LA CANASTA MECÁNICA

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LECTURAS Y LEYENTES.- Están los que escriben libros de autoayuda y están aquellos que los leen. Están los que dicen que escriben o quieren escribir libros serios que casi nadie lee, y tal vez por eso odian el éxito de los libros de autoayuda. También existen snobs que se sienten superiores cuando hacen un gesto de asco ante el solo nombre de Paulo Coelho. Tampoco faltan quienes eligen un libro que consideran el mejor porque suponen que podrían haberlo escrito.

Una alumna le dice a su profesora que le aburre cierto escritor. La docente le indica que lo lea hasta que le guste. Borges dice que la lectura debe ser un placer, una forma de felicidad y no una obligación. Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas.

Si las librerías tienen sus estantes llenos de libros de desarrollo personal, es porque la gente está vulnerable y necesita un poco menos de agresión. Cansa la catarata de denuncias que no tienen respuesta ni solución.

Mientras el lector común elige un libro de autosuperación, el intelectual serio se refugia en la manada que lo alienta y le da una vaga ilusión de poder.

Al lector de Paulo Coelho y Osho, al igual que al lector de Marx, Freud y Nietzsche los mueve la certidumbre humana de llenar un vacío de saber, que, por otra parte, es también el terror a la incertidumbre en la mayoría de los casos. Lo lamentable suele ser la tendencia al regodeo soberbio que dan un par de certezas ya aprendidas o recién llegadas.

Por eso, siempre es preferible conservar alguna cuota de escepticismo, porque si no se emplea un mínimo de escepticismo y se adopta una credulidad absolutamente destrabada, se está a un paso del fundamentalismo.

Al final, todo es una cuestión de amor. Unos aman la sabiduría basada en la lógica y otros aman la sabiduría perenne basada en la experiencia de la tradición.

En el siglo XI, el poeta persa Omar Khayyam decía: “El mundo es un grano de polvo; los pueblos, los animales y las flores de los siete climas son sombras de la nada”, enfrentando a la actual definición del universo en el que “todo es consecuencia de la nada”.

Los más recientes avances de la física mencionan que, a nivel atómico, el mundo material es vacío en realidad y que los átomos de los que estamos hechos no son de nuestra propiedad exclusiva, que en otros tiempos pudieron dar forma a una planta o al brillo de alguna estrella. ¿No es esto una versión de la creencia en la reencarnación?

Siempre estamos en la víspera de un nuevo paradigma. Abrir ventanas hacia otros cielos suele ser tarea de herejes.

carlafabri@abc.com.py