El fundador de un populoso barrio asunceño
Indudablemente, uno de los mentados barrios asunceños es uno con apellido pero sin el aditivo de que dejó de pertenecer a alguien: "cue"; es el barrio Jara.
Este vecindario fue fundado por don Tomás Antonio Jara Martínez, hijo del político Juan Antonio Jara, quien fue vicepresidente de la República en el siglo XIX.
Don Tomás Antonio Jara, siendo aún muy joven, ingresó a trabajar en una de las principales empresas yerbateras de su época, la Mate Larangeira Mendes, donde llegó a ser administrador general de la compañía. Luego de 35 años de trabajo, se retiró de la misma y regresó a Asunción, donde adquirió una gran propiedad, que luego la loteó y vendió, convirtiéndose en el hoy conocido como barrio Jara.
El señor Jara fue un incansable promotor de importantes emprendimientos edilicios y urbanísticos asunceños: fue el principal constructor de la cancha del Club Olimpia, en Para 1, mandó construir 200 casas para obreros, dotadas de comodidades básicas incluida agua corriente, cuando el resto de la ciudad todavía no contaba con ella, inauguró el servicio de transporte público que unía barrio Jara con el centro de la ciudad, etc. Don Tomás Antonio Jara falleció en Asunción en 1941.
Niño ayoreo
En 1956, en el predio de una estancia chaqueña, unos peones avistaron a un grupo de silvícolas de la etnia ayoreo, a quienes persiguieron a caballo con la intención de matarlos. Era la época en que a los indígenas se los mataba como piezas de cacería, una práctica muy común entonces.
Todos huyeron, menos un niño de unos 12 años que había tropezado con unas ramas, trastabillando y cayéndose al suelo.
Fue enlazado por los peones y cuando uno intentaba matarlo, intercedió por él uno de los trabajadores. Fue llevado hasta Bahía Negra, donde fue puesto en una jaula y en exhibición. Fue remitido por barco hasta Asunción, destinado a los cuarteles de la Marina. Su nombre era Iquebi, al que se agregó el nombre cristiano de José.
José Iquebi, algún tiempo después, fue hospedado por los misioneros salesianos en sus misiones chaqueñas y actuó de guía y traductor para contactar con otros miembros de su etnia. Varios años después, José Iquebi se estableció en el Chaco, en un asentamiento cercano al cerro Chovoreca.
Espionaje por el Chaco
Una de las primeras acciones de espionaje contra Bolivia la realizó el propio representante diplomático paraguayo en La Paz, doctor Pedro Pablo Peña.
Como diplomático en Bolivia, tuvo la ocasión de conocer la existencia de un mapa cuya realización había sido encargada por el gobierno de ese país, al ingeniero cartógrafo, coronel Felipe Bertres, en 1843, durante la presidencia de José Ballivián. Este documento reconocía la potestad paraguaya sobre el Chaco, lo que lo convertía en un documento importantísimo para avalar la posición paraguaya sobre ese territorio, entonces disputado por Bolivia.
Por orden del gobierno paraguayo, el doctor Peña procuró y consiguió adquirir uno de los poquísimos ejemplares del mapa en cuestión, que fue remitido a la Cancillería paraguaya. Este documento ratificaba la posición paraguaya de que la problemática chaqueña era un asunto de definición de límites y no territorial, como pretendía Bolivia.
Al conocer el gobierno boliviano la tenencia del Paraguay del mapa Bertres, adujo que el mismo era nulo y exigió su devolución, la que fue realizada por el gobierno nacional, en un gesto que poco ayudó, en su momento, para la defensa del territorio chaqueño.
Hacendado y benefactor social
Casi olvidado por no decir olvidado es el nombre de un estanciero y empresario uruguayo establecido en las Misiones que mucho hizo por el desarrollo de importantes ciudades de la Mesopotamia misionera: don Felipe Benicio Del Puerto Cerone.
Nacido en el Uruguay, siendo niño, en 1885 se estableció con su familia en la zona misionera, dedicándose desde joven al comercio y la explotación ganadera y la exportación de productos derivados de la producción vacuna.
Patriarca de una numerosa familia, fue vicecónsul honorario del Uruguay en San Ignacio, y activo miembro de su comunidad, miembro de la Junta Municipal, agente del Banco Agrícola del Paraguay y miembro de la comisión Pro Frontis del templo parroquial, así como cooperador con el Gobierno, durante la Guerra del Chaco.
Fue fundador de clubes deportivos y de colegios, en San Ignacio y San Juan Bautista. En esta ciudad, fue uno de los principales constructores del antiguo Colegio Normal. Falleció en San Ignacio, Misiones, el 11 de marzo de 1941. En reconocimiento a sus aportes a la colectividad sanjuanina y a pedido de los vecinos, sus restos fueron enterrados en esa ciudad.
Soles en el Pilcomayo
A fines del siglo XIX, dos ingenieros franceses, G. y Arístides Sol, recorrieron parte del Chaco, realizando numerosos estudios acerca del río, la fauna y la flora de la zona.
Algunas de las conclusiones a las que llegaron fueron que, para ellos, el Pilcomayo no era navegable, pero que podía utilizarse en una extensión de 166 kilómetros, unos 74 kilómetros en línea recta desde su desembocadura hacia las juntas de Fontana, donde el río se bifurca en dos ramales, uno hacia el norte y otro hacia el sur.
Después de un minucioso examen de aquellas dos corrientes, los ingenieros Sol admitieron, acertadamente, que la del sur era la más importante, como se comprobó a principios del siglo XX, con la expedición exploratoria Ayala-Krause.
Por Bernardo Gutiérrez - surucua@abc.com.py