En busca del "sueño americano"

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Enrique Schaerer Delgado es americano pero hijo de paraguayos. Si bien sobresalió en el país que lo vio nacer, Enrique no olvida sus raíces paraguayas ni la lucha de sus padres por sobresalir lejos del calor familiar.

La historia de Enrique Schaerer Delgado comienza cuando sus padres, Fernando Schaerer Prono y Rocío Delgado Camperchioli, deciden migrar a los Estados Unidos buscando un futuro mejor. Tenían solo 20 y 18 años respectivamente, cuando fueron en busca del "sueño americano". Fernando había participado de un intercambio por AFS, en Reno, Nevada, donde felizmente le tocó una familia excepcional que lo invitó a continuar sus estudios en los Estados Unidos.

Esta idea fue alentada por su madre, Celia Prono de Schaerer, quien ya había perdido a un hijo, Mario Schaerer Prono, durante la dictadura, y ante el temor de un futuro incierto incentivó a su hijo Fernando a abrirse camino fuera de nuestras fronteras. Así lo hizo, no sin antes contraer nupcias con Rocío Delgado. Con la maleta cargada de esperanzas y sueños, llegó a Nevada con el firme propósito de salir adelante. A los dos años de estar comenzando su nueva vida, nace Enrique. Todavía eran estudiantes. Exactamente dos años después regresaron junto con el nuevo integrante de la familia. Fue bautizado y tuvo como padrino al señor Eduardo Pérez Heras, en cuya residencia se hospeda Enrique cada vez que viene a nuestro país buscando conocer más sobre la tradición del país de sus padres y, principalmente, comprender por que habían tomado la decisión de mudarse; entender sus ideas y expectativas sobre el cambio.

"A medida que iba creciendo, sentía curiosidad por conocer más sobre el país de mis padres y obtener respuestas como: Por qué habían dejado todo, es decir, país, familia, amigos, vecinos, compañeros y toda una vida para enfrentarse al reto que implica construir una ciudadanía intercultural", explica Enrique.

A su mente vienen fragmentos de su niñez, como la lucha por salir por única y propia cuenta. "Recuerdo que al principio no fue fácil. Vivíamos en un departamento muy pequeño y este fue otro cuestionamiento que me hice con el correr de los años: ¿por qué no quedarse en su tierra natal, teniendo todo, comodidad, cariño? La respuesta vendría después y sería muy sencilla: Primero, la motivación por ir a un país con mayores oportunidades y  la historia familiar que también influyó. Recordemos que Mario Schaerer Prono, hermano de Fernando, fue víctima de la dictadura, cuando en la noche del 5 de abril de 1976, la Policía irrumpió en su domicilio como parte de los procedimientos represivos a dirigentes de la Organización Político Militar (OPM). Dos días  después su cuerpo fue entregado a sus familiares con evidentes signos de brutal tortura.

"Mi abuela quedó con temor y fue uno de los motivos, porque quería que mi padre fuera al extranjero. Luego, con el correr de los años fueron ajustando sus vidas en Reno. Entonces, si bien tenían los afectos en Paraguay, en los Estados Unidos también tenían una vida construida a base de sacrificio y mucho amor. Fluían sentimientos contradictorios: por un lado deseaban quedarse, pero por otro, añoraban la vida que habían logrado, tenían compromisos asumidos y los progresos comenzaban a avizorarse. Además, ellos mismos habían cambiado sus pareceres", recuerda Enrique.

Sin duda, no debe ser fácil para quien deja atrás su tierra, su familia, sus amigos, no derramar de cuando en cuando una lágrima en tributo a los recuerdos y la nostalgia que a veces invade y trae olores imaginarios de aquellas calles o aquellos seres queridos con quienes habrán soñado volver a compartir momentos de alegría. Pero los Schaerer-Delgado no se apartaron del camino que se habían trazado e invirtieron en la formación integral de sus hijos. La educación era algo a lo que siempre dieron mucho valor. Consideraban la herramienta fundamental para sobresalir en la vida, así que asistir a la universidad nunca estuvo en discusión. Estas reglas tuvieron los resultados esperados. Enrique se graduó con dos títulos de la Universidad de Notre Dame; uno, en Ciencias Políticas, y el otro, en Financiación. Ya en el primer año de clases se convirtió en tesorero y se ganó un lugar en la lista del decano y de Phi Beta Kappa. Al final de la universidad fue nombrado Mejor Estudiante y tuvo la responsabilidad de dar el discurso del mejor alumno en la ceremonia de ejercicios.

Nuevamente, su constancia y dedicación lo llevaron a la excelencia. Se ganó una importante beca, Jack Kent Cooke, cuando solo tenía 22 años, hoy tiene 27. Este premio Las Vegas es un máximo de 300.000 dólares y le abrió las puertas para una educación avanzada y la probabilidad de una vida con éxito en el terreno de la abogacía, nada más y nada menos que en la Universidad de Yale. Cuando obtuvo este feliz logro, las palabras de elogios no faltaron, incluyendo las de su familia, obviamente. Su madre llegó a comentar orgullosa que "a lo largo de sus estudios escolares, nunca obtuvo una nota menor a A (5)". También llegó a preguntarse si alguna vez obtendría una B (4) en alguna clase, "solamente para que sepa lo que se siente". El View Summerlin se hizo eco de esta noticia e igualmente resaltó el espíritu de sacrificio con ganancia, de sus padres. "De Paraguay emigraron a Nevada con el determinado objetivo de triunfar, no solo de sobrevivir. La ética de trabajo y dedicación a la educación superior tuvieron un efecto importante sobre sus tres hijos", expresa parte del artículo.

