Héctor Da Ponte

Nació en Turín, Italia, en 1879. Fue un pintor que llegó a fines del siglo XIX y se dedicó a la enseñanza de las artes visuales en el Paraguay. Sus cuadros privilegian la hermosura de los paisajes y las escenas costumbristas locales. Aquí, una pincelada sobre su vida y obra.

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La poetisa, periodista y artista plástica Josefina Plá refiere en su libro Treinta y tres nombres en las artes plásticas paraguayas, que Héctor Da Ponte se formó en las academias italianas de provincia a finales del XIX. En estos institutos, decía Plá, “el impresionismo no penetraba sino muy tímidamente”. En definitiva, la escritora estima que la pintura, el tema y la forma, de la obra de Da Ponte llevaba la impronta predominante del academicismo posromántico.

Héctor Da Ponte había llegado al Paraguay en la última década del siglo XIX y durante casi 60 años fue parte del desarrollo artístico del país en los roles de artista plástico y docente de Bellas Artes. Su temática abarcó la representación de escenas épicas, campestres, el retrato de autoridades y de bucólicos paisajes de pueblos del interior de Paraguay, país que adoptó como segunda patria. Enseñó Dibujo desde 1904 en la Escuela Normal y se jubiló después de 30 años de actividad docente.

Jorge Báez, autor del libro Arte y artistas paraguayos, periodo renacentista (Editorial El Liberal, Asunción, 1941), sostiene que Da Ponte “llegó a nuestro país en plena juventud, edad esa en que otros europeos llegaban a América, como a la tierra de promisión o conquista. Vino contratado por el hoy desaparecido Instituto Paraguayo, juntamente con su finado hermano Alfredo Da Ponte, para dirigir cada uno, y por orden de referencia, las secciones de Dibujo y Esgrima del citado Instituto. Desde entonces el pintor turinés se vinculó con el cuerpo y el alma al resurgimiento espiritual de nuestra patria, llegando a ser uno de los primeros maestros de dibujo y pintura que tuvimos en la posguerra”.

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Héctor Da Ponte fue, junto con el francés Julio Mornet, fundador de una Academia de Arte en el Instituto Paraguayo, donde se formó toda una generación de plásticos paraguayos.

Pintó cuadros de inspiración local, tomados al natural o recreaciones históricas. Llevó óleos suyos a la Exposición del Centenario Argentino, realizado en Buenos Aires en 1910. Destaca Báez en su escrito: "Indubitablemente que los paisajes son los más interesantes en la pintura de Da Ponte. En ellos pone su excelente calidad de colorista y su equilibrado gusto estético. Sin embargo, parece que no le satisface el paisaje solamente como motivo, por eso le asocia con frecuencia escenas costumbristas para darle vida. Basta recordar al azar cualquiera de sus óleos más notables, para probar nuestro juicio. Valga para el caso ‘Pasito’ (cuadro que figuró en la Exposición del Centenario, en Buenos Aires), donde reproduce uno de los sitios más pintorescos de la bahía de Asunción. No obstante, el pintor quiso dar mayor tipificación al lugar y encaja en el paisaje, lavanderas en plena labor y aguadoras que transportan sendos cántaros en la cabeza y en los brazos".

Para algunos críticos, el haber retratado escenas de la vida diaria de aborígenes del Paraguay posiciona a Da Ponte como el precursor de la pintura indigenista.

Dinámico protagonista del movimiento de las artes visuales en Paraguay, Da Ponte participó en muchas exposiciones colectivas en el medio, especialmente en los llamados “Salones de Primavera” y realizó algunas exposiciones individuales. Se lo cita como organizador del Primer Salón de Bellas Artes en 1899.

Héctor Da Ponte fue un entusiasta maestro que inculcó a sus alumnos el amor a las artes. Según Josefina Plá, como los demás pintores de la época, Da Ponte experimentó los efectos del enclaustramiento cultural del Paraguay, “lo que impidió la ulterior evolución de su formación académica”.

Por su parte, Jorge Báez sostiene con convicción: "Héctor Da Ponte tiene derecho a la justa consideración de que goza en nuestro ambiente, y a la estimación que le guardan sus colegas. No ha acumulado bienes de fortuna, no; mas son contados los que le aventajan en goces superiores del espíritu; y menos aún en la gloria que él mismo se ha labrado en metal incorruptible". El pintor italiano falleció en Asunción, en 1956.

Señor de la pintura

El crítico de arte paraguayo Ticio Escobar dice en su libro Una interpretación de las artes visuales en el Paraguay que la obra de Héctor Da Ponte desarrolla un amplio espectro de temas, con “numerosísimos paisajes constitutivos del género predominante en la época; un naturalismo bucólico y la visión idealizada de un campo en el que los crepúsculos, los amaneceres y los plenilunios son los acontecimientos fundamentales”. Escobar cita que Da Ponte pintó retratos como el del presidente Emilio Aceval; gestas guerreras de vago sentimiento patriótico romántico como la Batalla de Curupayty, Los defensores de la bandera tricolor; escenas de costumbres locales como Vuelta de la fuente, Idilio campestre, El tropero, entre otros cuadros.

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