos los hijos acatan normas, cuando sean adolescentes o ya jóvenes, lo más seguro es que se adapten a ellas con mayor disposición?

—Si estas reglas están bien estructuradas, considerando aquellos aspectos señalados más arriba, si estas se respetan por las personas que las señalan, si no existe incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace, es lógico pensar que así será. El dilema está, muchas veces, en que el entorno se amplía a medida que el niño va creciendo y, en ocasiones, ya se vuelve incontrolable; surgen nuevas normas que en ocasiones no son compatibles con los de los padres, y que también son importantes para los niños, porque estas surgen de su entorno social como los amigos, parientes cercanos, etc. Por eso, a veces, sucede que el comportamiento o las actitudes de un adolescente pueden disociarse un poco de las normas llevadas en el hogar. Pero en todo esto, si el cimiento fue fuerte con la coherencia de la que hablamos, es más seguro que el adolescente lo incorpore verdaderamente como estilo de vida. Sin embargo, en la etapa adolescente, no debemos olvidar la característica propia de este período, en el que surgen los cuestionamientos y las crisis que se consideran normales y que son necesarios para identificar estas normas como propias, posteriormente, en la edad adulta. Jorge Ordeig, autor del libro Preparar la adolescencia, dice: "No es bueno preocuparse demasiado: si el barco estaba bien preparado, las averías no serán de importancia, y tendrán un efecto muy positivo". Aunque vale hacer una advertencia importante, y es aquella relacionada con la libertad personal, la cual le confiere al ser humano la facultad de tomar sus propias decisiones, pese a que los padres hayan realizado un perfecto trabajo.

—Se suele pensar que se educa para una edad determinada, ¿ese concepto es errado?

—Muy errado. Se espera una conducta determinada para cada edad, se espera que un niño se comporte como tal, no como adulto pequeño, como algunos piensan. Tampoco se debe pensar que un niño no deba tener responsabilidades; por supuesto que las debe tener, pero conforme a su edad. Esa es la manera de ir incorporando este valor en su estilo de vida. Muchos padres piensan que sus niños, por ser muy pequeños, no deben hacer nada; y cuando sean grandes, tampoco nada harán, pues no se les acostumbró. Existe siempre un plan educativo que apunta a la edad adulta, así que hay que pensar en el futuro, previendo errores y haciendo ajustes ya desde la niñez.

—Nunca es tarde para comenzar, ¿qué consejos de disciplina puede dar desde que son bebés?

—La primera norma nos da el pediatra cuando nos pide que establezcamos horarios con nuestro bebé. Para ellos también existen formas de enseñarles los límites; por ejemplo, los horarios de alimentación, sueño, recreación, baño, etc. ¿Por qué no seguir así con todo lo que viene después? Eso sí, en un clima sicológico de mucho amor, empatía, aceptación de que de los errores se aprende, y que tanto papás como hijos podemos equivocarnos pero que de las caídas podemos levantarnos y continuar. Cuando un niño se equivoca o trasgrede una norma, debe saber que existe una sanción, sea esta una recomendación o una privación quizás, lo que no debe existir es la indiferencia o, por el contrario, aquella insistencia permanente de aquel error que alguna vez cometió. Si se aplicó una sanción, se debe dar luego una vuelta de página y continuar. Estos pequeños tropiezos resultan importantes para alcanzar su maduración, además, conocer y aceptar sus propios límites.

—Nadie nace sabiendo cómo ser padres, ¿son útiles los libros, los videos?

—Siempre y cuando estos textos sean recomendados por profesionales reconocidos, por supuesto que auxilian y mucho. Esto también ayuda para romper algunos esquemas aprendidos a través de nuestros progenitores y que deseamos no volver a repetirlos.

—Se escucha que la educación crítica, la educación para la vida cotidiana, es la que está fallando en el país; ¿es así?

—A mi parecer, la falla es la falta de coherencia de vida. Estamos ante una generación de padres muy sobreprotectores, que temen que les pase algo a sus hijos cuando lo que solicitan no se les concede; no permiten que ellos desarrollen un poco más el esfuerzo personal, todo lo facilitan, hacen las tareas por ellos, se adelantan a sus necesidades, no permiten que ellos resuelvan sus propios problemas a costa de cierta frustración, pero que es necesaria para el crecimiento personal. Entonces, ¿de qué educación crítica estamos hablando?

—Qué cimientos debemos fomentar como padres para construir ciudadanos útiles a la sociedad.

—En estos días, tuve la oportunidad de escuchar a dos personas jóvenes y exitosas de nuestra sociedad, y dirigiéndose a los jóvenes, ambos coincidieron en que para sobresalir se debe desarrollar el talento personal que todos tenemos, se debe soñar alto, muy alto, pero fundamentalmente se debe desarrollar una profunda disciplina en lo que se hace. La enseñanza de valores como la disciplina, el orden, la generosidad, honestidad, amistad, constancia, laboriosidad, respeto… también tienen aplicación en las edades primarias. Los niños irán interiorizando de acuerdo a su nivel de comprensión, pero para ello necesitan que los padres los familiaricen con estas virtudes.

Finalmente, el amor de padres es infinito y lo que se quiere es formar personas íntegras que sean felices. Así que gran parte de su éxito depende de usted,  ¡manos a la obra!  

Cariño y constancia

"El hombre es como un bloque en bruto que durante años va adquiriendo forma gracias a la tarea, exigente y amorosa a la vez, de los padres. Este encargo requiere tiempo, dedicación y constancia, puesto que durante años se sembrará sin ver los frutos, hasta que un día aquella obra deberá brillar con luz propia y defenderse por sus propios medios, valiéndose de los instrumentos adquiridos en años anteriores."

Agradecimiento: Edu-Kit