Hoy la familia Schaerer-Delgado vive en Tournament Players Club en Summerlin, una comunidad de lujo, cerrada. "Yo viví parte de ese proceso de consolidación, de ascenso, y creo que eso contribuyó en mi espíritu decidido", cuenta Enrique durante la entrevista.

Ahora que ostenta el título de abogado, le gustaría especializarse en relaciones laborales, derechos civiles, derechos de votos, dedicarse a trabajos de interés público en nombre de los niños,

las minorías y los inmigrantes, que considera deben tener iguales oportunidades. "Compartimos el mundo y tenemos que trabajar juntos", manifiesta.

Definitivamente su historia caló hondo en él. "Conocer a los parientes, escuchar sus relatos, me ayudó a comprender más a mis padres, conocer más mi historia personal  y definir  lo que quiero para mi vida. Para saber adónde voy, tengo que saber de dónde vengo", reflexiona Enrique, cuya historia de triunfos no acaba con su título de abogado, egresado de la prestigiosa y renombrada Yale. Su integridad, solvencia y reputación profesional fueron virtudes para que le propusieran el cargo de senador. "Fue la sugerencia de unos amigos abogados. Insistieron en que debía ocupar un cargo político, pero considero que todavía no es el tiempo. Me gustaría saber más manteniendo un cargo de elección o actuando como juez, para luego dar lo mejor de mí sin defraudar".

Reconoce que fue criado bajo la influencia del espíritu de Jack Kent Cooke, quien propugnaba que la verdadera medida de una vida es la donación, no su duración. Cooke tenía como principal sueño obtener una educación y a pesar de la profunda depresión en la que cayó, perseveró y tuvo una vida de éxito. "Conocer el valor de la educación te lleva a reafirmarla como una fuente para mejorar la vida y realizar los sueños. Agradezco a mis padres esta inversión que hicieron en mí".

Por todo esto no es de extrañar que entre sus aspiraciones no descarta la Diplomacia. "Me atrae la carrera diplomática y lo que implica esta profesión". Y así como "corre" en su vida profesional, también lo hace en su vida personal. "Tengo ocho maratones encima", cuenta. En el de San Diego llegó a correr cuarenta y tres kilómetros en tres horas. El fútbol también entre sus entretenimientos, aunque "más para mirar" y el velerismo. "Me gusta dejar el celular y salir a recargar las pilas". Mientras disfruta de la vida, mientras va cosechando éxitos, sigue soñando en grande. Quiere marcar presencia. Quiere centrar su productividad, su energía y entusiasmo en hechos relevantes, además de formar una familia y dejar un legado a sus hijos. Ejemplo que imitar... desde la cuna.

Venir a Paraguay y conocer mi historia personal me ayudó a definir mis objetivos.

Más logros.

 

El beneficiario de la Memoria Dailey, familia Starshak, Vertin Becas y Jack Kent Cooke, también fue galardonado con el primer Julian Samora beca de Notre Dame para hispanos de la Asociación de Antiguos Alumnos.

Además de servir como asistente de residente a la familia O’Neill Hall, Schaerer fue voluntario para organizaciones locales, como la Casa de la Amistad y la de Navidad. Asimismo, trabajó como asistente de investigación en Notre Dame, en la facultad de Biología y Ciencias Políticas y fue tutor para estudiantes-atletas.

Hay mucho por hacer por los padres y las familias, especialmente de la clase media, que tienen dificultades para trabajar, pagar cuentas, dedicarle calidad de tiempo a los suyos y lograr que sus niños concluyan la universidad. Voy a dedicarme a estos temas.

Lazos familiares.

 

Siempre que Enrique decide venir a Paraguay, elige quedarse en la casa de su padrino y mejor amigo de su padre, Eduardo José Pérez Heras, en cuya casa mantuvimos la amena charla. Pérez Heras cuenta orgulloso que siempre mantuvo contacto con Fernando. "Eramos como hermanos y jamás dejamos de comunicarnos", revela. "Fernando quiso que yo fuera el padrino de Enrique, quizás como una forma de sellar nuestra amistad", afirma. Enrique interrumpe para agregar que toda la familia tanto de su padre como de su madre son maravillosas y que encontró mucho calor humano en todas sus visitas. "Experimenté conexión con las personas", confiesa. La primera vez que vino a Paraguay fue por poco tiempo. "Sentí que faltaba algo". Esa sensación desapareció en visitas posteriores en las que fue colectando informaciones, escuchando relatos, logrando hilvanar mejor su historia y sobre todo entender el porqué del sacrificio de sus padres. "Hoy con admiración puedo decir ‘¡guau!, ¡qué gran sacrificio hicieron mis padres’".