LA CANASTA MECÁNICA

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A veces me interno en la historia antigua y encuentro joyas legendarias que, a pesar del tiempo, tienen increíble actualidad. En este caso, se trata del discurso de Calgaco, caudillo britano (picto) que arenga a su tropa antes de la batalla del monte Graupio, combate crucial contra el ejército del Imperio romano, en el año 84, según el relato de Tácito. No sé si tiene gracia aclarar que cualquier parecido con algún imperio actual es pura casualidad.

Un extracto del discurso de Calgaco dice, refiriéndose a los romanos: “Saqueadores del mundo, escudriñan el océano ahora que ya se han quedado sin tierras que devastar. Si el enemigo es rico, quieren su riqueza, y si es pobre, quieren oprimirlo. A la rapiña, el asesinato y el robo le llaman imperio y después de arrasarlo todo le llaman paz. Ni oriente ni occidente han podido saciarlos: ellos desean la riqueza y la pobreza con la misma intensidad. Robar, masacrar, arrebatar, esto es lo que llaman autoridad, y devastan territorios para establecer la paz”.

En aquellos tiempos, como la mayoría de los pueblos del norte de Europa, los pictos eran agricultores que vivían en pequeñas comunidades. El ganado y los caballos se consideraban un signo de riqueza y prestigio. La mayoría tenía ovejas y cerdos, que había en cantidad.

Libertas (libertad) es el gran lema del Imperio romano, al cual Calgaco se opone categórico; advierte la amenaza de convertirse en seruitus (siervos), enfatiza con su sinónimo, famulatus, e incita a su gente: antes morir que convertirse en esclavos de los romanos.

Los pictos eran una colectividad brava e indómita. Al formar parte de la civilización celta, la literatura y el cine aportaron muchos guiños sobre su apariencia, costumbres y modos. Se los describe como pelirrojos, delgados, pintarrajeados de azul, con sus cuerpos tatuados iban desnudos y acudían al combate en familia. También usaban velas teñidas de azul en sus barcos y sus carros de guerra eran todo un desafío para un ejército de infantería como el romano. Su lucha en la pelea consistía en atacar y luego huir en retirada. La mayoría de los estudiosos concluyen que eran de origen celta, ya que es sabido que practicaban una religión druídica.

Culmino con la réplica del imperio, que Tácito atribuye al general romano Petilio Cerial, quien dirige sus palabras a los prisioneros tréviros y língones, a quienes ha derrotado en Tréveris, durante la fase de liquidación del Rin, en el año 73.

En este mundo actual, sin ideales ni compasión, no puede haber indiferencia hacia el antiguo tópico antirromano de la codicia. La alternativa a esa situación no es un gobierno de personas desprendidas, sino, sencillamente, otra guerra por el oro; otros vendrán a ocupar el lugar de los romanos. ¿Son preferibles?

De esto último, no sé qué piensa la persona que lee. A mí me parece descarado, desgraciado y premonitorio.

carlafabri@abc.com.py