ENTÉRESE

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Una escuela para la nación

Muchas cosas se le pueden achacar al presidente Juan Bautista Gill (foto). Desde inescrupulosidades políticas hasta desprolijidades económicas, pero, innegablemente, su trabajo en pos de una mejor educación es encomiable. Además de haber logrado la salida definitiva de las fuerzas invasoras brasileñas, y la celebración de los tratados de límites que establecieron la frontera definitiva entre el Paraguay y Brasil, desde la boca del río Yguazú hasta la desembocadura del río Apa en el Paraguay (la frontera aguas arriba hasta Bahía Negra recién se hizo durante el ministerio de don Rogelio Ibarra, allá por finales de los años 20), consiguió la fundación del Colegio Nacional de Enseñanza Superior de la capital del país, cuna de los más grandes protagonistas de la intelectualidad paraguaya a caballo entre los siglos XIX y XX.

Este trabajo estuvo secundado por don Benjamín Aceval, entonces ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, y cuya estatua, con justicia, preside la entrada del más que centenario centro de enseñanza.­

Dicha ley fue promulgada el 4 de enero de 1877 y autorizaba al Gobierno a fundar un Colegio Nacional de Enseñanza Superior, “el que será costeado con el cuatro por ciento adicional, creado para ese fin por la nueva ley de Aduanas”.

Se constituyó una comisión encargada de percibirlos e invertirlos en dicho colegio, integrada por el vicepresidente Higinio Uriarte, don José Falcón, don José Segundo Decoud, don Benjamín Aceval y don Próspero Pereira Gamba, poeta y educador colombiano radicado en el Paraguay.

Cuando en abril siguiente fue asesinado Gill y Uriarte tuvo que asumir la primera magistratura, integró la comisión don Francisco Guanes. Como se ve, personalidades de primer nivel. Y con tales propulsores no había mejor augurio para una institución señera que, duele decirlo, en los últimos tiempos no ha logrado honrar tan auspiciosos inicios.­

Parlamentarios paraguayos

El gobierno del Dr. Eligio Ayala (1924-1928) dio gran libertad política. En esa época, se dictaron las leyes n.º 300 y n.º 702 de 1924, n.º 878 y n.º 929 de 1927 y justamente dentro de ese espíritu amplio y pluralista que prevaleció durante el gobierno de Ayala, se invitó a los miembros de la Asociación Nacional Republicana a retornar a la vida cívica legal de la que se habían apartado hacía muchos años, no participando de las justas electorales presidenciales.

No fue fácil la tarea, pues ello ocasionó serios conflictos entre los colorados, pues si bien algunos optaron por la aceptación de la invitación del gobierno ejercido por los liberales, otros rechazaron el convite. El sector participacionista se acercó al Gobierno, el cual accedió a sus condiciones, entre las que estaban la redacción de una nueva ley electoral. En el marco de este pacto, los colorados concurrieron a las elecciones parlamentarias de 1927 y las presidenciales de 1928 las primeras efectuadas en el Paraguay con más de un candidato y dos signos políticos.

El pacto se basó en la reforma electoral, la cual derivó en la ley n.0 929 de 1927, que estableció la proporcionalidad de la representación y cerró las listas de candidatos, permitiendo el acceso de los colorados desde ese año al Parlamento. En las elecciones parlamentarias de ese año, los liberales obtuvieron el 54 % de los votos; los colorados, el 32 %; mientras que los abstencionistas, liberales del llano e independientes sumaron un 13 % del electorado nacional.

En las elecciones presidenciales de abril de 1928, por primera vez en la historia política paraguaya, se enfrentaron en comicios dos fórmulas presidenciales: por el Partido Liberal (Radical), José P. Guggiari y Emiliano González Navero, y por la Asociación Nacional Republicana, Eduardo Fleitas y Eduardo López Moreira. La fórmula Guggiari-González Navero salió victoriosa con el 68 % de los votos, mientras que la oposición colorada se llevó el 32 % restante.

surucua@abc.com.py