LA CANASTA MECÁNICA

Este artículo tiene 12 años de antigüedad

Me da gusto pensar que las ideas ilustradas son un aporte burgués. A lo mejor esta ocurrencia mía es un poco para pichar a la gente que odia a la burguesía nomás.

Cuentan que la Ilustración que se desarrolló en el siglo XVIII incluía una gran mezcla de personas e ideas de la más increíble diversidad. Materialistas, ateos, creyentes, idealistas, dogmáticos y escépticos, moderados y esotéricos… las ideas básicas que aquellas mentes produjeron superaron el paso del tiempo y siguen teniendo vigencia. Quizás el legado más importante de aquella burguesía pensante sea su visión de universalidad, que nació con los fines altruistas de incluir en la vida del bienestar y el conocimiento a todo ser humano, sin distinción de clases sociales ni de niveles económicos o culturales. Sin buscar confrontaciones.

En La Sociedad del Bien y del Mal, Climentdurand escribe: “Las ideas esenciales de los burgueses ilustrados se centran en el ser humano, que se convierte en el centro de atención de todos sus pensamientos”. Así lo dice Condorcet, cuando se refiere a Voltaire como el primer filósofo que, al tomar como modelo al simple ciudadano, lo hace con la intención de valorar los intereses del ser humano en todos los países y en todos los tiempos, alzándose al mismo tiempo contra todos los errores y contra todas las opresiones de que ha sido objeto en cualquier lugar o en cualquier tiempo. Por tanto, “las ideas burguesas ilustradas europeas se mezclan y se confunden definitivamente con las de toda la humanidad. Tienen un carácter expansivo porque se pretenden comunes a todas las personas, y devienen así universales tanto en el tiempo como en el espacio”.

Ahora voy a referirme a ciertas mentes de nuestro tiempo, que, en función del odio a sus semejantes, intoxican la vida y el pensamiento. Sea por su rigidez de ideas o por su delirante e inútil erudición, estas cabezas se delatan por la práctica de una actitud chatarra, lo que hace que sus ideas en vez de resultar creativas o revolucionarias sean destructivas y pateadoras.

Quieren patear abajo todas las estructuras, sin disponer de la mínima idea de qué hacer con los restos y pedacitos de la demolición. Es agobiante la rabiosa bronca cuando se les da por patear contra la burguesía. Se jactan de odiarla, pero aceptan los mendrugos en forma de salario, con los que la burguesía compasiva les compra sus farragosos alegatos y amonestaciones. Cero escrúpulo.

El sueño oculto de quienes abominan a la burguesía es llegar alguna vez a formar parte de su casta intelectual, a la que consideran infame. Supongo que deben saber lo que afirman las huestes del pensamiento socialista izquierdoso: sostienen, casi como un dogma, que todo burgués es capitalista. Por supuesto que también existen incautos que piensan como capitalistas y no son burgueses. Y algunos punk zurdos dicen que todo capitalista es potencialmente fascista… pero el fascista por obra de su doctrina no llegará a ser burgués.

Dialogar sobre conceptos sicoanalíticos y bandas de rock no es de por sí suficiente para sentirse excluido del burguesismo masivo de nuestro tiempo. Curtir un aspecto punk antisistema no es antítesis de burguesía, porque punk y burguesía ya tuvieron vida carnal en los campos semánticos y del consumismo.

Como alguna vez lo confesé con alegría, provengo de una familia acomodada intelectualmente, en la que a veces no había mucho para alimentar el cuerpo, pero habían libros que llenaban de satisfacción la mente y el alma. Nos enseñaron a amar al prójimo, a ayudarlo cuando lo necesita y a evitar el odio y la envidia. Si eso me convierte en burguesa, pero qué feliz me siento.

carlafabri@abc.com.py