En noviembre de 2010 terminó la primera etapa de la restauración de la iglesia de San Agustín de Emboscada, construida en el siglo XVIII. Las tareas habían empezado en marzo del citado año con un curso de capacitación a dos indígenas talladores, Félix y Florencio, oriundos de Pedro P. Peña, Chaco paraguayo, por parte de expertos italianos dirigidos por Andreas Papi. Al cabo de un mes, se realizó el desmontaje parcial del altar principal con el propósito de consolidar las maderas y ajustar la estructura, que se encontraba muy debilitada por sufrir cada año la colocación de una rústica y pesada escalera para bajar del nicho central la talla del santo patrono. Este ritual de antaño se lleva a cabo todos los 28 de agosto, cuando San Agustín celebra su día, y un grupo de hombres proceden al descenso de la sagrada imagen, que debe salir a recorrer las calles en procesión.
“El proyecto en sí está basado en la restauración total del altar mayor. Habíamos firmado un convenio con el Ministerio de Obras Públicas, el obispado de Caacupé, la Municipalidad de Emboscada y el Ministerio de Cultura, y a través de Cultura se hizo un acuerdo con el Instituto Ítalo Latinoamericano (IILA) para la venida de expertos italianos que tuvieron a su cargo la primera etapa, consistente en la restauración de las maderas y la catalogación e inventario completo de la iglesia San Agustín”, explica Jacinto Raúl Peña Silva, intendente municipal y presidente de la Comisión de Restauración y Conservación del Patrimonio de Emboscada.
El jefe comunal revela que aportaron 150 millones de guaraníes, recaudados con la organización de fiestas, rifas y ferias de comidas. El IILA, como contraparte, solventó la presencia de dos especialistas venidos de Italia, y en representación del Ministerio de Cultura actuaron el restaurador Francisco Garay y María Albertini Molas.
“Se completaron como 77 piezas que faltaban en el retablo mayor y se reforzó su estructura, porque estaba un poco estropeada. Fue un trabajo minucioso y muy bien logrado por los artesanos chaqueños, que tallaron y restituyeron al altar los pedazos rotos o desaparecidos”, expresa el padre Horacio Luis Ortega Gini, cura párroco local.
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Ahora, los emboscadeños aguardan con interés la prosecución de los trabajos de restauración del artístico templo franciscano. Sería la segunda etapa que establece la recuperación de la policromía original del conjunto de altares, el púlpito y las tallas de santos hechos en madera.
“Hoy, el retablo mayor está en condiciones para proseguir la segunda etapa, pero hasta este momento no sabemos porque el IILA no se ha pronunciado para apoyaros en el siguiente paso. Hablamos con las autoridades del Ministerio de Obras Públicas y nos dijeron que ya cuentan con un presupuesto; nosotros, a nivel municipal, estamos en condiciones de afrontar los gastos que nos corresponden. Sería una lástima que el Gobierno italiano, a través de su organismo internacional, no pudiera terminar esta obra que quedó a mitad de camino. Cuando se hizo la entrega de acreditaciones y diplomas del proceso de trabajo inicial, hablamos con el embajador (Pietro Porcarelli) y él se había mostrado muy entusiasmado. Estamos escribiendo una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia y de Paraguay para que el IILA pueda financiar y ejecutar la segunda parte”, señala el intendente Peña Silva.
La gente de Emboscada valora sus bienes históricos y culturales, y desea ver concluida la obra con las intervenciones que faltan, según manifiesta el líder espiritual. “La iglesia es de una riqueza artística de incalculable valor histórico para los emboscadeños y se sienten identificados con esta edificación que data de 1740. Es por eso que insistimos en que recupere totalmente, porque no solamente se trata de un bien local, sino de un patrimonio arquitectónico perteneciente al Paraguay”, dice el padre Ortega Gini.
Además de la recuperación pictórica original, con predominio de los colores azul y dorado, se menciona que las intervenciones del edificio incluirán el retiro del agregado frontal a fin de dejar la fachada tal como era en su concepción original.
