Efervescencia juvenil

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Los jóvenes de Un Techo para mi País extendidos en 19 países de América Latina no están en la pavada. Son un ejemplo de efervescencia juvenil y de ideales convertidos en acción.

Un Techo para mi País ya es un fenómeno latinoamericano. Los voluntarios se reproducen cada día en casi todos los países. Están en las laderas de las montañas de La Paz, en las favelas de Río, en la desolada Puerto Príncipe, en Haití, y en los bañados de Asunción.

El Quinto Encuentro Latinoamericano (ELA) de UTPMP realizado en Santiago así lo demostró. Cada vez son más quienes se suman a la tarea de luchar contra la pobreza construyendo viviendas de emergencia primero en un proyecto que no fomenta el asistencialismo, sino busca que las soluciones surjan del problema. Que los beneficiados sean partícipes y conscientes, que también luchen por mejorar su calidad de vida.

Esta filosofía es totalmente diferente a la que estamos acostumbrados y en nada favorece a los políticos tan apegados al prebendarismo. UTPMP cambió la percepción de que todo venga de arriba y de que las limosnas ayudan por el de la autogestión.

Al menos 2.000 jóvenes se congregaron para el encuentro bianual en la capital chilena. No fueron para quedarse en hoteles, ni comer en restaurantes, sino para pasarlo en un campamento con toda austeridad y sin que se redujeran los decibeles del canto de porristas, animadores y grupos. Se juntaron el bullicio de los colombianos y el ritmo de los brasileños para arrasar con toda apatía o bajón. Los paraguayos no estuvieron ajenos y demostraron gran capacidad y calidad humana.

Todo estaba muy bien organizado en una gran carpa montada en la Plaza O’Higgins donde los jóvenes se "recluyeron" voluntariamente y sólo salieron para ir a compartir con las familias beneficiadas con el proyecto en los barrios populares de Chile. Cada delegación tenía una función que la cumplía a cabalidad.

Y así transcurrieron los cuatro días con creatividad, colorido, alegría y ganas de cambiar el mundo. Todos estos valores estallaron en Santiago.

Las banderas se unieron en un hito masivo y las razas se confundieron en una sola frente al Palacio de la Moneda. Las voces pregonaban por el fin de los campamentos en Chile, país que se considera "jaguar" en América Latina y cuenta con recursos y condiciones para dar el ejemplo. No había diferencias ideológicas, de raza, ni religión.

Salidos de universidades

La gran mayoría de los jóvenes voluntarios de Un Techo para mi País son universitarios de todo el continente. Queda demostrado que la juventud latinoamericana no vive en una burbuja y que los vistos como "hijos de papá" o "hijos de mamá" están muy comprometidos con su sociedad. Además, llevan la posta frente a los políticos para la solución de los graves problemas económicos y sociales que afectan a gran parte de la población de sus respectivos países.

Mientras los gobernantes no pasan de discursos y promesas electorales, los jóvenes van a la acción en su lucha contra la extrema pobreza, la falta de educación y el acceso a mejores condiciones de vida. No reparten víveres, ni chapas. Pero sí buscan soluciones que sean sostenibles y permanentes.

A estos jóvenes no les importa insolarse durante el día ni resfriarse soportando el frío de las noches andinas. Pasarse "enclaustrados" en una gran carpa y comer apenas no es un sacrificio.

Una nueva visión

¿Por qué los voluntarios de Un Techo son todos jóvenes universitarios y de buena posición social y económica? Es una pregunta que flota para quienes ven desde fuera a la organización.

"El Techo tiene un planteamiento muy fuerte por la diversidad pero, lamentablemente, tenemos que reconocer que en América Latina y el mundo ser voluntario implica tiempo y dinero. Entonces hay una selección natural de un joven que tiene las posibilidades de hacerse voluntario por cuenta propia", dice el chileno Claudio Castro, director Social de Un Techo para mi País.

La realidad se puede ver en cualquier país. En Paraguay muchos jóvenes no pueden ser voluntarios, por más de que lo quieran, puesto que deben trabajar y estudiar a la vez. En Haití, por ejemplo el ser voluntario es visto como un tabú, pues la población que ha salido de la esclavitud considera que el voluntariado no existe y cualquier trabajo por mínimo que sea requiere de una paga.

Un voluntario —explica Castro— no solo entrega su tiempo, sino entrega su dinero, entrega los contactos que representa su familia, entrega las oportunidades y los regalos que ha tenido en su vida. No obstante,  el Techo crece y el grupo va tomando contacto de los jóvenes que son traspasados a las familias y naturalmente se va dando una condición de mayor masividad, al menos en Chile. "Cuando teníamos una sola operación en Chile —las viviendas de emergencia que ya no se construyen—, se hacían cinco mil en un año con un esfuerzo muy grande de la institución".

Pero cuanto se tuvo la necesidad de contar con un mayor financiamiento para las viviendas definitivas, obviamente se involucraron más jóvenes y esto fue haciendo que el voluntariado creciera hacia los distintos estratos de la sociedad. "Diría que no es una opción del Techo ir solo con jóvenes que tienen recursos. Nuestra visión es vincularnos con el mundo universitario, que naturalmente puede ser una élite en nuestros países. Ahora dentro de ese mundo universitario buscamos la mayor diversidad; jóvenes que estudian carreras distintas y pueden vincularse con un montón de universidades, jóvenes de énfasis distintos y prioridades diferentes en su vida", afirma Castro.

Lograr controlar a jóvenes tan inquietos y llenos de efervescencia es también una de las virtudes de la organización de UTPMP. ¿Cómo lo hacen? "Cada vez que vamos a construir en un asentamiento la invitación que hacemos a los jóvenes es la de entregarse a la experiencia de construir. Pero esa actividad no solo significa la construcción de una casa, sino tiene que ver con una entrega total, la de experimentar lo que viven las familias en situación de pobreza".

