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Ayer se cumplieron 400 años de la primera de las desmembraciones que sufrió la Paraquaria o provincia española del Paraguay, que ocurrió el 16 de diciembre de 1617, cuando el rey Felipe III de España decretó la división de la provincia gigante de las Indias en dos: Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, y Guairá, con capital en Asunción.

Cuando el emperador Carlos I de España otorgó los primeros adelantazgos y gobernaciones en sus dominios americanos, no imaginó la magnitud y extensión de aquellos territorios.

La que sería provincia del Paraguay fue, en su momento, un extenso territorio que abarcaba más de la mitad del continente suramericano.

Desde los primeros días del descubrimiento de los territorios del Cono Sur americano, en la cuarta década del siglo XVI y hasta finales de ese siglo, se ha dado un periodo de conquista y colonización del territorio.

El inicio del siglo XVII fue paralelo a la organización administrativa y policial de los territorios hispánicos en América y, a la vez, el declive de la importancia de la ciudad de Asunción como punta de lanza de la expansión e invasión hispánica en Suramérica.

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Desde Asunción, los españoles y criollos partieron a fundar ciudades al norte, este, sur y oeste, lo que le valió el título de Madre de Ciudades, y Amparo y Reparo de la Conquista…

Desde que hacia 1590 fue opacándose el sueño del oro, se apagaron los mitos y empezó a ganar fuerza la realidad. La Paraquaria era un extenso territorio rico en recursos naturales poco atractivos: selvas, ríos, praderas y sin el fulgor del metal ambicionado.

Solo quedaba poblar y, para ello, no bastaba solo con conquistar las tierras, sino el corazón de las mujeres americanas, lo cual dio lugar al surgimiento de una nueva etnia: la hispanoamericana, mezcla de mestiza y criolla.

La desmembración. Escribió el historiador Julio César Chaves: “Nubes al este y al sur anuncian tempestades, Asunción está descarnada, ‘pobre, flaca y miserable’. El aislamiento,… mal de la tierra, comienza a pesar en su contra. El hombre que ha vencido a la naturaleza y domeñado a la tierra tendrá que librar dura porfía con la distancia”, ese gran enemigo americano.

“Su voz no ha de oírse. Comienzan a jugar los factores. En el sur comprobamos que se ha cerrado el puerto de Buenos Aires por la acción nefasta de la burocracia española. El centro de gravedad se desplaza inexorablemente hacia Buenos Aires. Se va gestando entre sombras una división de la provincia que dejará al Paraguay sin puerto de mar. En el este se ha perdido para siempre el litoral atlántico…”.

Cada vez más la situación de Asunción iba empeorando. Encerrada en su geografía, tenía obstáculos por todas partes. Por una absurda medida no podía comerciar por el puerto de Buenos Aires, sino que debía de hacerlo con el Perú y por Potosí, único centro permitido para el comercio rioplatense, para lo cual había que cruzar desiertos y enormes distancias. Como paliativo estaba la posibilidad del contrabando o el comercio a menor escala permitido con el Brasil. No había reclamos o súplicas que valieran. Entonces, solo cabía el encierro en sí mismo y autoabastecerse ante las dificultades para acceder a los productos facturados en el exterior de sus comarcas.

Aun así, con un montón de peripecias de índole económica, el Paraguay fue sobreviviendo y forjando su condición estoica.

El gobernador Hernandarias vio las dificultades de administrar tan extenso territorio como lo era la provincia del Paraguay. Ya hacia 1579, el tesorero Montalto había sugerido a la Corona dividir la provincia en tres gobernaciones. Otros pedidos no tuvieron eco.

Varias amenazas tenía el Paraguay. Por el este amenazaban a la provincia los bandeirantes paulistas, y las grandes distancias dificultaban un auxilio pronto y eficaz a las poblaciones. Esa situación le llevó, en 1607, a sugerir al rey español la creación de una gobernación que abarcara las ciudades de Villa Rica del Espíritu Santo, Ciudad Real y Xerez.

La Corona pidió informes al virrey del Perú, quien sugirió se incluyera en la nueva gobernación la ciudad de Asunción. Si bien el proyecto de división fue archivado, en 1609, nuevos pedidos se hicieron a la Corona, hasta que, finalmente, tuvieron eco. Así, el 16 de diciembre de 1617, hace cuatro siglos, el rey Felipe III firmó la cédula real ordenando la división de la provincia, no como lo habían solicitado Hernandarias, Marín Negrón o el licenciado Francisco de Alfaro, profundos conocedores de la geografía y las condiciones de la provincia, sino como había sugerido el virrey del Perú, ignorante de la geografía, la realidad paraguaya, su economía, condiciones políticas y avatares ante los constantes ataques a su población dispersa en su amplia geografía.

Medio año después de la firma de la división de la provincia, el 17 de mayo de 1618, al terminar el mandato del último gobernador del Paraguay, entró a regir la medida real con la creación de las administraciones de la gobernación del Guairá, con Asunción por capital, y las ciudades de Xerez, Ciudad Real y Villa Rica del Espíritu Santo, y de la del Río de la Plata, con Buenos Aires por capital, y las ciudades de Santa Fe, San Juan de las Siete Corrientes y Concepción del Bermejo como partes integrantes.

“De este modo –dice Efraín Cardozo– quedó consumada la división de la provincia gigante en una forma como jamás lo había pensado Hernandarias ni nunca jamás lo hubiera prohijado”.

surucua@abc.com.py