“Lo que queremos es recuperar su originalidad, porque esa torre del campanario instalada en la parte del frente no está contemplada en la construcción original de la iglesia. El ministro de Obras Públicas nos había respondido que en el presupuesto de este año estaban incluidas las modificaciones correspondientes. Queremos volver a lo que era su fachada original y dejarla así, como se hizo en un principio. Además, necesitamos hacer arreglos en el techo y el maderamen, que están un poco ajados”, sostiene Jacinto Raúl Peña Silva.
Si bien los miembros de la Comisión de Restauración y Conservación del Patrimonio de Emboscada esperan que los italianos continúen la ejecución de las obras, hay conversaciones internas entre los organismos nacionales, inclusive con la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), para completar la restauración, que costaría entre 700 millones y 800 millones de guaraníes.
“Vamos a seguir las obras de alguna manera, porque, además, este patrimonio nos puede servir para la promoción turística de Emboscada. Lo importante sería que se haga a través de las orientaciones del IILA, porque tiene que ser un trabajo serio. No queremos tener la experiencia que se tuvo en las iglesias de Piribebuy, de Caraguatay, que fueron intervenidas por gente que no llenaron las expectativas para este tipo de trabajos”, concluye el titular de la Comuna emboscadeña.
Identikit
Emboscada se ubica a 40 km de Asunción, en el Departamento de La Cordillera, con acceso por la Ruta N.° 3 Gral. Elizardo Aquino. Es considerada la ciudad de la piedra, por la explotación de canteras que abundan en la zona. Y son los trabajos artesanales en piedra y la provisión de materiales para la construcción fuentes de ingresos importantes de la población. A escasos kilómetros del sector céntrico se halla la cárcel de máxima seguridad, que fue construida en 1816 y, con varias adaptaciones a las necesidades actuales, funciona hasta la fecha.
Patrimonio en peligro
La rauda y permanente circulación de camiones de gran porte por la ruta asfaltada que pasa detrás de la iglesia de San Agustín de Emboscada representa uno de los mayores peligros para la conservación de la obra arquitectónica. Manifiesta el intendente municipal, Jacinto Raúl Peña Silva, que los vehículos hacen vibrar la estructura, que data del siglo XVIII, y que, como autoridades locales, se ven impedidos de tomar alguna medida correctiva, porque se trata de una ruta nacional que es administrada por el Ministerio de Obras Públicas.
“No podemos hacer un ordenamiento porque por ley nos quitan las atribuciones. Las rutas que pasan por el municipio son propiedades del MOPC y no podemos hacer controles de vehículos, no podemos regular, no podemos instalar ningún semáforo. La idea es pedir que se haga una ruta alternativa, porque estamos viendo los graves deterioros que sufre nuestro patrimonio histórico por causa de los camiones pesados que transitan a todo velocidad por el casco urbano”, alerta Peña Silva.
Breve historial
La fundación del Pueblo de los Pardos libres de la Emboscada por el gobernador español Rafael de la Moneda se ubica entre 1740 y 1744. Fue con el nombre de San Agustín de la Emboscada, que —según los historiadores— era por las emboscadas que realizaban los indígenas Guaycurú contra los de la tribu Carios, antes de la conquista española.
Surgió como pieza clave en el conjunto de medidas tomadas por el gobernador De la Moneda para organizar el territorio paraguayo en forma institucional y productiva. Con la finalidad de fijar la frontera y apuntalar la línea defensiva de Arecutacuá, se recurrió a los negros libertos de San Agustín de Arecutacuá para poblar el sitio. Se les otorgó en propiedad tierras y se les organizó un pueblo, donde fue reconstruido un presidio, en el que desde 1738 se sugería la mudanza de los presidiarios. En 1761, el padre Francisco Amancio González fue designado cura de Emboscada. El religioso se dedicó a evangelizar a miembros de las tribus tobas, enimagás y lenguas cercanas al poblado. Se cree que la iglesia que se conserva fue construida hacia 1774 por el padre González.
