El sonido perfecto

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El proceso creativo de Los Buscadores significó un viaje por diferentes estadíos sociales, desde la narrativa visual hasta un desafío acústico sin precedentes en el cine nacional. Saltos de armonía sinceras evocan nuestra idiosincrasia, conjugando el talento de eximios profesionales y artistas nacionales.

Ingresamos sigilosos al estudio de grabación de Germán Acevedo y tras unos ajustes, cambios de canal en la consola y esas cosas que los maestros de la edición sonora hacen, despunta la magia.

Visualizando una escena de Los Buscadores, Tana Schémbori y Juan Carlos Maneglia analizan –con el estrepitoso silencio que precede a las imágenes– los detalles que lograrán mayor impacto y una sensación aún difícil de explicar.

La transición cobra mucha más fuerza y, sin haber visto nada, uno puede notar que contemplamos los acordes de una gran obra.

La edición de sonido, la composición de la banda sonora, la posproducción de ciertas sensaciones acústicas que realzan la narrativa y los artistas involucrados en ello fueron los factores que los creadores de 7 Cajas tuvieron muy en cuenta.

“Cuando la película está armada en términos de edición, con las escenas terminadas en su duración concreta, empezamos la composición musical. A veces se tienen nociones previas del guion, pero la mayoría de las veces vamos últimos. Eso fue lo que pasó con esta película”, explica Derlis González, compositor de la banda sonora, quien tiene en su haber más de 20 producciones.

La estética musical que acompaña las imágenes obedece a un criterio que encierra diversas sensaciones. “Básicamente, los directores querían una música de película de aventuras, con un balance entre diferentes géneros. La historia tiene muchas cosas simpáticas, pero no es una comedia. Tiene momentos tensos y de acción, pero tampoco es violenta; sin embargo, es muy intensa”, señala el compositor.

“Lo importante era lograr una identidad desde lo musical, por lo que surgió la idea de hacerlo con orquesta; mucha percusión, bastante tonal y sencilla en su forma, soportando así la trama”, refiere Derlis.

“Escribir todo tomó como dos meses, aproximadamente, y el resto del tiempo nos concentramos en la edición, posproducción y música en vivo. Ponía las piezas en las escenas y se las iba mostrando. Ellos me decían lo que funcionaba y lo que no, avanzando de principio a fin”, acota.

Con esta realización, el artista atravesó momentos de sobresalto. “Hay unas escenas en las que específicamente querían un solo de guitarra clásica. Lo escribí y, cuando lo escucharon, Tana dijo: ‘Vamos a pedirle a Berta que toque esa parte’. Yo casi me caigo de la silla. Pensé que solo una Berta podía ser”, afirma, reconociendo que compuso una pieza para que la eximia Berta Rojas interpretase.

Más de 70 músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) también viajaron en la partitura de Los Buscadores. “Una vez que llegaron ellos y empezaron a tocar le añadieron otro sabor. Tenía completamente otro sonido; redescubriéndolo en vivo. Exteriorizar su felicidad por ser partícipes de este proyecto, tocando mis melodías, fue inigualable”, sostiene el joven, quien estudió guitarra clásica en el Conservatorio Nacional de Música.

Cotidiáfono, concreto y ancestral

El bagaje que fusiona estilos cinematográficos desde la narrativa hace lo propio con los matices musicales. “Desarrollamos los efectos para ciertas partes de misterio, intriga y acción, que ejecutamos con instrumentos inventados e indígenas”, expone el músico y productor René Ayala.

“Sería una corriente de la música experimental que surge a mediados del siglo XX, denominada en ese entonces música concreta y ahora la conocemos como electroacústica”, añade Ariel Ayala, quien colaboró con su padre en el proceso.

“Los sonidos provienen de objetos como caños, utensilios domésticos, instrumentos convencionales, incluso basura, y en conjunto se denominan cotidiáfonos. Luego de la captura, los procesamos digitalmente”, subraya René.

Antes de grabar sonidos provenientes de instrumentos ancestrales nativos, elaborados con uñas de ñandú, garras de cerdos silvestres o semillas autóctonas, nos invita a un ritual, solicitando permiso a los espíritus de la naturaleza. “Algunos de estos elementos fueron utilizados durante la Guerra del 70 para asustar al enemigo. Los empleamos en 7 Cajas y ahora en Los Buscadores”, refiere el artista.

Idiosincrasia sonora

“El sonido de la película es bastante complicado y desafiante. Desde la preproducción hasta la mezcla final tiene una riqueza muy grande, tanto por las locaciones como por nuestra idiosincrasia sonora, incorporando matices reales y no reales, generando un resultado único”, comenta Germán Acevedo, uno de los productores que, junto con todo el equipo, realizó la remasterización en Buenos Aires.

“Lo más difícil fue el sonido directo, ya que algunas locaciones eran muy ruidosas y teníamos inconvenientes con los diálogos, pero lo solucionamos con doblajes y tomas de ambiente. Es lindo tener los sonidos tal cual suenan en su entorno, como el de la Chacarita, pero debido a esa dificultad tuvimos que recrear un par de escenas en otros barrios”, acota el profesional.

“Empezamos la mezcla final en 5.1, en el estudio 3 Sonidos, con Gerardo Calmar a la cabeza. Esta sala de mezcla posee altos estándares internacionales, y los profesionales paraguayos y argentinos tienen mucha experiencia”, asegura.

Mapa musical

Con las coordenadas delimitadas, el trabajo de posproducción persigue la sinergia de todos los elementos. “Lo primero que hago es traducir los distintos lenguajes sonoros a la realidad. En el caso de la partitura, llega como un mapa que nos ayuda a dibujar la orquestación en vivo y la organicidad”, explica el productor musical Sergio Cuquejo, quien dirigió las grabaciones con la OSN.

La sincronía con el carácter de las imágenes resulta de un equilibrio matemático. “Desde la preproducción decidimos el tiempo de cada escena; entonces, al dirigir a los músicos, usamos un metrónomo y viendo la película a través del monitor sabemos cuándo acelerar o no, logrando que todo encaje”, explica el productor.

“Llegar a altos estándares es difícil. En 7 Cajas tuvimos menos recursos y logramos grandes cosas. En esta producción tenemos la oportunidad de hacer historia. El solo hecho de grabar con una orquesta en vivo es hacer historia en el cine paraguayo”, enfatiza.

“Estoy muy contento con el resultado. Subimos dos o tres niveles con relación a otras películas que hicimos. Con la música, las emociones se sienten el doble. Al escuchar la banda sonora de un gran filme la identificás de inmediato. Este trabajo cuenta con todos los elementos que harán que la gente diga: ‘Esa música es de Los Buscadores’”, finaliza Sergio.

Queda poco más de un mes para el estreno y los detalles terminan de afinarse, generando expectativas en la audiencia.

Dicen los que saben que la música es el arte de conjugar los sonidos. Fusionar la experticia, el talento para ejecutar una guitarra, capturar la sensación adecuada, potenciando una imagen, un diálogo y todo el paisaje sonoro en sí, reditúa satisfacción.

Los Buscadores elevó la apuesta, manejó altos estándares para su realización y consiguió una pieza artística que resuena por sobre las historias cotidianas, por sobre nuestro modo de ser y logró cristalizar el sonido perfecto, acompañando una narrativa que surge desde lo más real de nuestra cultura.

carlos.canete@abc.com.py

Fotos: Gentileza/José Palacios.