Por eso los jóvenes del Encuentro Latinoamericano han tenido que soportar situaciones difíciles como dormir poco y en colchonetas, mantener una disciplina para levantarse temprano y terminar el día exhaustos por el trabajo y las arduas jornadas. "No tenían las mínimas condiciones de comodidad que tienen en sus viviendas en cuanto al aseo. Y todo esto solo pueden superar jóvenes con ganas de hacer las cosas".

Para Castro "no es difícil controlar a un grupo de jóvenes que se entregan a una actividad donde pretenden vivir ciertas experiencias, que tiene que ver con la libertad y el compromiso de cada uno".

Lo que menos importa a los jóvenes de Un Techo es hacer turismo, pues plantearse la visita a un país se puede hacer en cualquier momento, pero tener la experiencia de cuatro días compartiendo con jóvenes de otros países de América Latina sobre sus realidades y convivir con las familias de barrios pobres hace que tengan un autocontrol y un sentido de responsabilidad con cambiar una situación".

Enriquecedora experiencia

Soledad Núñez, directora social de UTPMP Paraguay, asegura que el ELA fue una "oportunidad excelente para que los jóvenes reafirmemos nuestro compromiso de trabajo junto a las familias de los asentamientos de todo el continente bajo la premisa de que sí es posible construir una América Latina sin la injusticia de la pobreza. Es el momento de construir la historia"

El gerente general, Bruno Defelippe, agrega que "quedó demostrado que los jóvenes están despiertos y que tienen una responsabilidad con la sociedad paraguaya, más aún al ver en Chile que es posible terminar con los asentamientos. Esto no debe parar".

Para Elida Dávalos, una de las voluntarias de UTPMP Paraguay, la experiencia ha sido enriquecedora y motivante por la alegría de ver un proyecto en su etapa definitiva, cuando en Paraguay está comenzando. "Es alentador saber como voluntaria que el pequeñísimo grano de arena que aportamos puede significar tanto para otros y que de allí partan o aumenten sus ganas de progresar".

María Paz Domínguez Ayala, jefa de la delegación local para el ELA, considera que fue una oportunidad gigante para dimensionar el trabajo del voluntariado en Paraguay. "Nos dimos cuenta de que somos miles los jóvenes que compartimos los mismos ideales y que queremos cambiar la situación de pobreza de la gente. Queda mucho por hacer y estamos avanzando. En el encuentro aprendimos que se puede llegar a la meta. Solo hay que perseverar".

Mijael Rodríguez, coordinador de comunicaciones de UTPMP Paraguay, regresó convencido de que construir viviendas de emergencia es solo el primer paso. "Aparte de conocer en la teoría los siguientes pasos del proyecto que son la habilitación social y la vivienda definitiva, en Chile tuvimos la ocasión de ver nuestra meta. De ver no solo viviendas de ladrillo en un barrio definitivo, sino una sociedad inclusiva, con participación ciudadana. Conocimos a personas que antes eran las más excluidas socialmente y ahora conocen al dedillo sus derechos, pero también sus obligaciones".

"Nuestro trabajo está guiado y tiene pruebas tangibles. Si toda la sociedad se involucra, desde empresas hasta familias, desde jóvenes hasta el Gobierno y los protagonistas, las familias que cuentan con menores oportunidades pueden salir adelante y así erradicar la pobreza de Latinoamérica", insiste.

Los 45 jóvenes tienen ahora un llamado para el resto de la población y la sociedad paraguaya: "Invitamos a todas las personas a que no nos admiren, ni estén orgullosos de nosotros, sino que se involucren en esta cruzada contra la pobreza".

La noche sin techo

 

Más de 10.000 jóvenes en 19 países de América Latina se congregan este fin de semana a la luz de la luna sin nada más que una bolsa de dormir con motivo del Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza.

El objetivo es llamar a la conciencia sobre la situación de extrema pobreza en la que vive Latinoamérica.

En Asunción el punto de encuentro elegido es la Plaza de las Américas. "Los jóvenes voluntarios de UTPMP creemos que la injusta realidad en la que se encuentran sumergidas millones de familias puede cambiar si todos los sectores de la sociedad denunciamos esta situación y nos hacemos partícipes del cambio. No creemos sea imposible una Latinoamérica sin extrema pobreza, pues nuestro continente no es pobre, es simplemente injusto", dice la declaración de UTPMP Paraguay cuyas cabezas visibles son Bruno Defelippe, gerente general, y Soledad Núñez, directora social.

La clave

 

Un Techo para mí País (UTPMP) es una organización latinoamericana, liderada por jóvenes voluntarios, que trabaja junto a las familias que se encuentran en situación de extrema pobreza y que viven en asentamientos humanos.

UTPMP nace en Chile en 1997 y en el año 2001 comenzó su expansión por Latinoamérica, siendo reforzado desde el 2005 con el apoyo del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) - Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Hoy Un Techo para mi País está presente en 19 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Haití, Honduras, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

La organización ha construido más de 70 mil viviendas de emergencia y logró involucrar a distintos sectores de la sociedad, entre ellos a más de 250 mil jóvenes voluntarios latinoamericanos.

Actualmente Un Techo para mi País está dando respuesta al terremoto en Haití con un plan de reconstrucción que comprende levantar 10.000 viviendas en 4 años.

En Paraguay existe desde el año 2008 y lleva construidas 698 viviendas de emergencia y ha movilizado a más de 3.500 voluntarios.

Información completa: www.untechoparamipais.org/Paraguay