La verdad es que no existe un modelo único de sociedad, de pensamiento, de organización política y económica que resulte válido y exitoso para todos los habitantes del planeta Tierra. Es una equivocación pretender que todos los pueblos sean igualmente eficientes, racionales y organizados siguiendo las pautas del Norte rico y urbanizado. Se sigue el mito del progreso al que hoy se llama desarrollo. Aunque el clima corroa los motores de las máquinas, y el calor imposibilite los ritmos laborales y las dinámicas mentales, se presiona para instalar una forma de trabajo que no respeta nuestras costumbres ni la humanidad de nuestra gente. Considerando solo el lucro, se impulsan millonarios proyectos foráneos, para que todo el país se alinee ante una megaempresa industrial que ya no cuenta con la simpatía de los países más desarrollados, y es por eso que buscan países como el nuestro, vulnerables en su legislación, con gobiernos endebles y fáciles de derrocar.
La idea de que todo el mundo debe transformarse en una gran empresa industrial moderna se da de bruces con la realidad: masacres, excesos, guerras, nacionalismos, miseria, decadencia ambiental, ciudades que son grandes hormigueros humanos, donde las personas no son felices y sobreviven en temerosa docilidad, soportando la delincuencia desatada y la violencia callejera.
No estamos obligados a imitar a los grises, fríos y eficientes pueblos del Norte, semejantes a células nerviosas y cerebrales. La biodiversidad planetaria necesita que otros sigan siendo diferentes, románticos, indómitos y hasta perezosos cuando el calor aplasta. La sociedad que adora al dios Dinero impide que tomemos conciencia de que somos una comunidad terrestre, con fuertes vínculos de interdependencia que unen las diferentes realidades y sociedades de nuestro planeta. Tomar conciencia de que compartimos y habitamos una tierra patria planetaria es el acontecimiento clave que puede permitirnos superar la barbarie y hacernos comprender que el destino de la humanidad nos lo jugamos colectivamente. Más allá de enfrentamientos ideológicos de izquierdas y derechas, de Norte y Sur, de Este y Oeste. De pobres contra ricos, de poderosos contra humildes.