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Época difícil

Tiempos difíciles le tocaron vivir a la ciudadanía paraguaya hace unos 120 años. En todo el Río de la Plata se declaró una tremenda depresión financiera que tuvo sus efectos sobre la economía paraguaya, al disminuir abruptamente la demanda de productos paraguayos en la región.

Aquella depresión económica repercutió en la capital paraguaya con una severa crisis bancaria, con la paralización de diversas actividades económicas, de las transacciones de tierras, una disminución del valor del peso papel. Hasta entonces se había vivido una época de abundancia que descansaba en la venta de tierras públicas, liberadas cinco años antes. Varios bancos, como el Nacional del Paraguay, y Del Paraguay y del Río de la Plata, se quedaron sin reservas metálicas y se vieron obligados a suspender la conversión de papel moneda a oro o plata. Para subsanar el estado de cosas, fue designado ministro de Hacienda don José Segundo Decoud, quien tuvo que tomar impopulares medidas de austeridad.

Ciudadano del Bicentenario

Muchos fueron los extranjeros avecindados en el país que sumaron sus esfuerzos en la construcción de nuestra República. Uno de ellos fue el periodista y educacionista Eugenio Bordas Barbier, oriundo de Cataluña, España. Hijo de un industrial textil, desde pequeño se dedicó a esta actividad y, luego, a formarse como contador público. Estudió, además, Filosofía y Letras, en la Universidad de Barcelona. Fue un verdadero políglota, pues hablaba, además del catalán y el castellano, latín, griego, hebreo, francés, inglés, alemán, italiano y portugués. Se dedicó al periodismo y trabajó en importantes editoriales españolas. Vino al Paraguay en 1893 y se dedicó durante dos décadas a la enseñanza de lenguas en el Colegio Nacional de la Capital, además de otras instituciones, como el Instituto Paraguayo, y varios medios de prensa. Volvió brevemente a su país, donde se doctoró en la Universidad de Madrid. Durante su estadía en Europa, pasó a París, donde dio numerosas conferencias en representación del Paraguay. De regreso al país, nuevamente se dedicó a la docencia y al estudio, escribiendo numerosos trabajos sobre filosofía, filología e historia. Don Eugenio Bordas fue el iniciador de su apellido en el Paraguay. Falleció en Argel, Argelia, a los 68 años de edad.

El primer mercado asunceño

Los payaguá proveían de bastimento a los asunceños de los primeros años de su fundación. El propio adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca cuenta que una vez que los españoles hicieron las paces con dichos aborígenes, estos traían carne de venado o de pecaríes del Chaco, además de pescados, grasa animal, tejidos, cueros de tigres, de antas y de reptiles.
Por su parte, los habitantes de Asunción (españoles y guaraníes) les daban maíz, mandioca, maní, o trocaban con arcos y flechas. Los payaguá, para realizar los "contratos comerciales", acudían "muy pintados y empenachados". Teléfono en Villa Rica

El 14 de octubre de 1914, la Comisión de Obras Públicas de la Junta Municipal villarriqueña otorgó una concesión a favor del señor Cándido C. Mármol para la instalación de una red y explotación del servicio telefónico en dicha ciudad, por el término de diez años, con exclusividad.

Para dicho servicio, se autorizó la instalación de teléfono Berliner, Brison o Lorena. Sobre la base de este servicio, años después esta concesión fue adquirida por don Carlos Camperi y, luego, adquirió la Compañía Internacional de Teléfonos SA (Citsa).

Accidente con suerte y escondido

Durante el Desfile de la Victoria, realizado el 22 de agosto de 1935, sobrevolaron las tropas desfilantes los pocos aviones que sobrevivieron a la contienda. En pleno vuelo, los Potez, el 11 y el 9, pilotados por los aviadores Luis Tuya y A. Fernández, se tocaron en vuelo durante el desfile, rompiéndose el empenaje de cola de uno y el otro, sufriendo la pérdida de la hélice. Ambos aparatos, en planeo libre, aterrizaron detrás del Seminario –que entonces era un descampado– sin mayores problemas. Hay que tener en cuenta que la guerra no había concluido con la firma de un Tratado, por lo tanto seguía pendiente la sombra de cualquier movilización futura si es que las negociaciones diplomáticas fracasaban. Por eso, por razones de seguridad, el accidente en el que se involucraron dichos aviones se mantuvo en el más absoluto secreto. Se alzaron los aviones en unos camiones y se llevaron a Campo Grande.